martes, 8 de julio de 2014

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lunes, 7 de julio de 2014

¿¿¿EL FIN DEL BIPARTIDISMO???


¿BIPARTIQUÉ?

            De los mismos creadores de “La Casta nos asfixia” llega a sus pantallas “el fin del bipartidismo”. Próximamente en sus urnas. O no. No se sabe. Todo es lo mismo y nada es igual. Y yo pregunto ¿qué bipartidismo? ¿realmente hemos tenido un sistema bipartidista en España? Pues depende, cualitativamente no. Cuantitativamente, y si esto del bipartidismo va a peso, a tanto el kilo de diputado y uno más uno dos, puede que sí, aunque tampoco está nada claro en un país en el que PP y PSOE han hecho lucha política hasta de la aplicación de la ley de la gravedad. El caso es que la moda “opinativa” imperante da por hecho que en España ha habido bipartidismo y que el bipartidismo es el caldo de cultivo de una pinza asfixiante, un lobby, una casta instalada. La causa de nuestros males. Somos unos ciudadanos ejemplares y una sociedad modelo. El bipartidismo es nuestro mal. La corrupción es culpa del bipartidismo. La crisis económica, el desempleo, la pérdida de la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, la extraordinaria dimensión del Estado y el descenso en la producción de espermatozoides en el varón parecen también ser culpa del bipartidismo.

            Bipartidismo y consenso son sinónimos. El único país con toda una tradición política en torno al bipartidismo es Estados Unidos y mal del todo no parece que les vaya. Allí, cuantitativamente hay dos partidos hegemónicos en sus respectivos espectros ideológicos y son rivales. Pese a ello, el bipartidismo ha funcionado como un resorte fundamental en la toma de grandes decisiones para la nación. La política exterior norteamericana, por ejemplo, es fruto del consenso y la colaboración entre Demócratas y Republicanos, o sea, del bipartidismo. En España no ha habido bipartidismo; en todo caso lo que ha habido es alternancia, pero la diferencia entre alternancia y bipartidismo es la misma que va de Cánovas y Sagasta a Reagan y Clinton. Además, el bipartidismo ha tenido otro efecto deseable en EE.UU: durante los últimos cincuenta años el Congreso ha alcanzado una serie de consensos que han hecho de poder controlador del Gobierno federal, y que han servido, por ejemplo, para limitar la capacidad del ejecutivo para modificar el tamaño o la distribución del gasto publico. Es decir, gracias al ejercicio bipartidista, el legislativo no ha sido mero palanganero del ejecutivo, como sí ocurre en España. Soy consciente de que en estos momentos negar que en España haya habido bipartidismo es tan temerario como defender, para más inri, que de haberlo habido las cosas podrían haber ido mejor. Apelo a la bondad de los lectores, a su indulgencia y a los recortes en la sanidad pública para que el Estado no proponga de oficio mi internamiento psiquiátrico. Ha nacido antes la crisis del bipartidismo que el bipartidismo. Le ha pasado lo mismo en España al bipartidismo que a la pesca masiva de ballenas, tan denostada en La Cartuja.

            La moda se impone en la política tanto como en la costura. Hasta hace nada, tres telediarios, todos los bienes de la patria podían condensarse en un palabra: consenso. Los problemas de España hasta anteayer se debían a que no se alcanzaban consensos entre los grandes partidos. Hay tanta leyes educativas como ministros de educación ha habido. En política exterior nos vamos de alianza de civilizaciones y volvemos. No se han alcanzado consensos en leyes fundamentales -como la ley del aborto- y no digamos nada en políticas energéticas o sobre la propia configuración del Estado. En el Congreso de los Diputados, grupos políticos minoritarios, casi anecdóticos, han marcado el paso de todos los gobiernos sin mayorías absolutas. Lejos de existir una apisonadora PP-PSOE, ha habido abuso del poder de las minorías -nacionalistas y no-, poder que les ha venido dado precisamente por la falta de consenso y acuerdo entre los dos grandes partidos. ¿Dónde queda aquí el bipartidismo? ¿Si llega un tercer partido ya tendremos tripartidismo?.  Hablar del fin del bipartidismo es una moda. Una moda impuesta por aquellos que han llegado desde los límites de la democracia para incorporarse a ella. Políticos que ya no son ajenos al sistema con patente de corso para bautizar como casta todo aquello que se opone a sus viejos planteamientos soviéticos rebozados en red social.

            Desde que Romanones dejó dicho que para triunfar en política había que ser alto, guapo y abogado, la moda ha ido cambiando. La alta costura es clasista, rancia y socialmente ofensiva y lo que mola es el mercadillo de segunda mano, con prendas viejas tan de segunda mano como las ideas soviéticas de Podemos. Se lavan y quedan como nuevas durante unos días. Pero son viejas. Si el instrumento que va a acabar con el bipartidismo en España es el fenómeno Podemos, una moda post-underground por su difusión en redes sociales (que sería underground si siguiera difundiéndose en la imprenta), auguro que la muerte del bipartidismo a peso va a llegar en las elecciones municipales de dentro de once meses, ya veremos si llega cadáver a las generales y en cualquier caso resucitará después de ellas. Dependerá de si el PSOE sabe desprenderse de la respiración asistida y de si alguien en el Partido Popular se entera de que lo que está pasando también va con ellos. Lo que parece evidente es que en momentos de desapego ciudadano con las instituciones y con los políticos es cuando más falta hacen la estabilidad, el consenso, la  altura de miras y el abandono de posiciones preconcebidas. Eso, exactamente eso, es lo que representa el bipartidismo que no hemos tenido, porque el problema en España no ha sido el bipartidismo sino el partidismo. Uno a uno. Individualmente, PP y PSOE se han preocupado más de sus estrategias electorales que del país desde que se produjo la anomalía del advenimiento accidental-pero-legítimo de Zapatero. Solo el PP puede destruir al PP y solo el PSOE puede destruir al PSOE.

            La verdadera evolución política del país pasa por que los ciudadanos reforcemos las posiciones más moderadas y tolerantes, las que nos permitan avanzar sin perder de vista la convivencia. El centro derecha y el centro izquierda son las dos posiciones ideológicas más lejanas al radicalismo extremo, y por lo tanto tienen futuro. Y si esas posiciones ideológicas vienen reforzadas por partidos políticos fuertes, aún mejor. El verdadero cambio en la política española no va a venir dado por Podemos, que es algo mucho más efímero que el PP o el PSOE, una marca de descontento magistralmente dirigida, sino por el fin de las inercias. Los ciudadanos hemos dejado de votar por inercia a los partidos que tradicionalmente han representado nuestras posiciones ideológicas. Si el PP y el PSOE quieren seguir siendo primordiales o se regeneran o desaparecerán y su espacio lo cubrirán otros. El inmovilismo del PP inmoviliza a la sociedad tanto como el nerviosismo en el PSOE inquieta al país. Si no aciertan desaparecerán pero su espacio lo ocuparan otro u otros partidos hegemónicos en el espectro del centro derecha y el centro izquierda. Ya tuvimos un mapa político variopinto con más partidos que ideologías y fue precisamente la normalidad la que simplificó e impuso un sistema político con menos partidos. No me atrevo a decir qué está más cerca, si el bipartidismo real que surja de la necesidad -tras el caos de un par de elecciones en el frenopático- o la muerte del bipartidismo que nunca existió. Tal vez haya vida sólo después de la muerte. En ese caso, siempre podemos encargarles la redacción de una nueva Constitución para lo que quede de España a Iker Jiménez y sus amigos del misterio.

Víctor Manuel Serrano Entío. Abogado.

TAMBIÉN EL SINDICATO


TAMBIÉN EL SINDICATO

La lucha sindical se viste con traje de soldador. Recubierta de amianto es ignífuga. UGT de Andalucía se ha rociado con la gasolina del escándalo a lo bonzo pero aún no arde. Los partidos son las únicas estructuras del sistema en las que ha aparecido tanta corrupción como en los sindicatos pero el clamor ciudadano contra la casta aún no mete en el mismo saco a los devoradores del langostino sindical, al menos de momento.

El escándalo de UGT-Andalucía con el caso de los cursos de formación es mayúsculo. Por sí mismo y por acumulación. Decenas de millones de euros malversados, que se dice pronto, y eso que la instrucción de este nuevo escándalo acaba de empezar. Para colmo, la cara del sindicato ya no se lava con solo injuriar a la juez Alaya, la de los ERE, porque el juez instructor es otro. Al nuevo juez tampoco tardarán en ponerle silicona en el candado de su honestidad, pero ya no cuela. Hasta Susana Díaz quiere que la Junta de Andalucía se persone en la causa como perjudicada y quiere que sus técnicos le pongan una cifra al fraude. A ver con qué cara sale Cándido Méndez a hablarnos de los trabajadores poco cualificados y sus minisueldos, del sufrimiento de la clase obrera que no llega a fin de mes o de las cifras del desempleo de los más débiles, los que no tuvieron oportunidad de formarse, cuando alguno de los suyos se ha estado puliendo la pasta de nuestros impuestos destinada a formar trabajadores. Cubatas y barra libre en la Feria de Abril, y acabada la Feria de Abril, sigue la barra libre. Ahora que Cándido Méndez ya tiene a su bárcenas, que se llama Fresneda, o sea, un ex tesorero que va caminito de Jerez, todo sea dicho salvando los presuntos debidos, a ver cómo explica a los sindicalistas de toda la vida, hoy jubilados que pasaban la taza de aluminio por los barrotes de Carabanchel en los setenta para abstraerse del sufrimiento de sus familias, que el único peligro serio que corre ahora un ugetista andaluz es un aumento irracional del ácido úrico. Cándido, entre trasnochado y vencido, acusa de aviesas intenciones y culpa a la Guardia Civil pero no se da cuenta de que algunos de los suyos nos han robado hasta la poesía lorquiana. No hay quien haga un verso agrio contra la Benemérita porque la UCO es ahora la decencia en la lucha por la defensa de los trabajadores/contribuyentes. Las sedes del engaño están libres de puertas gracias a los de verde. Ya no hay capas ni relucen manchas de tinta y de cera, ni tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras. De plomo solo es la jeta de los del bricolaje de las facturas, las fotocopias de corte y confección y los cursos de engaño y estoque de madera. 

Nicolás Sartorius, de toda una generación de izquierdas que ha vivido como si fuera de izquierdas, tiene dicho que no hay forma de vencer en una huelga indefinida. La UGT-A está en huelga indefinida de sí misma. Como ocurre con los partidos, los sindicatos forman parte esencial del sistema democrático y su papel es fundamental e indispensable. Pero del mismo modo que no cabe amparar la corrupción política bajo el pretexto de que la política y los políticos son la esencia de la democracia, no cabe mirar para otro lado con respecto a la más que evidente corrupción sindical en Andalucía -lo de los ERE va por los 1500 millones de euros- por mucho que la defensa de los trabajadores sea la esencia de una sociedad libre y más justa. Precisamente por el papel primordial que representan los sindicatos en la defensa de los trabajadores es necesario, también en este ámbito, una profunda regeneración de un sistema que se ha mostrado ineficaz en la formación de trabajadores, ineficaz como arma contra el desempleo y, lo que es aún peor, cuya legitimidad en el desempeño de su papel está en entredicho cuando lo que se percibe es que por encima de la defensa de los trabajadores están los privilegios de casta. Y lo mismo, por supuesto, puede aplicarse a las organizaciones empresariales, todas dependientes de la subvención.

Sabemos que el país está cambiando aunque no hacia donde. A diferencia del periodo abierto en la Transición, son muy pocos quienes están dispuestos a dar un paso. Hasta los que tendrían que hacer la revolución social en Andalucía están dale que te pelo a la gamba. La cosa queda más visible que nunca cuando pasamos del mecanismo general de la manufactura del que nos hablaba Marx en El Capital, al mecanismo general de la factura, del que nos habla la UCO en un informe demoledor contra el sindicato. De las barricadas a las mariscadas. De cómo formar a cómo forrarse. Al infierno se va por atajos, como canta Sabina. Mendez no dimite.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado