viernes, 31 de mayo de 2013


TECHOS: DE LAS GÜIXAS A GRAN VÍA

            El plan para el crecimiento económico y la protección social, del Gobierno de Aragón, dotado con 150 millones de euros, destinará 84 millones para el impulso del empleo, y entre sus medidas incluye incentivos para la contratación de jóvenes y mayores de 45 años. Es también un plan de fomento del empleo que después de los recortes también inyectaría un moderado impulso (tal vez el máximo que las arcas permiten) a la sanidad y la educación. Para consumar el plan y que la cosa no quede en mero flirteo homenaje a Alfredo Landa y las suecas de los 70, Rajoy debe modificar el objetivo del déficit autonómico, que Rudi no se quiere plantear inferior al 1,2 por ciento, y así subir el techo de gasto actual, que es el techo de las Cuevas de las Güixas de Villanúa para, si no al Everest de Pauner,  llegar al menos a esos techos altos de los antiguos pisos de la Gran Vía zaragozana, y a los que aspira Rudi las tardes de domingo sentada en el sofá de casa. Es decir, todo pasa porque el Gobierno de Rajoy no sea beligerante con Rudi, tal vez le perdone que se ve poco o nada con Felipe González, y no perpetre el desagravio de penalizar al cumplidor ejecutivo aragonés en beneficio de otros acreditados y levantiscos incumplidores de aires mediterráneos. El plan es toda una jugada política de la Presidenta que demuestra inteligencia, recobra la senda de hacer política, marca terrenos y territorios dentro y fuera de Aragón, es todo lo fiel que el presupuesto le permite con sus votantes y lo que sin duda es aún más importante: leal con los aragoneses. Aunque cuantitativamente el Plan se queda corto (sobretodo en la acción social) porque en las arcas hay telarañas cualitativamente es toda una declaración de intenciones y hacer de la necesidad virtud. Todo ellos sin perjuicio de mejora si al final Rajoy sigue con su idea de insuflar parte del aire que le llega de Bruselas a las Comunidades Autónomas mientras asfixia a los ayuntamientos.

            Ahora que Carlos Pauner nos ha contado que eso del Everest como techo mundial es tan duro como injusto con los mejores, podemos entender que Rudi quiera fijar los nuevos techos de gasto de la política económica, social y de empleo en los términos que la racionalidad matemática le permia. Los techos de Rudi no son desde luego el Everest, como le dice la oposición política y los sindicatos, valga la redundancia, pero es que no pueden serlo. El plan con el que la presidenta vuelve a la política, después de media legislatura navegando por las procelosas aguas de la gestión, marginando la política en atención a los primeros auxilios de la economía, permite a la Presidenta retomar cierta iniciativa que tenía perdida en el seno de la política aragonesa.

            Pero además, toma posiciones de cara a Madrid, ya que no será lo mismo negociar con Rajoy expuesto este Plan que con meras conjeturas de lo que supondría para Aragón no alzar sus expectativas. Rudi negociará con Rajoy con números y le pondrá ojos, orejas y boca a la situación de desagravio que supondría no tener cierta indulgencia con quien ha tenido que gestionar estrecheces por necesidad y por lealtad. Si Soraya Sáenz de Santamaría pedía los líderes regionales debatir las desigualdades de la financiación autonómica con argumentos, Rudi acudirá a la cita de junio con uno fácil de entender: si no se permite modificar el objetivo del déficit autonómico, al 1,2 por ciento, Aragón no podrá proponer medidas para el fomento del empleo y de carácter social en materias como sanidad y educación por muy de primeros auxilios que sean. En estos momentos Rajoy, más con Hollande que los franceses (Presidente peor valorado por los franceses en toda su Historia en este momento) y más con Felipe que con Aznar, es el primero en defender que ha de levantarse la mano porque la política de ajustes europea es un fracaso que ha convertido a la zona euro en el rincón del mundo con una crisis más profunda. Rajoy no quiere salir en las pancartas sindicales abrazado a Merkel y, como dice la nomenclatura hortera de argumentarlo, quiere “avanzar por la senda del crecimiento” que viene siendo el intentar crecer de toda la vida. Rudi utiliza los propios argumentos de Rajoy para convencerle.

            Pero lo más interesante de esta estrategia de Rudi es la lealtad a sus principios, saber compaginarla con su lealtad a su partido y sobretodo y por encima de todo que se barrunta que la Presidenta va a defender a todos los aragoneses. Resulta frustrante que se tache de deslealtad a sus partidos a Aznar o Felipe González porque opinen o hagan algo en contra de la doctrina del grupo. Leyendo a algunos opinadores no hay diferencia ninguna entre la lealtad del ser humano para con la militancia partidista y la lealtad que procesan el perro o el burro. Bueno sí, que los burros y los perros no se deben al partido. Rudi demuestra lanzando ahora este plan que, además de revitalizar su difícil relación con el PAR, se puede hacer política desde la fidelidad a unos ideales y principios que en el ser humano deben ser más sólidos que la mera militancia política, máxime habiéndose configurado los partidos en España como aparatos de poder que prescinden en muchas ocasiones de ideologías o principios. Inteligente jugada política de la Presidenta más allá de que la dotación económica del Plan sea mejorable, algo que ella sin duda también esperará a expensas de lo que saque del Gobierno de España.



            Víctor M. Serrano Entío. Abogado


EL HÍGADO DE LAS OCAS


            España es ese sorprendente país en el que la demoscopia define al votante medio con un perfil ideológico socialdemócrata y luego esos mismos van y veneran como institución más querida a la Guardia Civil. Habrá pocas cosas más de derechas que una señal de tráfico. El caso es que el fin de semana nos trae encuestas como los bancos en vísperas de navidad nos traían calendarios y cuberterías en las décadas prehistóricas en las que a los bancos les importaba el tiempo y que las familias tuvieran comida por trinchar. Dicho lo cual, y a partir de ahí, miramos la demoscopia, las encuestas y su exégesis como los antiguos las entrañas de las aves sagradas tratando de descifrar el futuro. Como hace tiempo que la civilización destruyó el hígado de las ocas en aras a una inteligencia gastronómica superior ahora tenemos institutos de opinión y empresas demoscópicas, de anclaje científico similar a la casquería pero con más aparato y certificado de calidad 9000. Medir la intención de voto a dos años y medio de unas elecciones y prohibir las encuestas la última semana de una campaña electoral, cuando se decide todo, es también una cosa muy española.

            El beisbol, la carne de caballo y confesar lo que vamos a votar son cosas que a los españoles no nos gustan. Con las últimas encuestas del pasado fin de semana algunos quieren dar por muerto el bipartidismo y anunciar la llegada del multiculturalismo político. Como si en el país alguna vez hubiese habido un verdadero bipartidismo y como si los grupos minoritarios no tuvieran ninguna influencia, cosa que no por machacada, repetida y unánimemente aceptada deja de ser falsa.

            En España llamamos bipartidismo a que el PP y el PSOE alternen en el Gobierno y a que entre los dos sumen más votos que el resto, lo cual es como confundir la liga de fútbol con un partido de tenis porque siempre la ganan el Madrid o el Barcelona. En la democracia española, gobernando cualquiera de los dos partidos mayoritarios, con y sin mayoría absoluta, ambos partidos alcanzan acuerdos con grupos minoritarios política y territorialmente, y generalmente de espaldas a su adversario mayoritario. Por poner ejemplos, el PNV o CIU han tenido mucha mayor influencia en la configuración del estado autonómico, su desarrollo y límite competencial (o falta del mismo) que el PP o el PSOE, pese a que son grupos minoritarios y no obtienen ninguna representación fuera de sus territorios. Montoro quiere que toda la financiación autonómica del estado pase por contentar a Cataluña, por ejemplo. En los países de extensa tradición bipartidista, sobretodo en Estados Unidos, España es ejemplo de confrontación por infrautilización de resortes bipartidistas. El desarraigo del bipartidismo español es solo directamente proporcional a su mala prensa. Generalizada la idea de que el bipartidismo ahogaría cualquier pacto, lo cierto es que el bipartidismo se fundamenta en un pacto verdadero, el que las mayorías sociopolíticas de un país, prescindiendo de sus ideologías, y en aras del bien común, alcanzan para alcanzar un objetivo común. En España no ha habido bipartidismo ni se ve que pueda venir porque entre otras cuestiones faltan liderazgos y decisión y sobran prejuicios ideológicos.

            El estos días cacareado mito del bipartidismo en decadencia, como si no lo hubiese estado siempre en España, se quiere ligar a que la gente está harta y no quiere votar así como con la interpretación que un sector de la izquierda hace de determinados movimientos sociales que canalizados a través de mareas, internet, etc… expresan su indignación con el stablishment. Pero lo cierto es que la influencia de estos grupos, magnificada en gran parte por las redes sociales y la prensa, es mínima. El rechazo a la política y los políticos no se resuelve con ninguna canalización que pueda tener reflejo en el propio sistema electoral y en las elecciones mismas, y la inmensa mayoría de esas minorías votarían en bloque al PSOE si concurriese a las elecciones con posibilidades de disputarle el gobierno al centro derecha. Es cierto que la desdibujada diferencia entre partidos, el desarme de la izquierda que viene de gobernar y el desgaste de la derecha gobernante ha generado un descontento ciudadano con los dos grandes partidos que merecería que Génova y Ferraz se tomasen en serio. Además, las elecciones al parlamento europeo, que son esas que celebramos cada cuatro años para que no parezca que solo mandan los alemanes, son campo abonado para el desconecto ciudadano y el voto irreflexivo, como cuando en el año 89 un sector de la derecha descontenta con Fraga le dio a Ruiz Mateos dos eurodiputados o como cuando en el 2009 Zapatero recibió su primera patada en el culo de López Aguilar. Pero hasta el rabo todo es toro, el Gobierno ha sumergido el listón de las previsiones económicas en 2014 en el lago del Averno para potenciar al máximo réditos electorales si llega un reflote de la economía,  el PSOE podría subir de golpe diez puntos en las encuestas si acierta con su candidato, y está por ver que de aquí a que haya elecciones generales los dos partidos nacionales mayoritarios que agrupan a las dos ideologías preponderantes y otorgan estabilidad al sistema, estén en crisis.  Ni siquiera ha terminado el primer tiempo.

           

jueves, 9 de mayo de 2013


UN GRAN PAÍS


            En blanco o negro, España nunca utiliza la escala de grises. Estado de bienestar o malestar con el estado. Sin matices ni pausas ni claroscuros. Nos refugiamos en el todo o nada, blanco o negro, porque encorsetar ideas permite argumentos poco sofisticados y radicalizarse menor esfuerzo intelectual. Dar pinceladas a los matices es más difícil que pegar brochazos a diestro y siniestro pero tenemos a Velázquez a Goya a Dalí a López y a otros. Se nos ha olvidado que España es un gran país porque ahora lo que vende es que somos una unidad de desatino en lo universal. Como la izquierda no gobierna (por ahora) maquilla así su fracaso y como la derecha fracasa (por ahora) maquilla así su gobierno.

            A lo largo de la semana, y en consonancia con los extremos cromáticos del país, Gobierno y oposición se han lanzado a hablar de pactos sin rotular contenidos. Lo inconcreto del planteamiento del PSOE se contesta con un rotundo no por el Gobierno. En Aragón, de histórica y jurídica tradición pactista, sabemos que pactar se basa en ceder para avanzar en un objetivo común, y por eso tal vez en esta tierra más que en otras nos chirría que se propongan pactos sin decir cómo y para qué, sin concreción ni contenido. Si el PSOE hubiese trabajado de verdad el contenido de grandes pactos indicando qué cedería para qué alcanzar, el rechazo del Gobierno pondría a Rajoy en un compromiso. Así, dice que no y no pasa nada.

            Todo pacto se basa en intentar conseguir un fin que redunde en el bien común estando dispuesto a sacrificar algunas de tus posiciones. Del trazo grueso del PSOE se traduce un pacto para el empleo y contra la pobreza, que así, planteado en abstracto, es como plantear un pacto por las olas y el mar, y que no ha calado porque nos acordamos del Plan E como desatino del pasado y de la destrucción de billetes de quinientos como ocurrencia del presente. Los votantes siguen percibiendo que El PSOE tiene además un problema de liderazgo y sus propuestas de pacto nadan en la incertidumbre por no saberse si los líderes y/o lideresas de mañana avalarían el pacto de Rubalcaba. No sabemos ni si a Beatriz Talegón le parece chupigüay para su fiesta botellón de la democracia.

            España necesita pactos. De manera evidente y con urgencia necesita un pacto fiscal interno y armonizado con la Unión Europea, un pacto en educación y una reforma de la formación profesional que pasa por que copiemos a los alemanes. Pero de entre todos los acuerdos el más necesario es el pacto transversal entre Administraciones e instituciones. Un pacto de lealtad y sometimiento a la legalidad.  ¿Qué otro pacto cabe en un país en el que en una Comunidad (donde los enfermos se cambian la cama en hospitales) se envía un argumentario a sus "embajadas" para culpar de su colapso al sur de España y justificarse ante el mundo?.

            En la situación de emergencia que vivimos es imprescindible que no se hable de pactos si no es con la verdadera intención de alcanzarlos. No se entiende que el Gobierno y la oposición en su conjunto no se planteen pactos extensos que tendrían el efecto de otorgar confianza al país y confianza a la política, máxime con el bipartidismo en crisis. Y es un hecho que en España percibimos con normalidad cosas que en Europa no son normales, como que con la formación de cada nuevo Gobierno se cambie el modelo educativo, la financiación autonómica en función de débitos parlamentarios o la estructura del poder judicial, por poner ejemplos. Pero pactar es dibujar matices, pintar claroscuros, combinar los grises y renunciar a utilizar solo el blanco o el negro. Pactar es tener un objetivo necesario al alcance, y desgraciadamente por muy buena voluntad que se le ponga no se puede pactar en abstracto contra la pobreza ni la enfermedad o la eliminación de equipos españoles en la liga de campeones. El PSOE hoy es solo un boceto y el Gobierno, según Esperanza Aguirre, un trampantojo.

            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

ASALTAMOS EL CONGRESO ¿Y DESPUÉS QUÉ?



            Mientras Suárez nos traía esto, González nos sincronizaba con nuestro tiempo, Aznar nos ponía por las cumbres y Zapatero colapsaba el país nos olvidamos de hacer pedagogía y dejamos a Rajoy y al Congreso solos ante el peligro de un asedio tan estéril como desconcertante e infantil. Y del mismo modo que la democracia de Suárez es nuestra, nuestra la sincronización de González, nuestras las cumbres de Aznar y nuestro el colapso de Zapatero, somos todos nosotros los que quedamos asediados a los pies de los leones del Congreso. La mismísima Alaska, artistaza y cantatriz a lomos del glamour, puede certificar que uno no puede andar bien con tanta plataforma. España desciende por la escalera aterciopelada de la autoestima en plataformas y tropieza.

            Asaltar el Congreso o es golpista o es surrealista sin descartar ambos extremos. Los antisistema no tienen argumentos ni lo pretenden, su argumento es el ruido de la calle  y su lucha que el atronador sonido de su cabreo rime en el insulto a los políticos, y ahí es cuando lo mejor que podría hacer los políticos es dejarlos entrar al Congreso para desconcertar. Enviando a las fuerzas de orden público a contenerlos y dejándolos a cien metros de la Cámara se establece una especie de lucha de igual a igual entre el legítimo poder coercitivo del Estado y el carpetovetónico poder coercitivo de la patada cuando lo cierto es que entre el cerebro y el pie conviene que la relación sea jerárquica. Esa jerarquía se pierde en el cerebro y el pie de un violento porque no hay mejor manera de demostrar estulticia que recurrir a la violencia.

            Que se ahorren el asedio y les dejen entrar en el Congreso, que lo tomen, que se hagan con él y que se den unas vueltas para que quede en evidencia que más allá de colgarse de las lámparas, intentar localizar los tiros de Tejero y beberse todo el bar no tendrían nada más que aportar ni que decir. Sería un magnífico experimento sociológico seguir su comportamiento por cámara a lo gran hermano y como en esos documentales angloaburridos de gorilas en la selva. Me juego lo que quieran a que al final acabarían rascándose la coronilla y  votando para decidir si había que votar. El cabreo es legítimo siempre y cuando los seres racionales lo canalicen.

            Como las protestas hay que sostenerlas con ideas, algunos de ellos pasan de la pataleta a la patada porque no tienen síntomas de vida cerebral. Quieren asaltar el Congreso con la alegría que les da la certeza de que no les van a dejar entrar. Ninguno de esos pies pensantes aguantaría el miedo escénico de tener que enfrentarse a un atril con palabras, debatir opiniones, aportar ideas y arrimar el hombro. Lo pasarían peor que un equipo español en Alemania. Odian a la clase dirigente, no sólo a la política, porque se sienten explotados, desposeídos y expulsados del sistema. Quieren sustituir la soberanía nacional por la algarada, la bronca y la barricada porque están cabreados y descontentos pero son pocos todavía.

            Se echa de menos que los partidos políticos no condenen en bloque, sin fisuras, sin matices y con una sola voz firme los casos de gamberrismo desnortado y que no apoyen la legitimidad de las fuerzas de orden público, como sí ocurre en otros países de Europa. Al menos esta vez ningún grupo político apoya expresamente esta iniciativa peligrosa. Se echa de menos que el Estado no tenga más argumento que el policial para repeler a los energúmenos que necesitan un esfuerzo educativo importante, lo cual constata que el Estado fracasa en la pedagogía y que nos vendría estupendamente una educación para la ciudadanía que despojada de contenidos ideológicos enseñase a nuestros jóvenes que un Estado de Derecho es un Estado de Derecho incluso cuando la economía va mal y hay instituciones que piden a gritos una reforma. La de Zapatero hubiese valido si no hubiese querido meter la cuña buenista y el marketing ideológico. El peor castigo que puede recibir alguien que quiere asediar el Congreso y ocuparlo indefinidamente es conseguirlo. Alguien ha colocado acertadamente en la mano de la estatua de Neptuno un cartel que reza “Así, no”, pero se echa mucho de menos otro que pinchado en el tridente nos diga como.


            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.


LA DUCHA FRÍA

No hay barrio pedáneo, municipio, provincia, comarca o comunidad autónoma que no tenga a un político del Partido Popular preocupado por el rumbo del Gobierno. El gabinete carece de un liderazgo visible, más allá de los arrítmicos pantallazos de plasma del Presidente que a razón de no más de tres o cuatro veces al año trata de explicar a los gobernados el porqué de sus medidas tomadas contra el ideario y dos siglos de corrientes liberales en España. Y en esto llega Cañete y nos dice que las duchas con agua fría, cuando la obligación primera de todo Gobierno es que salga agua caliente por el grifo. Lo malo es que no sabemos si lo de la ducha fría nos lo dice por ahorro energético o como ejercicio espiritual.

            Los políticos del PP, a los que cotidianamente les cae la ducha fría, están, cada uno en su ámbito de influencia, seriamente preocupados por un Gobierno que ni parece acertar en la comunicación ni encaja en los esquemas políticos de siempre, esquemas ideológicos que actúan en los votantes como referentes y que Rajoy ha sacrificado en una mezcla de real politik, urgencia, imposición germana y ensimismamiento. Los votantes populares saben que sus referentes electorales se podían simplificar en no asfixiar con impuestos a PYMES y familias, racionalizar el gasto, privilegiar la eficiencia en la Administración y crear empleo. Cosas por las que aunque el Presidente no lo crea, la gente le votó. Y no le votó ni para hacer lo contrario ni para financiar a la carta a Cataluña. Si Rajoy pensase que en España hay gente de centro derecha con ideales de centro derecha y/o liberales tal vez les respetaría más, pero el presidente está instalado en el mero posibilismo y piensa que la gente le votó a él sólo gracias a Zapatero, lo cual, es una verdad a medias, no contribuye a la autoestima del Presidente y despoja de principios e inteligencia a su electorado para convertirlo en un walking dead. Parafraseando al actor secundario Bob, la mala conciencia de los votantes puede inclinarlos a votar a los demócratas cuando en lo más profundo de su ser ansían que un insensible republicano baje los impuestos y castigue a los delincuentes. No hay militante de base, concejal o diputado que no piense en la que se le viene encima al PP si las cosas no cambian, pero el tiempo pasa y sólo mejora la fría macroeconomía y en cifras insuficientes para lo fundamental: crear empleo.

Varios barones y una baronesa no ven nada claro lo de Mariano y Montoro con lo de la financiación a la carta para Cataluña, y su cabreo e incomprensión se torna melancolía cuando recuerdan lo de la "lluvia fina". Lluvia fina, en meteorológica expresión de Aznar, era lo que iba a empapar a los votantes con gran calado tras las medidas impopulares de los dos primeros años de Gobierno y con base en una remontada en lo económico cuasi milagrosa. Aznar navegó durante los dos primeros años de su Gobierno con la opinión pública propia y ajena, en contra. Pero la lluvia fina llegó y a los cuatro años, después de buenos resultados económicos, ganó las elecciones por mayoría absoluta. Nada semejante puede pasarle a Don Mariano ni aunque vaya cada domingo en romería a la Virgen de la Cueva. Aznar precisó tiempo, él necesitaría un milagro para el que no hay síntomas. Aznar no traicionó sus propias recetas ni quebró ningún ideario. A Mariano se le moverá el PP a las primeras de cambio porque la púrpura no le brilla y muy pocos confían en él. Su enfermiza falta de liderazgo, la incompetencia y dejadez comunicativa y Montoro pueden moverle a Rajoy las estructuras y los pilares del Partido. Antes, en las municipales, muchos políticos del PP de gran talla y validez a los que no llegará la lluvia fina del Gobierno pero sí la ducha fría, deberán presentarse a las elecciones con el titánico esfuerzo de convencer a sus votantes de que su gestión y tarea no es la de Mariano. Y eso es aún más difícil que remar dentro de una tele de plasma.


Víctor M. Serrano Entío. Abogado.