martes, 30 de octubre de 2012

PSOE: REGRESO AL FUTURO O NO REGRESO


REGRESO AL FUTURO


Las debilidades del PSOE son coyunturales y serán pasajeras si pone remedio, y estoy lejos de creer en agoreros y anunciadores de desgracias que piensan que el PSOE va a terminar como el PASOC griego. Las conocidas como siete plagas de Egipto, que en realidad fueron diez, fueron a la Historia de la agricultura lo que Rodríguez Zapatero ha sido a la Historia de la gobernación. Si el ex presidente dejó España como la dejó, no menos iba a deshacer en su partido, un PSOE que si es capaz de sobrevivir a diez años de zapaterismo lo será precisamente por la fortaleza de su estructura y sus bases.

La enfermedad del PSOE es la enfermedad de España, su causa y sus síntomas son idénticos. La España democrática, sus virtudes y defectos, no puede entenderse sin el PSOE. España es un país débil hoy por una evidente falta de identidad y compromiso nacional. El PSOE no tiene a fecha de hoy identidad y su compromiso con la Nación está desenfocado en un caleidoscopio. Mantiene discursos distintos en cada Comunidad en cualquier tema. Entre un socialista catalán y un socialista andaluz hay más diferencias ideológicas y orgánicas que entre el PP e Izquierda Unida en Extremadura. Y no me refiero sólo a las identitarias. Zapatero hizo del posibilismo fácil su única forma de gobernar. No sabía de ninguna otra porque su repentino patrocinio le puso a navegar en aguas tranquilas y fue dejándose llevar. Pero las aguas se volvieron procelosas y llegó la deriva, y en la tormenta se vieron las deficiencias ideológicas e intelectuales del personaje.  El PSOE ha sido dirigido, como lo fue España, desde la ociosa comodidad de tomar decisiones simpáticas para todo aquel que las pidiese, llegando incluso a anteponer intereses particulares al bien común del partido. Así, atendiendo a poderes locales y territoriales tal vez legítimos pero incompatibles también para un partido de estructura federal, el PSOE se ha convertido en un Partido irreconocible en su discurso para con España.

La única posibilidad que tiene el PSOE hoy es volver a  ser un partido nacional que crea de verdad en España como proyecto común y necesario. Recuperar en Galicia, País Vasco o Cataluña su mensaje nacional. Actualizar su visión de España como una nación plural e incluso variopinta, pero común e indivisible, y retomar la senda de la sensatez territorial. De lo contrario, la izquierda más radical y antisistema se la comerá por babor incendiada por una crisis que la ha puesto en el candelero en toda Europa, y el espacio de centro o dejará de ir a las urnas o acabará en brazos del PP precisamente en la idea de que al menos tiene una idea de España. Se habla de renovar con caras nuevas pero no es menos cierto que el PSOE tiene que tirar de líderes nacionales cuasi históricos como referencia sólida desde la que emprender un nuevo rumbo. Recuperar ideas y formas de líderes que no gobernaron en su día a ritmo de ocurrencias y electoralismo barato, que no vieron a la nación española como un concepto discutido y discutible y que supieron compaginar el interés nacional con el de partido. La fortaleza de la democracia es la fortaleza de sus partidos.


Víctor Manuel Serrano Entío.


jueves, 18 de octubre de 2012

NAPOLEÓN ZAR DE RUSIA, DE ALBACETE Y CATALÁN


NAPOLEÓN ZAR DE RUSIA, DE ALBACETE Y CATALÁN.




Ser no es sentirse: Napoleón se sentía Zar de todas las Rusias y no lo fue. Mi vecino el del psiquiátrico se sentía Napoleón y tampoco. Cuando un señor de Albacete que no ha alcanzando el ecuador de su vida -en términos estadísticos- dice que se siente español y catalán a partes iguales porque lleva una docena de años jugando al fútbol en Cataluña, algo falla, además de su espesa cabeza, mucho más huraña que sus maravillosos pies. Uno puede ser de Albacete y sentirse alemán, pero por cojones que el tío es español y más español aún si donde lleva “trabajando” una docena de años es en Barcelona. Por mucho que le des vueltas eres español Andrés, lo siento. Yo comprendo que ser español tiene lo suyo pero la queja queda mal si viene de ti, que eres multimillonario y de Albacete.

Elevo a categoría la anécdota de Andrés Iniesta, rostro pálido de pies infinitos, porque es espécimen típico del “sentimiento catalán”: me siento catalán aunque haya nacido donde a mis padres les diera en gana porque trabajo aquí y me echan de comer. Y si no como aún mejor es por culpa de andaluces, extremeños y gente vaga e indolente de esa… Eso sí, al igual que Andrés, translúcido e insípido, no renuncio a la pasta que me da el opresor español. No conozco a ningún trabajador brasileño, colombiano, argentino o alemán que por trabajar en Madrid se sienta madrileño o español a partes iguales. Ese “a partes iguales” que quiere transmitir Andrés, el de no hay dos sin tres, es precisamente lo que harta a la mayoría de los ciudadanos españoles; porque está muy claro: el corazón y los besos para Cataluña pero la pasta se le pide a España y las quejas al buzón de “Madrit”.

Tal vez por eso, porque precisamente los catalanes han sido desde Franco hasta nuestros días los ciudadanos mejor tratados de España, y tal vez porque nunca el Estado central ha tratado de proceder a una distribución de los recursos justa para el conjunto de España que no obligase a extremeños, andaluces o aragoneses a irse a trabajar a Barcelona, la mayoría de los ciudadanos están hartos de tanta impostura histórica y sobretodo de tanta fanfarronería. Hoy, de cada dos aragoneses que se marchan, uno lo hace a Cataluña. Repito: hoy.

Realmente, lo que se trasluce de cierta animadversión y hartazgo de la mayoría de la opinión pública hacia el nacionalismo plasta que arraiga en Cataluña, hartazgo tan dañino como inevitable, es esa sensación de que son unos niños ricos y consentidos los que se ponen en plan paternalista y cateto, privilegiados contra quienes tienen que acudir a su tierra para trabajar.

La razón por la que sociológicamente se puede establecer de manera clara y meridiana que el nacionalismo extremo catalán cae aún peor que el vasco estriba en la sensación que el resto de España tiene de que nos están tomando el pelo. Y por eso es frecuente el argumento de “si quieren independencia que pidan la de verdad”, porque la sensación es que Cataluña quiere vivir su emancipación e independencia exactamente igual que todos los siglos que lleva viviendo en casa de España: con privilegios.

“El nacionalismo catalán nunca ha matado ni utilizado el terrorismo” esgrimen como argumento y queja de la incomprensión del resto de los españoles frente a un nacionalismo vasco más “tolerado”. No es cierto, pero aún siéndolo, la razón de la antipatía es esa, los vemos como privilegiados protestones malcriados a los que sólo les interesa la “pela” y lo demás se la ídem. Y por eso nunca nadie ha dejado de consumir productos vascos y sin embargo ya se prepara una nueva campaña navideña de boicot a productos catalanes.  El nacionalismo catalán es un nacionalismo burgués  y pijo que atonta al resto y por eso, y por falaz, cae mal. Del mismo modo que aún desde la discrepancia ideológica adoramos a los verdaderos comunistas y nos repugnan los izquierdistas de salón y papel de periódico que hacen un ERE después de ingresar 14 millones de euros anuales, nos cae muy mal el nacionalismo catalán: por falaz, injusto, antipático, racista, fascista y pijo. 
 

Víctor M. Serrano Entío.

miércoles, 3 de octubre de 2012

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SIN RESPONSABILIDAD TAMBIÉN HAY CULPA


Los políticos, los bancos, Europa y la Merkel con las tijeras de podar, son malos. Nosotros somos buenos. La Administración Pública, las Comunidades Autónomas, los Ayuntamientos: malos. Los ciudadanos somos buenos. Hay una casta política muy mala que "sofroniza" y somete contra su voluntad a los ciudadanos, libres, valientes y responsables. Ciudadanos libres y valientes que en uso de su libertad aceptaron hipotecas, compraron teléfonos de “a quinientos”, reformaron sus casas y compraron muebles con préstamos bancarios, mientras sobre la hipotecada mesilla de noche descansaban las llaves del coche de renting y un Ipad donde planificar vacaciones a los efectos de saber cuánto había que pedirle al Banco para financiarlas. Como ya ha quedado sentado que los políticos y los Bancos son malos, los muy perversos financiaban la casa, el coche, la mesilla de noche y las vacaciones sólo para quedarse con nuestra alma y venderla al diablo como Marylin Manson en Antichrist Superstar. Pérfidos. Casta. Abusones. Cobardes, gallinas, capitanes de las sardinas.

La deuda privada en España es superior a la deuda Pública. Una de las más elevadas de Europa en términos absolutos y por habitante. Nos obligaban. Todos recordamos cómo el Director de la sucursal correspondiente nos gritaba: "¡¡¡Pide también para los muebles y cambia de coche, so sinvergüenza!!!" mientras en el hilo musical de su oficina sonaba entre el carraspeo de las impresoras de papel continuo el Sympathy for the devil de los Rolling. No somos culpables porque no somos reponsables y en esta sociedad con millones de derechos abstractos sin ninguna obligación concreta que no sea la de no matar al de al lado sin causa justificada siendo mayor de edad, queda asentado que sin responsabilidad no hay culpa. Y ese axioma "no soy responsable de mis actos luego no soy culpable" tan falso como socialmente dañino, al ciudadano medio, convertido en mediocre tras décadas de educación paternalista y cateta, le sirve lo mismo para justificar un impago que un asesinato.

Mierda de políticos y banqueros españoles, irresponsables y corruptos, tan distintos a los franceses  o alemanes, que han dilapidado el potencial de esta sociedad española tan responsable y honesta como la francesa o la alemana. Ejem. La culpa nunca es nuestra.


Víctor M. Serrano Entío.