JUSTICIA TOTAL
El titular
del Juzgado de Instrucción 3 de Santiago, Luis Aláez, ha acordado tomar declaración en calidad de imputado "a las persona/s de Adif
responsable/s de la seguridad en la circulación en el tramo de la línea ferroviaria que une las estaciones de Ourense y
Santiago a fecha del 24 de julio". El juez argumenta en su auto de
imputación que, con independencia de la
presunta responsabilidad del maquinista, puede haber responsabilidad penal de
ADIF por cuanto no había previstas medidas de seguridad
que paliaran el despiste. En el razonamiento jurídico segundo, precisa: "...Se ha indicado que las
muertes y lesiones producidas...se encuentran obviamente conectadas con la
conducción inadecuada por exceso de
velocidad...pero un examen más detenido permite inferir
también su conexión con la omisión de medidas de seguridad
preventivas de naturaleza vial y, en definitiva, con una conducta imprudente de
las personas responsables de garantizar una circulación segura en el tramo de la vía donde se produjo la catástrofe".
La
argumentación del juez instructor nos
lleva al fenómeno de la justicia total, un
fenómeno muy extendido, de
importación estadounidense, y desde mi
punto de vista ayuno de sentido común, según el cual detrás de todo mal tiene que haber
un responsable con capacidad para indemnizar. Como el maquinista cometió presuntamente un error garrafal que costó la vida de 80 personas alguna responsabilidad tendrá el Estado. Es un argumento que enlaza con la desaparición del caso fortuito y las causas de fuerza mayor. Pero
volvamos al fatídico tren cuyo accidente no
fue ni inevitable ni fortuito. Según la argumentación del juez, y llevada su lógica hasta extremos no muy
lejanos, los automovilistas que sufren un accidente por un irracional exceso de
velocidad (190 kilometros por hora en tramo de 80) deberían ser solo corresponsables en tramos de carretera tan mal
ejecutados como la A-2 de Zaragoza a Madrid o no digamos en la N-232. Si llevase
un acompañante en su vehículo deberá ser indemnizado por la
Administración aunque el firme esté en buen estado, el tramo esté bien señalizado y el peligro advertido.
La
pretensión de la argumentación contenida en el auto es que para evitar un accidente debe
siempre haber medidas preventivas que funcionen, con lo que evidentemente el
accidente no debe producirse. Pero lo cierto es que esa medida preventiva se
llamaba maquinista, cuya función casi única en los trenes de hoy en día es controlar la velocidad. La curva del accidente era de
gran peligro, y así venía señalizada en todas las rutas,
siendo conocida por los maquinistas. Pese a lo cual se produjo la distracción letal. Pero es que en los accidentes no hay lógica, si la hubiese se evitarían, y ni la justicia total
puede evitarlos. El juez Aláez cree en la superioridad de
la máquina sobre el hombre, algo
que probablemente llegará, pero cuando lleguen las
supermáquinas que sustituyan al
minihombre, si lo ven nuestros ojos, y sigan produciéndose accidentes mortales, él y los partidarios de la
justicia total imputarán a los programadores informáticos que los diseñaron.
En Estados
Unidos ya nadie quiere ser ginecólogo porque la elevada
probabilidad de que un parto venga con dificultades para el bebé o la madre ha arruinado a más de uno y a sus aseguradoras.
Parece ser que bajo ninguna circunstancia una madre o un bebe pueden morir en
un parto si el ginecólogo es un buen profesional.
Lo cual es falso, evidentemente. En España es frecuente que inversores
de productos financieros de elevado interés y alto riesgo acaben siendo
indemnizados cuando su inversión es ruinosa. Cuando sacaban
intereses del treinta por ciento con sus productos no los repartían entre los ciudadanos. Pero ¡ah! es que... fallaron los controles. Y si los controles no
fallan, fallan los que controlan a los controles y si no, los que controlaban a
quienes debían controlar al controlador. Es
pueril afirmar que detrás de todo daño debe haber un responsable. Un razonamiento infantil que
trata de protegernos de la certeza de que en la vida hay situaciones injustas y
dramáticas. Ni la necesaria defensa
de los ciudadanos, de los consumidores y
usuarios, ni la responsabilidad individual pueden confundirse con un sistema de
justicia total que pretenda que todo daño es consecuencia de que falló un control. Existe la desgracia como existe la enfermedad,
el mal y la injusticia aún con controles.
Víctor Manuel Serrano Entío. Abogado.
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