SE
RUEGA TOCAR
España, que podría caer en la
argentinización, es ya miembro de pleno derecho de los países italianizados,
hasta el punto de que de lograr Cataluña su plena soberanía albano-andorrana, nuestro
país debería plantearse una confederación con los lombardos. No somos Argentina
pero estamos en ello, con una sociedad que culpa a los políticos de todos los
males de la patria pero en la que muchos ciudadanos no asumen responsabilidades
individuales. Cuando por boca de Soraya Sáenz de Santamaría el Gobierno anuncia
que le ha llegado la hora a los políticos y que hay que modernizar la
Administración y evitar duplicidades, los mismos indignados que claman contra
la casta política, que desearían estar gobernados por un cómico a lo Beppe
Grillo antes que por Churchill, ponen el grito en el cielo porque se ataca a
“lo público”. Como si los más de 37.700
millones de euros que el Gobierno pretende ahorrar eliminando duplicidades no
sean un agujero negro causado por treinta años de políticos sin embridar y un
ataque a lo más público entre lo público: las arcas de todos. En lugar de defender
lo público evitando su aniquilación por inanición y desde la prudencia, hay una
masa social muy llamativa que defiende “lo público” como si las cosas fueran
gratis, y como si “lo público” de hoy fuera perfecto, ya que aparte de chillar y
ponerse camisetas de colores su única propuesta es no tocar lo existente. Lo
existente nos ha llevado a la italianización en la que estamos, al
descreimiento total sobre la clase política y las instituciones, algo nocivo
pero mejor que la “argentinización” que pretenden algunos desde la
sacralización de la irresponsabilidad individual y de un peronismo ibérico bajo
el viejo lema de que todo círculo político es antipopular, y por lo tanto, no
es peronista, o el aún más terrorífico "Al amigo todo, al enemigo ni
justicia". Abundan hoy guardianes de “lo público” y adalides de “lo
progresista” que no son menos rancios y conservadores que un cartel de “se
ruega no tocar” en las salas de las momias egipcias del Museo Británico. Entre la
deslegitimación de las instituciones a la italiana o la total deserción de
responsabilidades civiles a la argentina nos debatimos. La diferencia es la que
hay entre la posibilidad de cambio o una sociedad siempre impune. A Fernández
de Kirchner sólo le ha sido impuesta la pena de soportar esporádicamente conferencias
de Garzón, pena no por pesada insuficiente, mientras que a Berlusconi le han
metido un puro tres juezas italianas por algo tan hispanoitaliano como un “no
sabe Ud. con quién está hablando.”.
La
reforma de la Administración planteada por el Gobierno es mejorable, discutible
y debe ser objeto de consenso entre partidos. Pero lo que no puede negarse es
que hace falta una reforma profunda, con vocación de permanencia y definida en
un marco legal claro, practicable e igual para todas las Administraciones del
Estado que tenga como filosofía liberar a los ciudadanos de la pesada carga que
en estos momentos tienen que soportar como consecuencia de que el edificio de
la Administración pública ha sido edificado bajo caprichosos principios de
satisfacción política y no de eficacia ni satisfacción al ciudadano. Es
paradójico oponerse a su reforma desde posiciones “anti-políticas” cuando los
excesos del sistema son pura grasa política. No obstante, el principal enemigo de
una Administración pública eficiente y al servicio de los ciudadanos está en
las comunidades autónomas, responsables de más del cincuenta por ciento de las
ineficiencias e ineficacias de la Administración, y que construidas y
desarrolladas al ritmo de las necesidades de los partidos políticos, con
hechuras y parámetros de reinos de Taifas, y preocupadas durante años por
competir en competencias para tener las mismas o más que el vecino, han acabado por crear en si mismas estructuras
de poder en la que los partidos políticos han nadado como pez en el agua. La
actual España autonómica es un inmenso aeropuerto federal sin aviones y una
enorme universidad de Babel que ni aparece en el ranking de las mejores 200
universidades del mundo. Pero a ver quienes son los guapos que le quitan ahora
la agencia catalana de meteorología al partido de los Pujol bajo el riesgo de
que la Agencia Estatal cometa errores con el tiempo en Zúrich, tan frecuentado.
Después de los análisis, estudios de viabilidad y sesudos informes el Gobierno
tendrá que hacer cumplir la norma al resto de Administraciones, y eso requiere
capacidad para hacer política y mucho desgaste. Mi abuela María, sabia y de La
Cartuja, valga la redundancia, decía eso de que es más fácil vicios no dar que
vicios quitar.
Víctor
M. Serrano Entío. Abogado.
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