A LAS BARRICADAS
(DE 08:00 A 15:00,
FESTIVOS EXCLUIDOS)
Es difícil romper la vajilla haciendo poco ruido. Las
protestas de los sindicatos contra la reforma laboral son de fin de semana,
como el ocio adolescente que llega a la cama de madrugada con los pies en
puntillas para no despertar a los padres y dormir la resaca. En realidad la
España de la primera década de este siglo siempre ha sido un país muy de fin de
semana y ahora tenemos al tío Paco con la rebaja de los días de oro en la
semana fantástica de palo y tentetieso.
Las huelguitas de fin de semana contra
este odioso Gobierno neoliberal son como esos niños pijos que se quieren
emancipar pero siempre encuentran la odiosa imposición de una familia que les
aplasta con una visa oro y un volkswagen golf para que naveguen por
las procelosas aguas de los fines de semana de ron cola.
Los sindicatos, esa especie de hijos tontos que le cuestan
una pasta a la familia y que son aún peores cuando intentan hacer el bien que
cuando se van de putas, quieren romper con el Gobierno, y nos quieren hacer
creer que van a incendiar la calle, a asaltar los Palacios de Invierno, a tomar
La Bastilla y a llevarse el oro del Banco de España a un curso de formación en Moscú
pasando por la Puerta del Sol; pero se les ve el cartón, el cartón de los
liberados sindicales, de los cursos de formación millonarios, de las sedes
regaladas, de las subvenciones por cobrar y de los días de compadreo, juerga y
fin de semana en cama con el peor Gobierno de la historia de la democracia en
España; sí ese, el que están todos Uds. imaginándose y purgando.
Es lo que
tiene encamarse ocho años con los campeones del paro sin decir este edredón es
mío, que luego sales que no puedes ni juntar las piernas a montarle unas
jornaditas de protesta, diseño, corte y confección a un nuevo Gobierno que no
lleva ni tres meses y quedas como Cagancho en Almagro hablando de valor, más
que nada porque reivindicar la virtud y la abstinencia de la ortodoxia
obrerista queda feo y poco creíble después de tanto roce sin vaselina y durex
play con el que él solito se ha marcado tres millones de parados. A lo mejor si
el Presidente anterior, ese al que todos, los propios y los extraños llamábamos
ZP porque intuíamos que muy listo no era, no hubiese mandado al arroyo a tres
millones de nuevos parados ni hubiera derrochado, estafado, mentido y ocultado
la crisis, a lo mejor si además de todo eso tampoco hubiera contado con UGT y
CC.OO como cooperadores necesarios de un Gobierno en el que se decía que Méndez
era el Tercer VicePresidente, ahora nos podríamos haber ahorrado el sacrificio
de este parto de los montes sin fin.
Si en España hubiese sindicatos de trabajadores en lugar de
sucursales onerosas de la izquierda de a tanto el kilo de liberado sindical o
si ya en el colmo de la modernidad tuviésemos sindicatos de trabajadores en
lugar de plataformas de actores multimillonarios que se ponen a parir en
clínicas de lujo sionistas, igual hasta merecía la pena enterarse de qué
quieren decir con eso de que esta reforma no va a crear empleo y perjudica a los trabajadores. Pero que sabrán
de empleo Toxo, Méndez o Pe. Lo suyo es el diseño y la propaganda de días mejores por venir cuando caiga este Gobierno y vuelvan los suyos que tanto han hecho por el empleo y los trabajadores, en pie famélica legión. Lo suyo es la incoherencia, el predicar sin dar trigo,
el que cada palo aguante su vela más la vela sindical, las vísperas de mucho y los días de nada. A las barricadas, pero
de ocho a tres y fines de semana abstenerse. A las barricadas pero si eso si
acaso primero que nos manden la subvención para comprar cantos rodados y cócteles
molotov. No hay lo que hay que tener para romper con este nuevo Estado opresor
neoliberal que asfixia y humilla a la clase trabajadora haciendo de los
sindicatos mayoritarios objeto de subvenciones multimillonarias que nacen de
nuestros impuestos. Van de pana y de pena, van de lo que no son porque son unos
pijos de fin de semana, visa oro y Volkswagen golf.