HASTA QUE VUELVA VIOLETA
El Presidente de la Comisión Europea
dice que España ha pasado del drama a la confianza. En el único rincón de
Europa en el que hoy eso no está claro es en nuestro propio país, por echar en
la hoguera del ánimo colectivo tertulianos cenizos y literatura de tercera,
vaticinadores del pasado cegados por el porvenir dispuestos siempre a aplicar
sus ciencias forenses diagnosticando "post mortem". Somos el único
país del mundo lleno de Historia y vacío de contenido por culpa de cenizos y
catetos con ínfulas napoleónicas. Si aumenta el desempleo es el caos, si baja
una noticia de tercera arrastrada por la temporalidad. España se argentiniza,
su ansiedad es digna de psicoanálisis y amarillea como camisa blanca de
esperanza machadiana al sol de junio. Ya no chocan las hachas goyescas de los
desastres de la guerra sino el derrotismo y el pesimismo en el ánimo de la
gente. Se ha enterado hasta el CIS. Solo el Ministerio de Exteriores y las
multinacionales del jamón y el móvil parecen creer en España y su marca, pero
la marca España, que vuelve a gustar en Bruselas, en Nueva York o en Sao Paulo,
no encuentra quien se ponga el mundo por montera, se ate los machos y la venda
en el Parlament de Cataluña donde Artur Mas, siempre entre lo infame y lo
grotesco, habla de la España subsidiada, él, que debe presidir Japón y no
Badalona.
Violeta, que es de Valladolid tiene
veintiséis años, una licenciatura, cuatro idiomas y los huesos húmedos, trabaja
en París. Se queja de doscientos días al año de lluvia y de tener un trabajo
que sus compañeros franceses desempeñan sin antecedentes penales como toda
formación. En el museo de ciencias naturales de la palabra encontraremos que
"melancolía" la parió un emigrante. A Violeta y su generación les
hemos vendido la moto de que son la generación mejor preparada de la historia,
lo cual es una verdad a medias y por lo tanto una gran mentira. Violeta tiene
que currar y tal vez no sepa que en España mayo ha sido el mejor mes de la
historia para el empleo.
Ni 134.600 personas más afiliadas a la
Seguridad Social ni ninguna otra buena noticia les va a estropear a algunos su
Apocalipsis. La marca España hay que llevarla a las escuelas para que los niños
sepan que somos un gran país, en dificultades, pero donde tenemos el mejor
sistema sanitario público del mundo, grandes empresas multinacionales, pequeñas
y medianas empresas que siguen luchando cada día, que exportan, que al mínimo
atisbo de mejora contratarán empleados, trabajadores admirados y apreciados en
todos los países que tienen la suerte de recibirlos, gente productiva que sabe trabajar
y vivir, mientras no hay avance científico en el que nuestros investigadores,
dentro y fuera de España, no estén presentes, que los funcionarios no son un
chiste de Forges y trabajan y se esfuerzan, que estamos en la elite mundial del
deporte, que somos gente abierta y solidaria, a la vanguardia mundial en
donaciones de sangre y órganos, que tenemos la mejor red de infraestructuras
ferroviarias de alta velocidad del mundo avanzado, que también, por qué no,
somos sol, playas, gastronomía y turismo, una balanza comercial favorable y que
necesitamos con urgencia que se callen los cenizos y que se ponga todo el mundo
a pensar como mejorar este país, muy mejorable pero ningún desastre insalvable.
Hasta Rajoy y Rubalcaba han acabado entendiéndolo, y ya solo falta que sus
votantes les sigan, abandonemos el frentismo partidista y establezcamos una
meta con un mínimo común denominador. España, tiene pasado, presente y futuro,
jamón y teléfonos móviles, además de más de media generación entre los veinte y
los treinta esperando un empleo, y que merecen el respeto y el esfuerzo del
resto de generaciones para que la próxima vez que alguien les diga que son la
generación mejor preparada de la historia no les entren ganas de llorar. Trabajemos
por que pase la moda del pesimismo, descontextualicemos a los cenizos y los
plomos y gafes que se callen. Al menos hasta que vuelvan Violeta y los suyos,
que son los nuestros.
Víctor M. Serrano Entío.
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