viernes, 28 de febrero de 2014

ENTRE DOS AGUAS

ENTRE DOS AGUAS


Ahora que se nos ha ido Paco de Lucía y un pellizco de guitarra en el alma del país queda más patente que nunca que España es un país flamenco y de claroscuros, de bulerías yquejíos, con cantaores que tan pronto le dan un viva a todas las vírgenes como que le cantan al alma negra, según cambien de palo. De Nueva Orleans a Tokio, De Lucía era embajador de la marca de una nación que cada año se debate en el Congreso para institucionalizar lo que se debate en los cafés, como el guitarrista de Algeciras subía al Teatro Real para quele escuchasen los que no bajan a un tablao.

En el tablao del Congreso se canta el estado de una nación que solo parece nación cuando se enzarza entre el relato optimista del Presidente del Gobierno y el discursoceniza con ribetes de tarquín de la oposición. La ceremonia se repite gobierne quien gobierne y oposite quien oposite, pero llama más la atención hoy porque el pesimismo militante viene del grupo parlamentario que acusaba al centro-derechade anti patriotismo por predicar que el país iba camino del desolladero cuando iba al desolladero. El mismo PSOE quearmó con una venda y unas castañuelas a Solbes para luchar contra la realidad y el rigor, o sea, contra Manolo Pizarro, nos entona una saeta en pleno carnaval lejos del entusiasmo vital con el que movilizó su plataforma de artistas en apoyo aZapatero, con los Almodóvar y Cuerda haciendo palmas y cejas mientras sonaba “Defender la alegría” cantada porSabina, Bosé y Serrat. Acongoja ver a Rubalcaba tanpesimista anunciando el juicio final justo cuando parece quehan aplazado la vistaél que en su día no supo ver a los jinetes del Apocalipsis encima de la mesa del consejo de ministros y eso que le llegaban en land rover. La izquierda, o al menos la izquierda cuando era izquierda, no es esto. Antes de Rubalcaba esta semana en el Congreso, el referente racionalista ilustrado de la izquierda le llevaba a convertirse en el policía bueno que controlaba nuestra existencia, con la alegre bandera de la igualdad y un relato utópico optimista.

Es cierto que las buenas cifras macroeconómicas, que las hay, no llegan aún a las pequeñas y medianas empresas ni a las familias. Es cierto que la crisis ha supuesto un recorte de derechos y ha acrecentado la desigualdad. Es cierto que hay que hablar con pudor de recuperación cuando todavía mucha gente lo está pasando mal, y que toda prudencia es poca cuando tanta gente se ha sacrificado tanto. Pero no hay que cerrar los ojos a que el país se financia mejor y paga menos por su deuda, se ha detenido la hemorragia de la pérdida de empleo y hay cierto consenso entre los economistas de que las cosas están mejorando algo, lentamente, pero algo. Siendo la economía el arte en la predicción de lo que ya ha ocurrido, no es lo de menos. El Gobierno, consciente de todo esto quierecentrarse en la microeconomía, o sea, en lo que los ciudadanos percibamos cuando nos metamos la mano al bolsillo. Frente a todo eso y desde la izquierda se puede hacer un discurso basado en los derechos sociales y la igualdad pero nunca bajo la premisa falsa de que todo está peor que hace dos años. Rubalcaba quiere culpar de los recortes en el Estado de bienestar a la maldad intrínseca del PP y de la derecha, pero los recortes al Estado de Bienestar y el malestar con el Estado han llegado de la quiebra producida mientras los optimistas de ayer, pesimistas hoy, pensaban que las vías de agua eran champán francés y los bancos españoles los más solventes del mundo.

Si Rajoy ha apostado pronto y mal por la recuperaciónperderá las elecciones pasará a la vitrina de ilustres y peligrosos optimistas. Si Rubalcaba se ha equivocado metiéndose en la cueva negra de la hecatombe y en la tentación de la enmienda a la totalidad, le va a pasar como a aquel cura de pueblo que domingo sí y domingo también atemorizaba a sus feligreses con el lago del Averno, las calderas de Botero y el llanto y rechinar de dientes; hasta queun buen día un feligrés se levantó de su banco y le dijo: “Si tenemos que ir al infierno se va, pero no nos acojone, padre.”.


Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

sábado, 22 de febrero de 2014

LAS VISITADORAS

DON TANCREDO Y LAS VISITADORAS

Cuarenta y tres años de actividad terrorista y ochocientos veintinueve muertos. La mayor banda criminal de la Europa del siglo XX y XXI. Su arsenal es incalculable. Pero ya han comenzado el desarme, dicen algunos periódicos. Verificando verificando el recuento es como sigue: tres pistolas y un fusil; dos granadas de cuando reinaba Carolo. Unos paquetes marrones que bien pudieran ser un hermético con bacalao al pil pil. Verificadores a punto de explotar. No por causas exógenas, porque la mesa del desarme tiene mucho menos peligro que cualquiera de esos miuras que lidia Rafaelillo.  La mesa del desarme de ETA es solo un poquito más peligrosa que esas mesitas de camping en el que las niñas venden las pulseras que ellas mismas hacen en la playa. La mesa tiene un poquito más de criminal que la mesilla de noche de Barbie, pero un poquito. A punto de explotar sólo los verificadores y de satisfacción. Sin duda pasaron por la sidrería antes del desarme. Uno no puede verificar nada después de meterse una tortilla de bacalao de cuatro huevos. Eso si es explosivo. En la foto del desarme, lo más explosivo sin duda: la barriga de vividor de los visitadores. No consta que las pistolas (tres) estén inutilizadas. Ni las granadas del XIX. Lo único inutilizado en la foto es un cartel. El cartel es pequeño y azul y luce el símbolo asesino. Un símbolo y un cartel como de conferenciante visitador médico venido a menos en unos laboratorios al borde de la quiebra. Un cartel que no han desactivado ni los etarras ni los vividores, perdón, "verificadores". Un cartel absurdo y criminal desarticulado, desvencijado y desarmado por la Policía, la Guardia Civil y la sangre de los mejores de nuestra democracia: las víctimas de estos asesinos. Ochocientos veintinueve verificadores de que no podemos tragar con el desarme de la Señorita Pepis ahora que hemos ganado. Que nos recuerdan que cada gota de su sangre, cada lágrima de sus mujeres, cada sollozo de sus hombres, cada beso no dado a sus hijos es el precio más alto que hemos tenido que dar por la democracia y el Estado de Derecho.

Los "verificadores", con su jeta de notarios de mercadillo y sus panzas rezumando cocochas por el ombligo, parecen salidos de un chiste de Gila. Si viviera el genio de la camisa roja saldría corriendo a por un teléfono:
-están los verificadores? Que se pongan.
-¿os habéis asegurado de que las tres pistolas son las que quedan de matar a casi novecientos? Ahh, que no, que estabais dándole a la cococha. Vaaale,vaaale vaaaale...
-¿y los paquetes marrones eran explosivos? Ah que no habéis mirado...
-oye y ¿dónde habéis estudiado para verificadores? Porque con lo mal que os abrocha el abrigo no se debe vivir mal. Ah, que no habéis estudiado. ¿Y no hubiera sido mejor que lo verificara la Guardia Civil? Ah, claro que igual miran.


El caso es que habrá quien compre la mercancía como desarme. Es más, por mucho que le pongamos adjetivos, el mero hecho de que hablemos de esto ya es una batalla perdida con esta gentuza. Su desarme es como su arrepentimiento, una infamia. Sus capuchas siguen activas y nada como su voluntad queda al descubierto con esas caras cubiertas. El papel que le entregan a los verificadores de la nada no localiza sus zulos, ni sus arsenales, ni las piras funerarias de todo lo empleado para matarnos. Una mierda de papel, vamos. Pero da igual, porque con todo, sabemos que no nos siguen matando porque no pueden, sabemos que su único arrepentimiento es el de no habernos matado a más, sabemos que sin el sacrificio y valor de las fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado de Derecho seguirían asesinando y secuestrando. Su desarme moral se ganó hace décadas. El armamentístico se lo pueden meter por donde les quepa hasta que no se arrepientan y pidan perdón a las víctimas y a la democracia. Y con todo mi cariño hacia los verificadores de la nada, las visitadoras de Don Pantaleón y el club de la comedia, aquí quienes nos deben verificar qué es admisible y que es inadmisible no son uds. Ni el Gobierno ni los políticos. Aquí el listón moral contra el terrorismo lo tenemos mucho más alto que nadie y nuestro esfuerzo es mayor que el del exhausto botón que trata de contener su panza dentro del abrigo. No aceptaremos nada ni tragaremos con nada que nos vuelva a hacer llorar por las niñas de la casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

jueves, 13 de febrero de 2014

JUSTICIA UNIVERSAL


JUSTICIA UNIVERSAL


            El Grupo Popular ha registrado una proposición de ley para reformar el artículo 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial: los jueces españoles sólo podrán investigar delitos de genocidio o lesa humanidad cuando la causa se dirija contra ciudadanos españoles o extranjeros que residan habitualmente en España o cuya extradición hubiera sido denegada. Aunque el título de mi artículo pueda parecer el de una de esas películas americanas de explosiones -que jamás sería nominada a los premios Goya dada su rentabilidad en taquilla-, lo cierto es que el principio de Justicia Universal es una de las más hermosas utopías del Derecho Internacional. Eso de que haya genocidas o delincuentes impunes gracias al poder que ostentan u ostentaron en sus Estados, normalmente dictaduras, es injusto y repugna a la Humanidad. Sin embargo, una cosa es que la Justicia pueda ser realmente universal y otra muy distinta que su universalidad pueda canalizarse a través de los tribunales de justicia de cualquier país juzgando a cualquier ciudadano del mundo. Así que abracémonos a la hermosa utopía de una jurisdicción única mundial de un Tribunal Internacional reconocido por todos los Estados; pero para eso todos deben acatarlo. Sustituir esa verdadera justicia universal impartida por un Tribunal reconocido por todos, y pretender homologarla con que el Tribunal de un Estado se crea con derecho a juzgar cualquier asunto mundial es falaz. Al menos, para eso, se requerirían unos estándares de “calidad democrática”, igualdad y legislación básica que no se antojan como una utopía sino como un imposible. Si la falta de reconocimiento por parte de muchos Estados de un Tribunal Internacional se trata de paliar explorando el atajo de que sean los tribunales de cada Estado, con sujeción a sus propias normas y leyes nacionales, los que traten de impartir una suerte de justicia mundial, estamos perdidos. ¿Qué podría pasar si a todos los países les da un ataque de celo quijotesco español? ¿Debe destinar uno de los poderes del Estado los recursos de sus nacionales a juzgar la maldad de un chino en 1966 en el Tibet aunque no conste víctima española en la causa?.

            Las críticas de la oposición sobre la modificación de la LOPJ se disfrazan de universalidad e internacionalismo igualitario cuando más bien es todo lo contario: ombliguismo. La diferencia entre la justicia impartida por Robin Hood y El Zorro de la impartida por un tribunal es, entre otro millar de cosas, la delimitación de su ámbito legal. El PSOE ha criticado la modificación -e incluso anuncia ir al Constitucional- olvidándose de que en junio de 2009, con el presidente Zapatero en La Moncloa, se modificó este mismo precepto para establecer las primeras limitaciones a una jurisdicción universal, con ocasión de una petición diplomática de Israel para acabar con la instrucción de un sumario por presuntos crímenes de guerra. Más atrás aún (cuantos enemigos surgen por tener memoria) con el caso Pinochet (1998) el ex presidente Felipe González confesó que se oponía a que se le juzgara fuera de Chile porque creía en la territorialidad de la aplicación del derecho penal. Pero aún sorprende más que sea la izquierda más radical del arco parlamentario, como ERC y otros, los que nos hayan salido mucho más patriotas y españoles que el PP para defender la notoriedad de un puñado de jueces en la Audiencia Nacional; con un ardor no visto para reconocer los derechos lingüísticos de los trabajadores castellanohablantes en Cataluña, por ejemplo. Al menos, deberían exhibir sobre qué norma de derecho internacional ha obtenido la Audiencia Nacional una especie de certificado de calidad ISO que indica su superioridad sobre cualquier otra toga o puñeta del universo.
            Pocas cosas hay que necesiten más orden, organización y rigor en su delimitación que el Derecho y la función jurisdiccional de los tribunales. En Derecho el trámite es proceso. Prieto-Castro, maestro de maestros, catedrático de Derecho Procesal a muy temprana edad en Zaragoza, fue en los años sesenta decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense. Allá por el año 68, y ante una revuelta estudiantil en la Facultad, acudió al epicentro de la protesta a preguntarle a sus alumnos por qué protestaban. El enardecido alumnado le contestó que para derribar a Franco, a lo que el decano contestó: “muy bien, pero eso lleva sus trámites”. Que el trámite de la Audiencia Nacional, el orden en suma, se delimite a su intervención en el caso de que las víctimas sean españolas o extranjeros residentes parece lógico en Derecho, y no es un atentado contra la utopía de la obtención de una justicia universal porque la justicia universal es otra cosa distinta a que cada país haga lo que le venga en gana. La verdadera justicia universal tal vez llegue algún día pero es una de esas utopías  que como mínimo, y como diría Don Leonardo Prieto-Castro, lleva sus trámites. 



            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.




           




jueves, 6 de febrero de 2014

DERECHO DE TODOS A DECIDIR TODO


DERECHO A DECIDIR TODOS

            Nació en la vaquería de su padre y por eso cuando Felipe González asiste a un parto mete la mano hasta el hombro hasta que le sale un ternero. Tomando un café en torno a Jordi Évole, fuerza gravitatoria sin igual, le ha dicho a Artur Mas a la cara que en el caso de que un día hubiera que decidir sobre la estructura territorial de España, tienen que decidir todos los españoles. Y le ha lanzado a Artur Mas -y a su fingida y autosuficiente sonrisa- una frase rebosante de sentido común que acaba con todo: “si alguna vez hay que decidir, cosa que no deseo, yo creo que tengo tanto derecho a decidir como el presidente Mas”. La cosa se entiende bastante bien. Felipe González siempre ha hecho del lenguaje un arma de conocimiento o desconocimiento, según convenga. Puede ser Demóstenes o Cantinflas y con tales registros cuando quiere se le entiende todo.

            En contraposición a la llana claridad del ex presidente González para con el pesadísimo asunto, a José Manuel García-Margallo le ha caído la del pulpo por venir a decir en el Financial Times que Escocia puede celebrar una consulta sobre su independencia si Gran Bretaña la consiente y es legal. El titular de Exteriores aclara que España consideraría una hipotética solicitud de adhesión escocesa a la Unión Europea si se atiene a la legalidad. Como autómatas, los comparadores de realidades plurinacionales se han puesto a funcionar como esos comparadores on line de seguros para el coche, y apretando el botón en lugar de cien aseguradoras les han salido una docena de agravios basados en que se le niega a Cataluña lo que se le consentiría a Escocia. Lo cierto es que García-Margallo, cuya solvencia intelectual está fuera de toda duda, es más de Deusto que de vaquería de un barrio de Sevilla, y eso no siempre es una ventaja cuando de lo que se trata es de explicar cosas sencillas, tan fáciles como que una parte no puede hacer lo que le de la gana en contra del todo y de la ley. Chirría que sea el Ministro de Asuntos Exteriores el que tenga que opinar tan abundantemente. Sería más adecuado que el Gobierno no opinase y se limite a actuar cuando le toque. La pedagogía debería hacerla a través de su partido, si es que existe un Partido Popular capaz de hacer pedagogía sobre algo. Puesto a hablar el Gobierno, que lo haga el Ministro de Justicia, el de Administraciones Públicas o el sursuncorda. Cualquiera menos el de Exteriores.

            El sabiniano bulevar de los sueños rotos está plagado de desconsolados devotos de San Agravio Independentista pero no hay Garibaldi que cante como Chavela Vargas amarguras que no son amargas. El independentismo escocés, el catalán, el vasco y el de Osetia del Sur sí tienen denominadores en común. La raíz es la misma y la solución única idéntica: dotarse de un Estado para lo que ellos llaman su nación. Las bases son idénticas: hechos diferenciales, estuante fingimiento de agravios con engorde artificial y, al fin, la deseada desafección para con “el invasor”. Cataluña y Escocia se parecen como un huevo y una castaña. En Escocia para asfaltar una carretera, sacar la basura o cerrar los bares media hora más tarde tienen que pedir permiso a Londres. Nada hay más difícil que hacer comprender a un nacionalista escocés todas las competencias políticas y administrativas que tienen el País Vasco o Cataluña. David Cameron tiene cauce legal para autorizar la consulta, lo que conjugado con el hecho de que a los británicos eso de la construcción de una auténtica Unión Europea les da bastante igual, e incluso lo ven con cierto grado de amenaza para sus intereses, convierten a Escocia en algo tan distinto a Cataluña como parece y como cualquier marciano recién aterrizado advertiría a la primera.

            Dicho lo cual, haría bien García-Margallo en abandonar los circunloquios y -ya que habla tanto- expresarse con más claridad eliminando comparaciones: la legalidad no permite consultas en una parte del Estado en contra de la unidad y la soberanía nacional. Felipe González y Ud. tienen tanto derecho a decidir como el Presidente Mas. Lo dice la madre de todas las leyes vigentes en Cataluña que se llama Constitución Española. Todos somos iguales ante la Ley y no cuela que algunos quieran ser más iguales que otros. Menos aún para cambiar las leyes de todos. Lo dice más claro el hijo de un vaquero asturiano que se fue a un barrio de Sevilla: Felipe tiene tanto derecho como Artur. Decidamos.


            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.