CARROMERO ENTRE
AMIGOS Y ENEMIGOS
En España la polémica sobre Ángel
Carromero y su situación penal oscila entre quienes, respetando la Sentencia
condenatoria, lo acogen a beneficios penitenciarios y entre quienes quieren
verlo entre rejas. Alucinante. Ni una sola voz se ha alzado para denunciar lo
evidente: Ángel Carromero ha sido condenado por el tribunal de justicia de una
dictadura comunista sin libertades públicas en un juicio esperpéntico en el que
ni se permitió la entrada a los hijos de los fallecidos y, por lo tanto, un
segundo de privación de libertad del Sr. Carromero en una cárcel española es, además
de ofensivo y repulsivo, un atentado radical contra los principios jurídicos
más básicos en un Estado de Derecho.
Hagamos política ficción; estamos en
Chile bajo el régimen de Pinochet. Un joven líder de las juventudes del Partido
Comunista de España visita Chile. Allí, clandestinamente se entrevista con dos
opositores. En el transcurso de un viaje en automóvil realizado bajo la presión
de estar permanentemente vigilados y perseguidos, el joven sufre un accidente
en dudosas y escalofriantes circunstancias en el que fallecen los dos líderes
democráticos. Un tribunal de la dictadura chilena condena al español a pena de
prisión en un juicio sin garantías jurídico-procesales. Vuelve a España. ¿Hubiese
la opinión pública española permitido que ese hombre hubiese pasado un minuto
en prisión?. No debería.
Es evidente que Ángel Carromero no
necesita enemigos si tenemos en cuenta que entre sus amigos lo único que se les
ha ocurrido es que cumpla cierto cupo de días en prisión en España para que su
excarcelación pase el filtro de lo más o menos políticamente correcto y no
enrabiete mucho a no se sabe quién. Realpolitik,
le llaman. Es evidente que si el acatamiento de la Sentencia dictada por el
tribunal de una dictadura comunista es el mayor acto heroico y de resistencia
que se le ocurre al centro derecha español, y beneficiar al reo con la
legislación penitenciaria vigente en España es su mayor acto de rebeldía frente
al opresor, teniendo en cuenta que el Partido Popular marca las posiciones en
el centro derecha europeo con respecto a la Dictadura de la “Robolución”, como
la llama el profesor Ricardo Carreras, los Castro, abuelos, hijos, nietos y
sobrinos nietos de los Castro, pueden estar tranquilos.
Del otro lado, del cayolaresco y llamacerril, tristemente no sorprende la actitud liberticida de un
sector aun no lo suficientemente minoritario de la izquierda española a la que
no solamente no se le ha caído la venda de los ojos con respecto al régimen de
terror cubano sino que siguen alentado hasta la nausea la vileza de “su”
dictadura. Entre quienes han luchado denodadamente para que en democracia se
declarasen “abolidas” todas las leyes y sentencias dictadas durante el
franquismo no se entiende que se exija el cumplimiento íntegro de la pena
fijada a Carromero por los sátrapas caribeños. Lo que no quieren para Josu
Ternera o De Juana lo exigen para quienes van a Cuba a tratar de dar ánimo y
apoyo a los opositores a una dictadura tan trasnochada como repugnante. Con
ello se retratan, no hay mal que por bien no venga, con respecto a lo que
entenderían por libertades públicas si un día tuvieran todo el poder. No es
coherente levantar templos a la memoria en España y ensalzar el régimen de
Alzheimer de Cuba.
Víctor M. Serrano Entío.