OBAMA
Cuando investimos a Obama presidente
de un nuevo orden moral solo porque hacía bonitos discursos y no era
republicano quisimos olvidar que Henry Kissinger muchos años antes ya había
dicho que la tentación de Estados Unidos es creer que la política exterior es
una subdivisión de la psiquiatría. Kissinger acertó siempre, aunque sus esposas
no opinaban lo mismo cuando le descubrían avanzadas relaciones diplomáticas
extramatrimoniales.
Obama, con acreditadas dotes
interpretativas, ha montado una guerra fría de tercera con la Europa más
inofensiva y apocada de la Historia, una guerra fría comercial de fábrica y
tenderete. Espionaje industrial más propio de una factoría de automóviles de
Detroit que de una Administración seria. Lo que el género requiere es un señor
con gabardina y sombrero ladeado en los bajos fondos de Berlín y no cotillear
germanocuadriculadas esferas industriales. Un héroe que se juegue la vida
pasando un microchip con las claves que contienen la seguridad de la humanidad
y no los diseños del último airbag de la Volkswagen. Este folletín impropio de
un imperio demuestra que los servicios de inteligencia no tienen el glamour de
007 y quedan en pelota con el primer lenguaraz con nociones informáticas. Tal
vez al presidente de los EE.UU, peor presidente que Reagan pero mejor actor, le
gustaría ser Paul Newman en “El Premio” y recrear una Guerra Fría de verdad,
pero se barrunta que en lo único que va a coincidir con el actor de los ojos
azules es en el premio Nobel. El Nobel de literatura que recogió Newman en la
película es tan de ficción como el premio Nobel de la paz que le entregaron al
presidente.
Estados Unidos y nosotros con ellos,
hemos hecho de la seguridad la base de la libertad ya que sin una no puede entenderse
la otra. Rasgarse las vestiduras porque los países utilicen sus servicios
secretos es hipócrita y pueril pero la sorpresa nos la causa que los hombres
con gabardina del presidente norteamericano tengan más interés por los
ordenadores de la industria alemana que por desiertos remotos. No obstante, a
Estados Unidos, un gran país digno de admiración que ejerce su liderazgo
mundial como buenamente puede desde que no hay muro en Berlín, siguen
haciéndole grande sus enemigos. El tal Snowden, cuya tara mental se presume y
cuyo rigor ideológico para con la libertad está a la altura de los países que
le apoyan, como Cuba, Venezuela y Ecuador, es un personaje condenado a la
cárcel del olvido. No le quedará de aquí a un mes ni el aliento de la izquierda
radical porque ya no será útil contra occidente. A lo largo de su historia más
reciente, Europa le debe mucho a Estados Unidos pero aún así el asunto del
espionaje traería graves consecuencias si los europeos no estuviésemos más
preocupados por la seguridad del bolsillo que por la nacional. Bruselas amenaza
a Washington con suspender la negociación sobre libre comercio y Berlín ha
reacciona con enojo alemán al espionaje pero es una pataleta teatralizada
porque al día siguiente Obama se sube a la Torre de Control y Europa le cierra
el espacio aéreo a Evo Morales.
Dice Obama que en las capitales
europeas también hay gente interesada en saber, si no qué ha desayunado, sí qué
temas va a sacar cuando hable con sus líderes. Europa es una señorona artrítica
y elegante que desayuna más respeto que cariño y que mima mucho más el esmerado
servicio de mesa que la bollería. Todo lo contrario que Estados Unidos que
desayuna mucho y mal para seguir liderando al mundo libre aún con sus errores y
su colesterol. A la democracia más grande del mundo no le importa derramar los
cereales por el mantel mientras sea el 25% del PIB mundial y pueda seguir
desayunando con una aparente sensación de seguridad. Pero para seguir
creyéndose casi invulnerable Estados Unidos necesita unos servicios de
inteligencia rigurosos para que de su ineficacia contra el enemigo no vuelva a
nacer la estúpida idea de espiar a los amigos. Es como si acreditada cierta
incapacidad frente a los nuevos retos y a los nuevos enemigos que llegaron con
el 11-S la impotencia de la CIA se decante por medir fuerzas frente a los
viejos amigos. Obama es un adolescente que tras el estruendoso fracaso de no
poder ir al baile de graduación con la chica más guapa del instituto se pone a
espiar por la cerradura por si pilla a su prima en bragas.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
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