martes, 8 de julio de 2014

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lunes, 7 de julio de 2014

¿¿¿EL FIN DEL BIPARTIDISMO???


¿BIPARTIQUÉ?

            De los mismos creadores de “La Casta nos asfixia” llega a sus pantallas “el fin del bipartidismo”. Próximamente en sus urnas. O no. No se sabe. Todo es lo mismo y nada es igual. Y yo pregunto ¿qué bipartidismo? ¿realmente hemos tenido un sistema bipartidista en España? Pues depende, cualitativamente no. Cuantitativamente, y si esto del bipartidismo va a peso, a tanto el kilo de diputado y uno más uno dos, puede que sí, aunque tampoco está nada claro en un país en el que PP y PSOE han hecho lucha política hasta de la aplicación de la ley de la gravedad. El caso es que la moda “opinativa” imperante da por hecho que en España ha habido bipartidismo y que el bipartidismo es el caldo de cultivo de una pinza asfixiante, un lobby, una casta instalada. La causa de nuestros males. Somos unos ciudadanos ejemplares y una sociedad modelo. El bipartidismo es nuestro mal. La corrupción es culpa del bipartidismo. La crisis económica, el desempleo, la pérdida de la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, la extraordinaria dimensión del Estado y el descenso en la producción de espermatozoides en el varón parecen también ser culpa del bipartidismo.

            Bipartidismo y consenso son sinónimos. El único país con toda una tradición política en torno al bipartidismo es Estados Unidos y mal del todo no parece que les vaya. Allí, cuantitativamente hay dos partidos hegemónicos en sus respectivos espectros ideológicos y son rivales. Pese a ello, el bipartidismo ha funcionado como un resorte fundamental en la toma de grandes decisiones para la nación. La política exterior norteamericana, por ejemplo, es fruto del consenso y la colaboración entre Demócratas y Republicanos, o sea, del bipartidismo. En España no ha habido bipartidismo; en todo caso lo que ha habido es alternancia, pero la diferencia entre alternancia y bipartidismo es la misma que va de Cánovas y Sagasta a Reagan y Clinton. Además, el bipartidismo ha tenido otro efecto deseable en EE.UU: durante los últimos cincuenta años el Congreso ha alcanzado una serie de consensos que han hecho de poder controlador del Gobierno federal, y que han servido, por ejemplo, para limitar la capacidad del ejecutivo para modificar el tamaño o la distribución del gasto publico. Es decir, gracias al ejercicio bipartidista, el legislativo no ha sido mero palanganero del ejecutivo, como sí ocurre en España. Soy consciente de que en estos momentos negar que en España haya habido bipartidismo es tan temerario como defender, para más inri, que de haberlo habido las cosas podrían haber ido mejor. Apelo a la bondad de los lectores, a su indulgencia y a los recortes en la sanidad pública para que el Estado no proponga de oficio mi internamiento psiquiátrico. Ha nacido antes la crisis del bipartidismo que el bipartidismo. Le ha pasado lo mismo en España al bipartidismo que a la pesca masiva de ballenas, tan denostada en La Cartuja.

            La moda se impone en la política tanto como en la costura. Hasta hace nada, tres telediarios, todos los bienes de la patria podían condensarse en un palabra: consenso. Los problemas de España hasta anteayer se debían a que no se alcanzaban consensos entre los grandes partidos. Hay tanta leyes educativas como ministros de educación ha habido. En política exterior nos vamos de alianza de civilizaciones y volvemos. No se han alcanzado consensos en leyes fundamentales -como la ley del aborto- y no digamos nada en políticas energéticas o sobre la propia configuración del Estado. En el Congreso de los Diputados, grupos políticos minoritarios, casi anecdóticos, han marcado el paso de todos los gobiernos sin mayorías absolutas. Lejos de existir una apisonadora PP-PSOE, ha habido abuso del poder de las minorías -nacionalistas y no-, poder que les ha venido dado precisamente por la falta de consenso y acuerdo entre los dos grandes partidos. ¿Dónde queda aquí el bipartidismo? ¿Si llega un tercer partido ya tendremos tripartidismo?.  Hablar del fin del bipartidismo es una moda. Una moda impuesta por aquellos que han llegado desde los límites de la democracia para incorporarse a ella. Políticos que ya no son ajenos al sistema con patente de corso para bautizar como casta todo aquello que se opone a sus viejos planteamientos soviéticos rebozados en red social.

            Desde que Romanones dejó dicho que para triunfar en política había que ser alto, guapo y abogado, la moda ha ido cambiando. La alta costura es clasista, rancia y socialmente ofensiva y lo que mola es el mercadillo de segunda mano, con prendas viejas tan de segunda mano como las ideas soviéticas de Podemos. Se lavan y quedan como nuevas durante unos días. Pero son viejas. Si el instrumento que va a acabar con el bipartidismo en España es el fenómeno Podemos, una moda post-underground por su difusión en redes sociales (que sería underground si siguiera difundiéndose en la imprenta), auguro que la muerte del bipartidismo a peso va a llegar en las elecciones municipales de dentro de once meses, ya veremos si llega cadáver a las generales y en cualquier caso resucitará después de ellas. Dependerá de si el PSOE sabe desprenderse de la respiración asistida y de si alguien en el Partido Popular se entera de que lo que está pasando también va con ellos. Lo que parece evidente es que en momentos de desapego ciudadano con las instituciones y con los políticos es cuando más falta hacen la estabilidad, el consenso, la  altura de miras y el abandono de posiciones preconcebidas. Eso, exactamente eso, es lo que representa el bipartidismo que no hemos tenido, porque el problema en España no ha sido el bipartidismo sino el partidismo. Uno a uno. Individualmente, PP y PSOE se han preocupado más de sus estrategias electorales que del país desde que se produjo la anomalía del advenimiento accidental-pero-legítimo de Zapatero. Solo el PP puede destruir al PP y solo el PSOE puede destruir al PSOE.

            La verdadera evolución política del país pasa por que los ciudadanos reforcemos las posiciones más moderadas y tolerantes, las que nos permitan avanzar sin perder de vista la convivencia. El centro derecha y el centro izquierda son las dos posiciones ideológicas más lejanas al radicalismo extremo, y por lo tanto tienen futuro. Y si esas posiciones ideológicas vienen reforzadas por partidos políticos fuertes, aún mejor. El verdadero cambio en la política española no va a venir dado por Podemos, que es algo mucho más efímero que el PP o el PSOE, una marca de descontento magistralmente dirigida, sino por el fin de las inercias. Los ciudadanos hemos dejado de votar por inercia a los partidos que tradicionalmente han representado nuestras posiciones ideológicas. Si el PP y el PSOE quieren seguir siendo primordiales o se regeneran o desaparecerán y su espacio lo cubrirán otros. El inmovilismo del PP inmoviliza a la sociedad tanto como el nerviosismo en el PSOE inquieta al país. Si no aciertan desaparecerán pero su espacio lo ocuparan otro u otros partidos hegemónicos en el espectro del centro derecha y el centro izquierda. Ya tuvimos un mapa político variopinto con más partidos que ideologías y fue precisamente la normalidad la que simplificó e impuso un sistema político con menos partidos. No me atrevo a decir qué está más cerca, si el bipartidismo real que surja de la necesidad -tras el caos de un par de elecciones en el frenopático- o la muerte del bipartidismo que nunca existió. Tal vez haya vida sólo después de la muerte. En ese caso, siempre podemos encargarles la redacción de una nueva Constitución para lo que quede de España a Iker Jiménez y sus amigos del misterio.

Víctor Manuel Serrano Entío. Abogado.

TAMBIÉN EL SINDICATO


TAMBIÉN EL SINDICATO

La lucha sindical se viste con traje de soldador. Recubierta de amianto es ignífuga. UGT de Andalucía se ha rociado con la gasolina del escándalo a lo bonzo pero aún no arde. Los partidos son las únicas estructuras del sistema en las que ha aparecido tanta corrupción como en los sindicatos pero el clamor ciudadano contra la casta aún no mete en el mismo saco a los devoradores del langostino sindical, al menos de momento.

El escándalo de UGT-Andalucía con el caso de los cursos de formación es mayúsculo. Por sí mismo y por acumulación. Decenas de millones de euros malversados, que se dice pronto, y eso que la instrucción de este nuevo escándalo acaba de empezar. Para colmo, la cara del sindicato ya no se lava con solo injuriar a la juez Alaya, la de los ERE, porque el juez instructor es otro. Al nuevo juez tampoco tardarán en ponerle silicona en el candado de su honestidad, pero ya no cuela. Hasta Susana Díaz quiere que la Junta de Andalucía se persone en la causa como perjudicada y quiere que sus técnicos le pongan una cifra al fraude. A ver con qué cara sale Cándido Méndez a hablarnos de los trabajadores poco cualificados y sus minisueldos, del sufrimiento de la clase obrera que no llega a fin de mes o de las cifras del desempleo de los más débiles, los que no tuvieron oportunidad de formarse, cuando alguno de los suyos se ha estado puliendo la pasta de nuestros impuestos destinada a formar trabajadores. Cubatas y barra libre en la Feria de Abril, y acabada la Feria de Abril, sigue la barra libre. Ahora que Cándido Méndez ya tiene a su bárcenas, que se llama Fresneda, o sea, un ex tesorero que va caminito de Jerez, todo sea dicho salvando los presuntos debidos, a ver cómo explica a los sindicalistas de toda la vida, hoy jubilados que pasaban la taza de aluminio por los barrotes de Carabanchel en los setenta para abstraerse del sufrimiento de sus familias, que el único peligro serio que corre ahora un ugetista andaluz es un aumento irracional del ácido úrico. Cándido, entre trasnochado y vencido, acusa de aviesas intenciones y culpa a la Guardia Civil pero no se da cuenta de que algunos de los suyos nos han robado hasta la poesía lorquiana. No hay quien haga un verso agrio contra la Benemérita porque la UCO es ahora la decencia en la lucha por la defensa de los trabajadores/contribuyentes. Las sedes del engaño están libres de puertas gracias a los de verde. Ya no hay capas ni relucen manchas de tinta y de cera, ni tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras. De plomo solo es la jeta de los del bricolaje de las facturas, las fotocopias de corte y confección y los cursos de engaño y estoque de madera. 

Nicolás Sartorius, de toda una generación de izquierdas que ha vivido como si fuera de izquierdas, tiene dicho que no hay forma de vencer en una huelga indefinida. La UGT-A está en huelga indefinida de sí misma. Como ocurre con los partidos, los sindicatos forman parte esencial del sistema democrático y su papel es fundamental e indispensable. Pero del mismo modo que no cabe amparar la corrupción política bajo el pretexto de que la política y los políticos son la esencia de la democracia, no cabe mirar para otro lado con respecto a la más que evidente corrupción sindical en Andalucía -lo de los ERE va por los 1500 millones de euros- por mucho que la defensa de los trabajadores sea la esencia de una sociedad libre y más justa. Precisamente por el papel primordial que representan los sindicatos en la defensa de los trabajadores es necesario, también en este ámbito, una profunda regeneración de un sistema que se ha mostrado ineficaz en la formación de trabajadores, ineficaz como arma contra el desempleo y, lo que es aún peor, cuya legitimidad en el desempeño de su papel está en entredicho cuando lo que se percibe es que por encima de la defensa de los trabajadores están los privilegios de casta. Y lo mismo, por supuesto, puede aplicarse a las organizaciones empresariales, todas dependientes de la subvención.

Sabemos que el país está cambiando aunque no hacia donde. A diferencia del periodo abierto en la Transición, son muy pocos quienes están dispuestos a dar un paso. Hasta los que tendrían que hacer la revolución social en Andalucía están dale que te pelo a la gamba. La cosa queda más visible que nunca cuando pasamos del mecanismo general de la manufactura del que nos hablaba Marx en El Capital, al mecanismo general de la factura, del que nos habla la UCO en un informe demoledor contra el sindicato. De las barricadas a las mariscadas. De cómo formar a cómo forrarse. Al infierno se va por atajos, como canta Sabina. Mendez no dimite.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

sábado, 21 de junio de 2014

CABEMOS TODOS

CABEMOS TODOS

En el beso al aire de una Reina madre hacia su hijo recién proclamado Rey queda condensada la estética de la monarquía parlamentaria del siglo XXI. Luego, en el primer discurso, oímos al Rey hablar de honor y responsabilidad, de esperanza e Historia, de unidad frente a uniformidad, pero ese beso al aire, que es el que lanzan las madres cuando ven a sus hijos lejos desde muy cerca, cuando se dan cuenta de que el hijo ya no les pertenece, institucionaliza que los rancios corsés ya no existen. Asistimos a una monarquía renovada para un tiempo nuevo, nos dijo después el Rey. En su discurso, nada encorsetado pese al rigor del entorno, se adivina ímpetu en pos de la renovación más urgente, que es la generacional. Desde su fe en la unidad de España, el nuevo Rey nos dice que aquí cabemos todos y que la democracia parlamentaria no se agota en esta Constitución. El Rey teatraliza su estreno actualizado y sincronizado con su tiempo, y sabe que nada tiene ganado si no es ejemplar en el desempeño de la Jefatura del Estado. Si consigue que los españoles lo perciban como un hombre de hoy sin los privilegios de ayer, que trabaja por España, no habrá nada más anacrónico que Urkullu y Mas negándole el aplauso, dos que no entienden su papel institucional y a los que la comparación con el nuevo Rey ya les convierte hoy en políticos viejos prematuros. Ha bastado la nueva imagen de un nuevo Rey para que determinada casta política sea hoy muchísimo más vieja que ayer. Felipe VI recuerda que ya nos dejó dicho Cervantes por boca de Don Quijote que no es un hombre más que otro si no hace más que otro, que es la versión literaria y castellana de la aragonesa fórmula de los Fueros de Sobrarbe: “¡Señor! Nos que somos tanto como vos, pero juntos más que vos…”. El Rey liderará a una nueva generación cuyo principal reto es el de que quepamos todos. Sabe que sólo juntos podemos seguir siendo una gran nación.

En las crónicas y en las peluquerías se señala que este Rey es el primer Rey constitucional, lo que significa que es una de esas pocas veces que la Historia de España no nace de una boda o de un funeral, de la asonada de un cuartel o de la revolución de una mina, y a eso venimos a llamarlo normalidad. Pero no es normal que sea el Rey el que trate de poner al país en hora con su tiempo, el que evidencie la urgencia de un cambio de rumbo hacia un país más amable con sus ciudadanos y el que ponga en pie en la alfombra del Congreso y para exposición pública las estatuas de los riesgos de la nación. El Rey no olvida la tradición histórica (“la humanidad no se entiende sin la Historia de España”) pero la entiende no como mero relato y exposición de acontecimientos, como Herodoto, sino como anclaje para un motor de cambio y futuro.

En este extraño país nuestro, la revolución pendiente es fundamentalmente generacional y en lugar de nacer en las calles, en los bares y en la cola del paro la ha parido el Rey saliente. Ahora se impondrá la ley de la gravedad y la renovación caerá de arriba a abajo o el país saldrá en globo. Andy Warhol hizo de la manipulación fotográfica toda una categoría estética, y décadas después Obama y otros se hicieron un “selfie” en el funeral de Mandela para dejar constancia de que el emperador no tiene modales y de que la Historia de hoy no se escribe, se fotografía, y por lo tanto no nace de los Tratados sino de los gestos. Ya sabemos que el Rey reina pero no gobierna, como nos recordó ayer Rudi probablemente por aquello de que ella reina y gobierna y no quiere competidores, pero la forma de gobernar que hoy se impone en el poder político es la del no gobierno, así que no dudo de que con prudencia, lealtad, esfuerzo y discreción el Rey puede realizar una labor esencial en los próximos e inmediatos años de vida de España. La tarea es difícil, la moderación de los radicales todo un reto, y por si alguien tenía duda de que se han echado al monte Artur Mas, que es el que la paga en la gallinita ciega, no sólo no aplaudió sino que no se enteró de nada, porque tiene el fatalismo del que niega el pasado y niega el futuro. Si alguien puede cumplir hoy la función moderadora de una monarquía constitucional ese es el Rey Felipe VI. Antes, y en corto espacio de tiempo, debe ganarse la confianza del día a día. Necesita felipistas. Lo tiene más difícil que su padre y la clave del éxito de la gran nación española está en que la clase política y dirigente no le deje solo ante la reforma y la reconstrucción. El gran éxito del discurso del Rey es que sabemos que no se olvida de nadie y que sabe cuales son los retos.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

SUSANA SOLO HAY UNA

SUSANA SÓLO HAY UNA


El PSOE está encaramado al árbol de la incertidumbre. Todos desde ahí querían divisar la llegada de Susana Díaz y había ya codazos para coger buena rama. Cuando un político saca los codos es que alguien de los suyos se va a sacar un “selfie” con el poder y hay que abrirse hueco para ocupar los ángulos. El coche oficial de Susana ha pasado de largo con las ventanillas cerradas y ha dejado una estela de gasoil y suficiencia. La cosa tiene algo de Bienvenido Mr. Marshall con la diferencia de que en lugar de queso amarillo para repartir en las parroquias de postguerra Susana Díaz traía la naturalidad y el frescor a Ferraz; ahora queda todo aplazado y pospuesto por la incertidumbre. Susana Díaz se ha dejado querer mucho, recreándose con la perplejidad de quien no esperaba tanto afecto incondicional. Tras consultar con “los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía” ha tomado la decisión de posponerse a sí misma, y con ella, queda pospuesta la verbena y el apoteosis. Rubalcaba, que como maestro de ceremonias tampoco resulta, siempre podrá alegar que la proclamación de Susana por aplausómetro era una cosa más de los barones que suya, así que no hace falta que salga al balcón de Pepe Isbert a decir eso de "como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a dar.". Alfredo estaba escribiéndose el discurso magnífico del miércoles en las Cortes.

     
La figura pública de Susana Díaz crece como la espuma. Seguirá ascendiendo porque Susana tiene muy alto el nivel de exigencia para con los demás y fe en sí misma. Sus detractores y otros odiadores oficiales dicen que no tiene curriculum, como si abundasen los curriculum en la iberia política o, por ejemplo, en su oponente popular en Andalucía, Juanma Moreno, el chico que presume en las entrevistas de haber trabajado dos meses de motero en telepizza. A los personajes de una representación teatral hay que contextualizarlos siempre con el tiempo y el espacio, y sería injusto empezar por exigirle a Susana una licenciatura y diez años de ejercicio profesional en algo. El caso es que Susana Díaz tiene un affaire con los focos. Si se postula desde el silencio, tiene el foco. Si se descarta, el foco es suyo. Tiene la fuerza comunicativa que solo puede tener una andaluza. Tiene algo de talento en bruto y mucho de oportunismo u oportunidad, según. Hay quienes le acusan de tactismo por abdicar la Secretaría General del partido en este momento en el que ya han abdicado Rubalcaba, López, Navarro y la mitad de los votantes del PSOE. Acusar a un político de tactismo o de ambición es como acusar a Rostropóvich de tocar muy bien el violonchelo porque usaba un violonchelo. Susana Díaz ha demostrado que sabe manejar los tiempos en política, que tiene paciencia y edad para esperar y que si para 2016 fracasan los madinismos u otros experimentos por venir –lo cual es muy probable- vendrán desde Ferraz hasta la calle de San Vicente en Sevilla para saltar la valla y conducirla hasta un Congreso. Para eso faltan dos años y a saber cuantas más abdicaciones.

El mensaje de Díaz cala en la gente porque es un mensaje sencillo. A veces demasiado previsible y algo demagógico y peronista, pero ella tiene la virtud política de hacerlo creíble. Oyes a Susana decir que el PSOE es el partido de la gente normal que ha hecho casi todas las cosas en España y no solo te lo crees sino que además no reparas en que a veces también ha desecho algunas otras. En estos días de reescrituras y relecturas interesadas, se agradecen las obviedades previsibles de la Presidenta de Andalucía, sobretodo cuando dice que trabaja para que Andalucía siga contribuyendo a la estabilidad del Estado. Urge la Revolución de la vuelta a la normalidad y la Presidenta dice las cosas previsibles que debe decir una socialista. Si llega Madina u otro para romper la tradición de un PSOE socialdemócrata de clase media, cómodo con el Rey, el IBEX, el sindicato y la casa del pueblo, es cuestión de tiempo que el PSOE se lance de nuevo a los brazos de Susana Díaz, la mujer del discurso sencillo que conecta con la calle y con los valores de un PSOE esencial en estos años de democracia en España. En política siempre hay trenes que vuelven a pasar. Salvo que algún Alberto Sotillos u otro milagro lo remedie, pero no hay síntomas. El país está cambiando, aún no se sabe hacia qué ni hacia dónde, y las subdirectoras y los directores de los periódicos nos piden el esfuerzo del análisis pero sólo podemos ofrecerles el voluntarismo de la adivinación, con sus riesgos evidentes.


Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

viernes, 6 de junio de 2014

COSAS DE CASA

Un padre es siempre un padre, incluso cuando es padre político, o sea suegro, y aunque la política siempre matice el cariño. El amor y la amistad, los únicos sentimientos profundos del ser humano junto al odio, se llevan mal con la táctica y peor con la estrategia. Esta noche en vela -en la que Cayetana y Manuel me han estado pidiendo agua para cumplimentar el ceremonial de una infancia que necesita rehidratarse a las cuatro de la mañana como si acabara de salir de cenar anchoas de Santoña con Miguel Ángel Revilla- he comprendido que las cosas que pueden parecer más complejas, desde la Jefatura del Estado hasta el sistema de partidos no son sino la proyección de nuestras necesidades más íntimas. Desde la nación hasta la ferretería todo tiene una razón de ser familiar. De los tembleques del viejo Rembrandt nace el impresionismo. De un padre maldormido (Julio César) y de un hijo con sed (Bruto) surgió una guerra civil.

Los republicanos tercera edición critican que la toma de decisiones de un Rey pueda hacerse en función de circunstancias personales pero uno luego ve las fotos de los chicos que agitan la tricolor con su novedosa estrella roja de cinco puntas (en Camboya menos novedosa) y el republicanismo que vivimos en España es hoy más sentimental que intelectual, más mágico que racional, más pictórico que histórico. También más joven y adolescente que el de principios del XX. Hay un nuevo republicanismo joven de cabeza para abajo pero que envejece en cuanto subes la vista y le ves la coronilla a los lemas y a las banderas. Entonces te das cuenta de que son los nietos de alguien. El anhelo de la III República es el retrato de Dorian Grey, con una alegre y agradable  muchachada repleta de colágeno exhibiendo banderas que envejecen por ellos.

El problema de ser republicano en España sin ser de izquierdas es que no te dejan ni aunque lo intentes con ganas, como bien sabe Jorge Azcón. Los republicanos teóricos, los que deberían sentar cátedra sobre la República, no existen. Los prácticos, los que salen con la tricolor, la hoz y el martillo y la estelada catalana, son una vacuna histórica para tres cuartas partes, al menos, del país. O mejor dicho, el recordatorio de la vacuna. La I República, el intento más serio por traer una República a España, duró dos años y tuvo cinco Presidentes. De la Segunda mejor no hablamos, porque de Azaña pasamos al ¡Viva Rusia! y la cosa acabó como acabó. Hay mucho de rebeldía familiar en las concentraciones republicanas de esa parte de la izquierda. Ya se vio en Zapatero, que después de su freudiano matar al padre socialdemócrata para resucitar al abuelo comunista y republicano ha acabado de cortesano de Juan Carlos y confesor. Donde la cosa llegó al paroxismo fue en Barcelona el lunes, y junto a dos docenas de banderas republicanas (de la República Española) había centenares de esteladas independentistas (de la Independencia de Cataluña), así que uno ya no sabía si lo que querían era que primero viniera la República Española para su destrucción posterior vía secesión catalana, o que llegase todo a la vez para darse un abrazo fraternal y emotivo solo interrumpido cuando el funcionario de aduanas terminase de poner la barrera rojiblanca en la frontera. De locos.

Felipe VI debería bajar a Sol con sus recién estrenados validos y nuevos cortesanos a regalarle a los chicos de la tricolor 3.0 los cuadernos de Azaña que van del 30 al 33. Azaña, además de hacer de sus invocaciones políticas el retrato psicológico de España, dibuja como nadie por qué la República intelectual y burguesa se le fue llenando de un atajo de torpes que confunden forma de estado con ejercicio descarnado de la política. Azaña tuvo una pasión por la República más mental que afectiva y encarnaba la racionalidad republicana, que se ha perdido o anda muy escondida y sin ganas de hacer un ejercicio intelectual trabajoso y serio. Sorprende que estos jóvenes idealistas -sin duda bien intencionados- que van a Sol o a la Plaza del Pilar a pedir otra República, odien a los partidos políticos y quieran meter de lleno a la clase política con su lucha de partidos nada menos que en la Jefatura del Estado. Quieren elegir plebiscitariamente al Jefe del Estado, lo cual es noble y democrático, pero olvidan que la República no garantiza eso: de los dos presidentes que tuvo la II República ni Alcalá Zamora ni Azaña fueron elegidos por el voto popular directo, sino por los diputados en Cortes, aunque para elegir a Azaña hubo que reunir a los diputados en el Palacio de Cristal del Retiro porque eran novecientos once. La izquierda está con sus cosas de casa y eso también pudo intuirse en la Puerta del Sol aunque la inmensa mayoría de la izquierda moderada, o sea, socialdemócrata no está, al menos de momento, por coger la tricolor. Los socialdemócratas y los conservadores siempre han sido perezosos para con la experimentación de las cosas del comer.


Víctor Manuel Serrano Entío. Abogado.
EL ÚLTIMO ACIERTO DEL REY

La abdicación del Rey inicia un nuevo periodo histórico. Aunque algunos quieran ver el principio del fin de la monarquía, la renuncia real no es sino un paso, el primero, para la consolidación definitiva de una monarquía moderna y duradera más allá del juancarlismo. Ya no porque Felipe VI sea el salto generacional que matice el amarillo del papel del BOE con un más moderno azul twitter, sino porque por fin tenemos dos rasgos distintivos de toda monarquía consolidada: Reina madre –permítaseme la broma- y un futuro Rey preparado, formado y solamente influido por un fructífero periodo de democracia, estabilidad y convivencia.

El Rey Juan Carlos ha actuado casi siempre con habilidad, ha sabido gestionar los tiempos y mantener la institución. Detrás de alguna metedura de pata, insignificante en términos de daño a España pero elefantísitica en cuanto a repercusión mediática, siempre había una disculpa sincera. Las revoluciones siempre surgen del suicidio de alguien, inducido o no. Sospecho que lo que quiere el Rey es la revolución de un tiempo nuevo en el que la Corona de ejemplo. Algo así como que Felipe VI sea un nuevo Rey en busca de un nuevo adolfosuarez bajo el que se abran las instituciones a la sociedad surgida de la revolución tecnológica. El noveno Borbón que abdica ha elegido un momento delicado pero oportuno, arriesgado pero estratégico, con la Corona vacilante y camino de su hora de la verdad. Cuando un anacronismo histórico e institucional se convierte en un anacronismo en bruto y sin adjetivos, saltan las alarmas. Nuestro Rey abdicante, en el que perviven valores desterrados en otros ámbitos del poder, como el sacrificio por España aprendido desde su triste niñez romana, tiene claro que su generación, que bien o mal han hecho esta España en la que vivimos (yo me inclino por el regular tirando a bien) ha acabado su ciclo de influencia. Hay que cambiar. Si ayer pedíamos la regeneración de los partidos políticos vía asalto de la generación de la EGB a los Palacios de Invierno, hoy la Revolución en la Jefatura del Estado que quieren la mayoría de los españoles es mantener la monarquía con Felipe VI al frente. No hay Pablo Iglesias ni red social que puedan con eso, le guste o no a los jóvenes republicanos de ahora, que no saben quienes eran Galán y García Hernández y ven vanguardia ideológica en cuatro tópicos leninistas fracasados hace ochenta años. Hay bastante más anacronismo histórico en la Puerta del Sol de Pablo Iglesias que en la monarquía parlamentaria.

La España de hoy empezaba a ser el cuadro goyesco de la gallina ciega y gracias a su abdicación, el Rey ha puesto a Felipe VI frente al espejo de la sociedad española en el momento oportuno, sabedor de que el Príncipe puede ser un buen Rey con la ayuda de todos. Hay una nueva generación que pide paso, que quiere tomar las riendas de su futuro, que está preparada y que no se esconde ante los nuevos retos, que sabe interpretar las claves del presente y es sensible con los problemas del país. Históricamente, a España la han gobernado siempre los mutilados supervivientes de alguna guerra, así que no hay costumbre arraigada de relevos generacionales profundos y pacíficos, que es lo que ahora nos toca. Felipe VI tiene capacidad para liderar a esa generación que con él también busca coronarse. En el sendero de los tonos ocres y azules de los Borbones, tal vez más pictóricos que históricos, el Rey siempre ha tenido claro que para que la gente respete a la Monarquía hay que hacer respetar a la persona. Felipe VI, que necesitará felipistas como su padre necesitó juancarlistas, tolera y dialoga con republicanos porque ha aprendido de su padre que no hay fe más útil que la del converso, llámese San Pablo o Felipe González. Es en la ambigüedad calculada de las monarquías parlamentarias donde está su superviviencia. El Rey reina pero no gobierna, pero este Rey que nos ha dicho adiós, cuando llegó Tejero para cambiar brutalmente la agenda de España, eligió patriotismo, dignidad y democracia, algo de lo que teníamos pocos precedentes. La renuncia de Don Juan Carlos en el ocaso de su valoración ciudadana es la renuncia a su propio marketing, consciente de que su mejor imagen hoy es la que pueda haber reflejado en su hijo. Ahora sí que podemos decir La Transición ha muerto ¡Viva la transición!; otra transición nueva, menos dramática pero igual de peligrosa, menos evidente pero igual de necesaria, una transición que ya no exige quitarse el pijama para ponerse la guerrera una noche de febrero pero que llega repleta de desafíos periféricos y daños endogámicos en el sistema. Nunca hay dos situaciones históricas iguales pero justo cuando España parecía en el final del siglo XIX ha abdicado el Rey para decirnos que contemos con Felipe VI para construir un largo trecho del XXI. En esta España de paradojas, la apertura a un cambio generacional la inicia el Rey.



Víctor M. Serrano Entío. Abogado.