viernes, 31 de enero de 2014

LO NORMAL

LO NORMAL

Si compramos la mercancía gubernamental y sus previsiones caminamos hacia la normalidad. Y si la normalidad llega, por primera vez en más de diez años la Presidencia del Gobierno estará en conjunción planetaria con el país. Rajoy no es mediático ni fotogénico. No juega con la telegenia ni el marketing. No vende. No conecta. Tampoco es un narcisista que vea el mundo por encima del hombro de los demás. Se aísla más por timidez que por egocentrismo. Se enfrenta con los problemas desde el pragmatismo y con cierta indefinición. No juega con el paso del tiempo pero lo  negocia. Carece de inclinación a procurarse una buena imagen. No le gusta jugar con la prensa ni comparecer. Su urticaria mediática es una rémora para su Gobierno. Viéndole frente a un periodista uno cree en la combustión espontánea y teme que el Presidente se haga cenizas como aquel paisano de Gila al que los amigos colgaron de los cables de la luz. No esconde secretos cuadernos azules de serpenteantes anillas. Es previsible y aburrido. Habla en gallego cuando usa el castellano y no hace brillantes discursos teóricos alejados del suelo sobre las olas y el mar. No es el mesías. No identifica a la nación con su persona, si acaso con su proyecto, pero no cree que él sea España ni que en la legión crítica haya locos antipatriotas. Pese a esa manía a veces de hablar de sí mismo en tercera persona como los futbolistas argentinos al final del partido, no se desprende ningún exceso de confianza en sus capacidades, no piensa arreglar la galaxia, bastante tiene con Burgos. Sabe que rendirá cuentas solo y exclusivamente ante los ciudadanos, en unas urnas, alejado de eso gobernantes que solo se confiesan ante Dios o ante la historia como si Dios estuviera dispuesto a embaularse los presupuestos generales del Estado y la Historia no tuviese mejor cosa que hacer que las notas de prensa del consejo de ministros. De su exasperante previsibilidad y de su prudencia surge la tranquilidad del personaje frente a los problemas. No hará experimentos políticos ni habrá resultados imprevisibles.

Rajoy es un tipo normal que aburre como los tipos normales. Ni siquiera se molesta en dar una noticia, algo con lo que ganar complicidad con la prensa. Hasta las chicas de la calle de la Montera saben que sin llamar la atención no hay atención a la que llamar. El tipo normal que nos gobierna (si se me admite lo de “normal” pese a que el Washington Post hace más de cuatro décadas que recomendó no abusar del adjetivo porque no hay muchos parámetros que nos definan qué es normal), no tiene síndromes acuciantes de aislamiento o pérdida de contacto con la realidad. Aún no hay síndrome de La Moncloa. Sigue a lo suyo, en el día a día, en  la distancia corta, en las cuentas.

Ese carácter, extenuante para sus partidarios, agotador para sus colaboradores y caricaturizado por sus enemigos es el carácter del Presidente del Gobierno, un carácter que le va a venir bien al país ante el desafío de los separatistas catalanes que pretenden consumar un golpe al Estado sin salpicarse la camisa negra. A Rajoy, sin hacer mucho ruido, no le temblará el pulso a la hora de imponer la legalidad vigente en Cataluña. No es un hombre seguro de sí mismo ni impone el ejercicio del poder por encima de cualquier lógica. Por eso, llega virgen en cuanto a excentricidades al gran problema secesionista en Cataluña, y cuando ejerza la autoridad e imponga el poder coercitivo del Estado los ciudadanos percibirán que el uso de los mecanismos legales y constitucionales contra la sedición y el caos, tienen lógica y son normales. El hombre al que le llega la obligación no buscada de tener que ejercer el poder desde la base, o sea desde el principio de autoridad, cuenta en su haber con la ventaja de que no ha cometido más actos ilógicos que el de seguir manteniendo la subida de impuestos. Su autoridad, además, se verá reforzada por el consenso alcanzado con el Partido Socialista tras su regreso a la cordura y a la normalidad en Cataluña después de un agotador y eficaz trabajo de Pérez Rubalcaba. También Rubalcaba es un tipo normal. Normalidad, bendita normalidad en un país en el que nos estábamos acostumbrando a que lo normal es lo anormal.



Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

Independencia de baraja

LA BARAJA INDEPENDENTISTA


La independencia de Cataluña ya tiene baraja. Un acierto.Por ahí deberían haber empezado, en lugar de garabatear enlos libros de Historia. Todo juego de engaño necesita por lo menos baraja, tres cubiletes y una bolita. El naipe es muy español y por eso chirría un poco que el merchandisingindependentista catalán ya tenga baraja. Pero la cosa queda explicada cuando uno descubre en las cartas que Anciles,Benasque y Llanos del Hospital son Cataluña. Veremos castañuelas independentistas, es cuestión de tiempo. Nunca es tarde en esa habitación acolchada de delirios de grandeza en la que los independentistas han decidido darse cabezazos de frustración. Las cartas pancatalanistas son el mapa del tiempo de la Tv3 pero con las esquinas dobladas y mostosas como en una partida barojianaPor ahí, ninguna novedad, si acaso el formato cañí. Incluyen, además del Valle de Benasque(pintado de color naranja como el Valle de Arán), una extensaparte de la Región de Murcia. Viva Cartagena. Con un par. Es cierto que el diseño gráfico de las cartas es feo y rebuscado.Tiene un aire a tarot, a futuro incierto, a porvenir frustrado. Es como si en cualquier momento las pillara la bruja Lola y de propina le pusiera tres velas negras a Albert Rivera. Mientras Heraclio Fournier se remueve en su tumba vitoriana, los nacionalistas continúan la recreación virtual de un escenario horizontal cada vez menos azul europa más verde asfixia. Verde como el tapete verde en la mesa de mármol de un casino mercantil del XIX.

La "Gran Nación Catalana”, con sus linderos expandiéndose como escalera de color, cantando alegres en popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul, se pinta en dos colores: rojo para los que consideran que hablan catalán, y naranja para los que consideran que hablan otra lengua. Siempre que hay partida hay revuelo en elSaloon y surge la inquietud de tener que advertir que no se dispare ni a la vajilla ni al pianista. Artur Mas ha metido al país en una timba de póker y solo quiere jugar con sus reglas sin normas y sus cartas marcadas en humoLa deriva catalanista es una partida en Las Vegas sin el cálculo previo de probabilidades del libro de Los PelayosLa ruleta de naipes gira sin saber si la inercia hará que salgan disparados el rey de oros o la sota de bastos.

Al igual que aquel banderillero de “El Guerra”, que degenerando degenerando llegó a gobernador civil, las cartas del independentismo catalán degenerando degenerando han pasado de carta internacional con aspiraciones fundacionales a naipe de cantina fundicional. De Moscú a Irkutsk, de Lérida aBruselas, el independentismo catalán quiere el poder de todos los Zares pero no encuentra en Mas un Miguel Strogoff.Ninguna cancillería da respuesta a sus cartas y se les ha quedado cara de novio de antes, con dos entradas de cine en el bolsillo y sin plan. Puede que tengan que ir conformándosecon echar un guiñote en el Ansils de Benasque con notarios de Zaragoza y ganaderos de Cerler, si es que pasan por aquípor nuestra zona naranja. Más allá de que nos refugiemos en el humor para disimular nuestro hartazgo, como Ramón Gómez de la Serna y otros se refugiaban en el café de Pombo o Miura se desembarazaba de su hipocondría, lo cierto es que resulta muy molesto que el vecino de arriba esté siempre insinuando que los calzoncillos que tendiste en el tendedor de tu terraza se le cayeron a él y son suyos.

La suerte y el éxito de esta partida no está en los naipes sino en el seguimiento de las reglas del juego concumplimiento de las normas. Rajoy y Rubalcaba ya se han puesto de acuerdo para neutralizar la partida de Mas y vengar el desafío como Redford y Newman se vengaron en “El golpe” de Robert Shaw: siendo más pacientes que él. Aunque esto se asemeja más a una partida de mus que a una apuesta hípica porque el caballo desbocado corre en sentido opuesto a la meta.


Víctor M. Serrano Entío. Abogado.


jueves, 16 de enero de 2014

FRUTAS CONFITADAS


FRUTAS CONFITADAS

            A primeros de diciembre de 1948 una radio de Washington DC telefoneó a varios embajadores para preguntarles qué querían pedir por Navidad. El embajador de Francia en Estados Unidos abogó por la paz en el mundo. Alexander Panyushkin, su homólogo soviético, pidió la libertad del proletariado más allá del imperialismo. Sir Oliver Franks, Embajador del Reino Unido, contestó: “Son ustedes muy amables. Desearía una caja de frutas confitadas”. El mismo día que el Presidente Rajoy era recibido y alabado por el Presidente Obama, Rosa Díez bromeó en los pasillos del Congreso de los Diputados aludiendo a que la peregrinación mariana más que a Estados Unidos debería haber sido a Lourdes. Lo cual demuestra que quien quiere ser madre superiora de la regeneración política en España, tras treinta años de vivir en la política no ha entendido nada de la política exterior. En la tabla periódica de los elementos políticos patrios, Rosa actúa más como catalizador ácido que como inhibidor. Se maneja mejor en la hiel que en la miel. Un desperdicio dada su gran capacidad para la acción política.

            Así las cosas, la oposición no ha podido empañar el éxito del viaje de Rajoy a EE.UU pese a esa manía, tan arraigada en los partidos cuando ejercen de oposición, de hacer una enmienda a la totalidad de cualquier cosa y de no marcarse ninguna línea roja de rubor. Una precaución que deberían tener en beneficio de su imagen y credibilidad cuando lo que sale bien va en beneficio de todo el país. La política internacional es una amalgama de certezas e imponderables. Un equilibrio de intangibles en el que a este lado del ala oeste de la Casa Blanca hay una realidad incontestable: Estados Unidos, 25% del PIB de la economía mundial, es el principal aliado de Europa y sigue marcando la política internacional y en gran medida la economía mundial. En ese contexto, el Presidente del Gobierno ha cosechado a lo largo de esta semana un éxito sin matices.

            Para ganarse el favor norteamericano todos los presidentes han tenido que ir haciendo lo suyo. Suárez tragaba orgullo mientras arreglaba el nudo de su corbata y aguantaba la fiscalización que la administración norteamericana le hacía de la democracia, una auditoría no siempre fácil en una España aún convulsa. En 1977 visitó EE.UU como un Kennedy español. Felipe González se envainó el OTAN NO y con la fe del converso acabó nombrando Secretario General en la alianza. Si Reagan le deja, Felipe acaba poniéndole su nombre a un misil de alcance medio a lo Pershing II. Aznar, nuestro presidente más norteamericano,  venció su rigidez corporal y emocional para poner los pies en la mesa de Bush; calzado español en lo alto del imperio en los años de mayor prestigio internacional de España. Luego llegó Zapatero y nos bajó de todas las mesas sin saber donde poner los pies. Experimentar e inventar cosas raras en política internacional contra una trayectoria exterior de décadas resultó ser más dañino que Messi eligiendo smoking. Al final Zapatero acabó venciendo su acné juvenil como los enfermos inmunodeprimidos vencen a los virus, metido en una campana. En aquel Washington Hilton en el que tuvo que rezar genuflexo en el national prayer breakfast para hacerle la pelota a Obama. Nada hacía sospechar que un puñado de meses después el Presidente Obama llamaría de noche a La Moncloa. Cuándo se descolgó el teléfono y tras el rechinar de dientes, se oyó del americano lo mismo que le dijo el elefante del chiste al explorador que acababa de cercenar su trompa con un machete.

            El viaje de Rajoy, ideado y ejecutado brillantemente por el jefe de gabinete, Jorge Moragas, vuelve a poner a España en la senda de los países solventes. La responsabilidad de poder transitar por esa senda es ya española y dependerá de que las cosas se hagan bien. Pero al menos, nos van diciendo los que mandan en el mundo que vamos en la dirección correcta. Cabe darse cuenta de lo positivo del viaje USA en términos de imagen para España simplemente formulando la hipótesis contraria: ¿Qué hubiera ocurrido si Obama hubiese dicho que Rajoy no ha sabido afrontar los retos planteados por la crisis y que sigue habiendo dudas sobre la solvencia de España?. El reconocimiento internacional de que la recuperación económica española es una realidad es de esos intangibles que antes o después se convertirá en la caja de frutas confitadas de Sir Oliver: no conseguiremos la paz mundial ni la libertad del proletariado pero por algo se empieza, así que ¿a quién le amarga un dulce?.


            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.



viernes, 10 de enero de 2014

UNA INFANTA IMPUTADA


MIRAR PARA OTRO LADO

            El juez instructor José Castro ha imputado a la Infanta Cristina por un delito de blanqueo de capitales y un delito fiscal. Dice el juez en su Auto que Cristina miraba para otro lado y la pone a mirar de frente todo lo de la fundación sinónimo de lucro de su marido. Eso podría desembocar en un futuro en que Cristina cuente su vida sentada en un banco, como Forrest Gump nos contó la suya. Gómez de la Serna decía que los sordos ven doble. Como ocurre en España siempre que un asunto judicial adquiere gran relevancia pública, los ciudadanos asisten al colorido carrusel incriminatorio de los magazines de las televisiones y acaban empapándose de una serie de opiniones, no siempre bien intencionadas, que tienen dos denominadores en común: desconocimiento de lo que se habla y falta de respeto por los intervinientes en un proceso judicial y su papel, desde el del juez hasta los abogados sin olvidarnos del fiscal. Sentada la premisa anterior, se produce el efecto perverso de que la discusión, que debería ser jurídica, se convierte en militancia en bandos y los ciudadanos toman partido por la figura del juez que imputa, del abogado o del fiscal en función de si les cae bien o mal el personaje de turno. Una vez desplazado el debate de lo jurídico a lo coronario, vulgarizado y empobrecido hasta una extenuación a veces nauseabunda, pasa a carecer de interés televisivo que los ciudadanos se puedan informar sobre conceptos y principios jurídicos básicos que son explicables por cualquier profesional del Derecho y entendibles por toda la opinión pública y que a raíz de ello pudieran conformar una opinión sólida.

            O sea, que los republicanos, antimonárquicos, detractores del balonmano y muchas madres de hijos únicos y morenos están muy satisfechos con el trabajo del juez instructor e indignados con el abogado del Estado y el fiscal que la defienden por ser hija del Rey. Y los monárquicos, los balonmanistas y algunos padres de niños muy rubios están convencidos de que el juez Castro le tiene manía a Cristina, demonizada por ser hija del Rey. Ninguno se ha leído el Auto de imputación del juez, ni tiene por qué, pero lo peor es que nadie les ha explicado qué es un Auto, la diferencia entre un imputado, un procesado y un condenado, cual es la labor de la Abogacía del Estado en este caso, qué hace un fiscal, qué es una acusación particular o a qué se dedica. La culpa no es solo de las televisiones y sus “debates” de cuñada de tonadillera, sino de que no hay una verdadera formación jurídica básica en la escuela. El Derecho nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos cada día de nuestra vida pero no le procuramos a nuestros hijos un marco educativo que les permita entender lo más fundamental.

            Alguien debería decir que el juez Castro ha trabajado duramente y con rigor en el Auto de imputación y que eso no significa que le tenga manía a la Corona ni que quiera salir en los telediarios. Ni que tenga razón. Alguien debería decir que el abogado del Estado y el Ministerio Fiscal mantienen criterios jurídicos distintos basados en que, a su entender, el delito de blanqueo de capitales y el delito fiscal requieren una participación más activa de la que tuvo la Infanta, sin que eso signifique que su trabajo no sea riguroso, que no sean independientes y que actúen en contra de la Ley y en beneficio exclusivo de la Corona. Ni que tengan razón. Para el juez, Cristina de Borbón ha mirado para otro lado y para la fiscalía y la defensa como lo que parece claro es que mirar, lo que se dice mirar, no miraba no hay delito.

            La esencia de todo proceso judicial es la discrepancia sustentada en interpretaciones contrapuestas de unos hechos y sus consecuencias jurídicas y por eso precisamente tiene que acabar resolviendo un Tribunal. Negar la legitimación del sistema en función de que resulte o no condenada la famosa que adoramos o el personaje que nos irrita es propio de países sin tradición ni cultura jurídica, y desde luego ninguna de las dos cosas es propia de España. El Derecho no son matemáticas y dos más dos no siempre son cuatro. El debate jurídico es siempre complejo pero no por eso hay que sustraer a los ciudadanos de una educación jurídica básica y práctica que les permita formarse una opinión seria y ejercer en plenitud su participación en la sociedad civil.



            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

           

CARICATURA DE RAJOY


RAJOY Y SU CARICATURA

            Por tradición histórica y cierto desahogo, la prensa y los ciudadanos hemos metido a todos los Presidentes del Gobierno en el laberinto de los espejos cóncavos y convexos. Los espejos, como los del parque de atracciones de Zaragoza, nos trasladan imágenes a veces grotescas y a veces divertidas de una realidad que deja de serlo cuando se deforma. Cada Presidente ha tenido su caricatura. La de Suárez fue la de un hombre que podía prometer y prometía, cuando lo cierto es que cumplió con la mayoría de sus promesas y pilotó un tránsito a la democracia ejemplar y estudiado en todas las facultades de ciencias políticas del mundo. La caricatura de González nos traía a un charlatán cantinflanesco de pragmatismo egoísta y personal pero había más patriotismo en muchos discursos y acciones de González del que hoy abunda, que abunda muy poco. Aznar siempre será la viñeta de un señor de ceño complejo con los pies en la mesa de los Estados Unidos, la caricatura de un prepotente que enmascara que bajo sus gobiernos hubo grandes consensos y que España alcanzó el máximo peso internacional como nación respetada. La caricatura de Zapatero es la de un hombre hecho de ocurrencias y buenismo, de cejas en punta y gobernando la tierra a través del viento, pero en su acción política, equivocada o no, había mucho más voluntarismo que improvisación y desde luego no era el personaje vacío de contenido que se nos presentaba. A Rajoy le ha tocado la viñeta del hombre permanentemente tumbado en el sofá que se fuma un puro mientras ve pasar los problemas de España por las ventanas del Palacio de La Moncloa a la par que el Tour de Francia por la televisión. No tenemos aún la perspectiva del tiempo para saber si esa realidad, seguro que deformada, acabará siendo injusta o solo sarcástica, veraz o solo irónica.

            Dos años de legislatura después sí que podemos afirmar que Rajoy ha gobernado con mayor decisión de la que le reconocen sus caricaturistas. Tal vez por ser un Presidente de escasa aparición pública no se presta a nuevas interpretaciones y enfoques en el laberinto de los espejos convexos. El hombre que se aisló detrás de una televisión de plasma ha emprendido una serie de reformas que, a través del sacrificio de todo el país, ha hecho posible que los ciudadanos hoy ya empiecen a percibir que se ha detenido la hemorragia mortal de la crisis. El hombre que presuntamente dormita en el sofá ha llevado a cabo la mayor reforma de las estructuras económicas del país en estos años de democracia, ha bailado con la más fea sin importarle tener que pisar más de un callo para poder acabar el evento sin que nos expulsaran del baile, y ha tenido que tomar medidas duras que iban en contra incluso de sus más exhibidos fetiches ideológicos, desde subidas de impuestos hasta bolinagas de vinos por San Sebastián. Lo cierto es que, si matizamos un poco la caricatura de Rajoy, tal vez la abulia del hombre en el sofá no sea sino la reserva y el temor de todo introvertido frente a una opinión pública mayoritariamente en contra. O tal vez, prudencia en un gobernante que se va a enfrentar en cuatro años extenuantes a retos que otros nunca tuvieron. Si lo de Rajoy es abulia e inacción, la tarea de gobierno que le queda por delante puede ser un desastre, sobretodo ante el jaque al Estado planteado por el independentismo catalán al que en cuestión de meses se sumará el vasco en función de los resultados. Si por el contrario el silencio ante determinados problemas es fruto de la necesaria prudencia en todo gobernante, no se me ocurre mejor virtud que afrontar el órdago independentista, el mayor problema hoy de España, desde la escolástica virtud de actuar de forma justa y cautelosa.

            En Aragón a los que la matan a la chita callando los llamamos megos, y coflones a los comodones y desustanciados. La caricatura de Rajoy como coflón empieza a chirriar. Un sector de la opinión pública empieza a percibir que es incompatible acampar en un sofá con haber evitado que se despeñe un país que estaba ya solo agarrado al peñasco con tres dedos. Si se consolida la recuperación económica y se empieza a crear algo de empleo, o cambiamos de espejos o de caricaturistas. El que no cambiará a estas alturas es Rajoy porque además tal vez a él no le haga falta.


            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

ZARACADABRA


ZARACADABRA


            Ayer empezó en Zaragoza el festival de magia callejera Zaracadabra. Nada por aquí, nada por allá y de repente… aparece un zaragozano que no está en Jaca. Más vanguardista en sus normas que en sus costumbres, Zaragoza es una ciudad que no deja de sorprendernos. Con la ordenanza municipal en la mano, los perros ya pueden entrar a los bares. Pronto los veremos jugar al póker como en un cuadro de Coolidge. Llegarán al casino en tranvía por Independencia mientras un ciclista pedalea en paralelo por un carril imaginario. No se si tranquiliza saber que la única condición que se impone por la municipalidad a los perros de razas extremadamente peligrosas es la de ir atados antes de recostarse en la barra del bar y pedirse una caña con limón y una gamba con gabardina. Uno desconoce si los perros de razas extremadamente peligrosas, por muy atados que vayan, distinguen las piernas con gabardina de las gambas, con el hueco que dejan las entrehoras en el estómago vacío; un estómago con dientes que también se intuye extremadamente peligroso.

            Mientras la extra de los funcionarios ilumina el comercio en una Navidad mucho más alegre que la del año pasado, se cumple con la tradición navideña de raptar figuras del nacimiento municipal. Liberado Melchor tras su secuestro exprés del Belén del Pilar, allá donde de noche descansan los pastores y los agentes duermen como un Niño Jesús, falta saber qué habrán exigido sus captores a Gaspar y Baltasar. Tal vez el, tan necesario en Zaragoza, cambio climático. En estos primeros días del invierno, con la ciudad sumergida en la navidad y en la intermitencia de las nieblas, el puente de Piedra es un puente aéreo que sobrevuela el cauce del río. Pasear por él es darse un paseo entre las nubes. Las casas emergen altivas entre las burbujas líquidogaseosas del enorme caldero en el que se zambulle la ciudad. Un caldero de pociones mágicas que transforman al Ebro en una corriente subterránea. Cuando el invierno llega a Zaragoza tenemos la sensación de que nunca se fue. Solo el cierzo y la lluvia son capaces de disipar el vapor frío de la ciudad emergente y cuando llega, los deseos de la gente se dividen entre los que añoran la incómoda niebla y los que abrazan al cierzo. A veces sale el sol para recordarnos que existe.

            El recuento de los últimos días del año nos enumera una ciudad que sigue en dificultades, en el que muchas familias han seguido empobreciendo mientras otras muchas están mejor que hace un año, lo que acrecienta una brecha injusta. Tras los años más duros, especialmente este que ya dejamos aliviados sin la nostalgia del tiempo, la ciudad ha redescubierto su mundo interior pagando el peaje de volverse más introvertida, menos luminosa, pero más solidaria. El año nos deja un banco astillado en el Pilar, cines que se apagan, un equipo que desciende, trenes parisinos que por defecto no se detienen en Delicias y tranvías que por exceso se detienen en el puente de Santiago, una plataforma logística que se  reurbanizará en los nuevos juzgados de la Expo, mientras la ciudad sigue su rumbo discreto como cogiendo carrerilla para afrontar con confianza unos días por venir que es ya seguro que van a ser mejores. Zaragoza es la ciudad que siempre despierta.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

ESPERANDO A GODOT



ESPERANDO A GODOT
           
            Elena Valenciano, esa estratega, ha anunciado que su partido va a presentar en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley para que el Gobierno denuncie "inmediatamente" los acuerdos de España con la Santa Sede. La actual dirección del PSOE está algo pasada, y cuando no se encuentra a sí misma, o sea, día sí día también, recurre al trasnochado fetiche ideológico de sacudirle al clero. Están en capilla y hasta que les llegue el bautismo siguen con la penitencia. Ni la eucaristía con la confirmación de Susana Díaz pone un mínimo de orden sacerdotal. Como no consta aún matrimonio, cada vez que los socialistas hacen un acto de partido, más que boda parece unción de enfermos. El PSOE es el partido socialista con más votantes y afiliados católicos de Europa, pese a las obsesiones laicistas de los años de Zapatero, ese escritor; obsesiones que al parecer perduran más que el propio Zapatero. Elena Valenciano, que abandonó Derecho para no acabar Ciencias políticas, olvidó matricularse en Sociología para percibir que no hay en la calle mucho clamor popular por el grave problema de "la libertad religiosa ". Es más, sabíamos de esos problemas en Arabia Saudí e Irán, pero en Villanueva y Almansa no constaban.

            Cuando Rubalcaba se sentaba en el Consejo de Ministros olvidó decirle al Presidente que denunciara el Concordato con la Santa Sede y que los funerales de Estado mejor sin curas. El laicismo que pregonaba el Presidente Rodríguez Zapatero era difuso y nos alineó en su Alianza de Civilizaciones con Yemen, Afganistán, Arabia Saudí, Irán, Pakistán y otros estados que no son precisamente iconos del laicismo y de la libertad religiosa. Pérez Rubalcaba ha recuperado felizmente la memoria en la oposición, como aquella prima de Gila que en el paritorio, durante el quinto parto, cayó en la cuenta de no haberse casado todavía. En los 34 años de concordato con el Vaticano el mayor acto de exaltación político-religiosa lo ha protagonizado el PSOE subiendo a los altares a Susana Díaz. Su evangelización es tan forzada que no queda más remedio que concluir que tiene algo de artificio. La exageración de las virtudes pueden llevar al esperpento. El PSOE peregrina hacia el “susanismo” como recitando aquella copla navarra de exaltación a San Fermín: “San Fermín de Pamplona/nuestro Santo Patrón/confesor, obispo y mártir/virgen y madre de Dios”.

            La necesaria regeneración y fortaleza de los socialistas no llegará mientras ellos mismos perciban que la memoria colectiva les obliga aún a tener que dar explicaciones por los últimos años de Zapatero. El ex presidente, ese dilema humano, hasta ha escrito un libro en el que nos cuanta que no vio la crisis porque Solbes no se la puso en un PowerPoint ni le hizo un croquis. Libro que adjunta carta oficial recibida en su condición de Presidente, remitida por Trichet, presidente del Banco Central Europeo, y que a tenor de su contenido ‘sensible’ para la seguridad económica del país se emitió clasificada como estrictamente ‘confidencial’. Debería haber algún artículo de algún texto legal para impedir que Sonsoles la tuviera en el cajón de la mesilla junto a las gafas de ver de cerca.

            El PSOE nacional es la casa de los líos. Lastra a las Federaciones en las que las cosas se hacen razonablemente bien, como en Aragón con Javier Lambán, político cercano a sus bases y hombre elegante y prudente. No habrá orden en Ferraz hasta que no surja un nuevo líder. Un líder sin ataduras con el pasado, con pocos años en la responsabilidad pública y con una nueva manera de hacer las cosas. Y sobretodo un líder que sepa rodearse de políticos valiosos y de peso, con y sin experiencia, pero con currículo. Hasta que llegue, el partido naufraga entre la tinta de Zapatero y la de Solbes, tinta con el único pigmento de la autojustificación. Buscan la redención de su alma y el perdón de los pecados. Y mientras el pasado pretende expiar su culpa sin contar los verdaderos pecados al confesor, el presente sufre la penitencia. Con el lío no hay quien se entere de que Susana Díaz es una mujer de inteligencia natural, que sabe mandar y achicar espacios políticos, pero la Presidenta de Andalucía encarna a esos políticos sin currículo académico ni profesional, como muchos de aquellos que alcanzaron la cima de la gobernación en los años de Zapatero y colapsaron al país. Se quedará en Andalucía. La buena noticia para los socialistas es que 2.014 les traerá un líder. Si aciertan, se habrá cumplido la penitencia y asistirán en primera fila a los funerales de Estado. En el PSOE hay gente muy valiosa, con currículun público y privado, joven y con una formación política sólida, como Eva Sáenz, Secretaria de Organización del PSOE en Aragón. Acierten.


            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

RENOVARSE Y VOLVER A MORIR



RENOVARSE Y VOLVER A MORIR
  
            Cada equis tiempo toca renovar el Consejo General del Poder Judicial. Los grandes partidos se desinhiben y se encierran en las salas del Congreso, persiguiéndose por entre los muebles de la casa como jugando al pilla-pilla; cambian sus cromos y elijen a los nuevos vocales. Con la puntualidad institucional de un verdugo, y siguiendo la ya arraigada tradición, PSOE y PP apalizan en la plaza pública al deshilachado monigote de la independencia judicial. Que sea en la plaza pública es importante, no es puro azar, porque la renovación de los vocales del Consejo no es un mero mercadeo de puestos bajo la premisa de colocar a los afines o favorecer a la familia: debe quedar patente, a ojos de todos, la impunidad con la que la clase política gobierna a los jueces. Que quede claro quien manda. Los amigos callan y los enemigos chillan ahora, hasta que toque cambio de guardia y sean nombrados; entonces callarán también. Y el ritual de humillación no cambia ni cambiará porque los jueces no se plantan. Entre togas y puñetas, el Ministro de turno desciende orgulloso por las escalinatas del Palacio de Justicia. Hoy el Ministro que pisa fuerte es Ruiz-Gallardón, antes fueron otros, mañana también. Es lo de menos, las personas pasan, el desprecio permanece.

            Ya que ahora pueden casar los notarios como paso previo a que casen los boticarios y la guardia civil -para completar con el cura una boda de partida de dominó en el casino del pueblo- sería bueno que el legislativo y el judicial protocolizasen su unión en escritura pública. Que el ejecutivo grite “que se besen, que se besen”. Cansa oír que en España no hay separación de poderes, una obviedad tan vieja y objetiva que su mera mención recuerda que también hay olas en el mar. Que los jueces de España actúen con plena independencia y autonomía, algo de lo que yo no dudo después de más de quince años de ejercicio de la abogacía, es fruto de su amor vocacional por una profesión que tiene algo de función divina y mucho de romanticismo. Y es un milagro. Pero un Estado de Derecho no puede dejar las bondades de todo un poder, como el poder Judicial, al arbitrio de las cualidades personales de cada juez y al mantenimiento sostenido de un milagro. Más que nada porque hay quien no cree en los milagros y menos en que sean eternos.

            Cada vez que se renueva el Consejo oímos eso de que “estamos ante el CGPJ más político de todos los tiempos”. Y es cierto, es seguro que el próximo será peor. De momento en este la mitad de los vocales elegidos han desempeñado anteriormente cargos políticos. Por supuesto, a nivel personal los elegidos merecen el máximo de los respetos. Hay miembros de gran trayectoria, a alguno de los cuales conozco y admiro, como el presidente del TSJ de Navarra, Don Juan Manuel Fernández, un gran jurista. Pero el sistema de elección es perverso, y además de quebrar la confianza que los ciudadanos deben tener en la Justicia y su independencia, acrecienta la gran sima ya existente entre quienes desempeñan su labor jurisdiccional en órganos superiores y quienes lo hacen en juzgados de instancia. La perversión del sistema hace que justiciables y jueces perciban que hoy en día es imposible llegar a determinados órganos sin docilidad política, lo cual no es del todo cierto pero es cierto en parte.

            La clase política está hoy en entredicho ante toda la opinión pública por sus numerosos y llamativos casos de corrupción. La corrupción afecta a una minoría pero escandaliza a la mayoría. No se entiende que compañeros de partido del reo elijan a los jueces que le juzgan. Ángel Dolado, Juez Decano de Zaragoza y portavoz del Foro Judicial Independiente, enérgico y combativo, sin pelos en la lengua, nos deja en el aire una pregunta demoledora al destacar la “casualidad” del acuerdo entre el PP y el PSOE para controlar a la judicatura cuando no ha habido acuerdos en Sanidad o Educación: “¿No será que ambas formaciones políticas quieren controlar sus respectivos casos de corrupción?”. Yo solo me atrevo a indicarle a Ángel Dolado que leyendo a Norman Mailer uno puede llegar fácilmente a la conclusión de que en el crimen no cabe la casualidad. Los tipos duros no bailan. Disfrutemos de este CGPJ hasta que llegue el próximo. Será peor.

           
            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

 
           

EL SACRIFICIO DEL NACIONALISMO CATALÁN


ESPÍRITU DE SACRIFICIO

            Oriol Junqueras transitaba por la política catalana de puntillas, hablando bajito, como bailando la danza del velo. Se había granjeado una inmerecida fama de moderado como si entre el fanatismo de la tribu independentista de ERC abundasen rasgos de moderación. La semana pasada se fue a Bruselas y cayeron al asfalto de la Grand Place los siete velos que encorsetaban su bien nutrida cintura. Cayeron con la contundencia con la que caen los calcots  a la teja de un asador de Valls. Su ocurrencia fue amenazar con destruir la economía española paralizando durante una semana la economía catalana. No ha tenido gran éxito de crítica y público.

            El líder de la Esquerra no hizo amigos en Europa pero nos clarificó mucho la situación, a tenor de cómo han reaccionado el resto de los independentista catalanes. Le han sacudido en el DNI legal y en el otro, en ese de la nación catalana que se hacen a sí mismos como cuando los niños hacíamos tarjetas acreditativas de ser miembros del Comando G con cartulina y plastidecor. Oriol Junqueras aún no se ha enterado de que el nacionalismo catalán no está dispuesto a hacer ningún tipo de sacrificio para obtener la independencia, sino que bien al contrario quiere una independencia subvencionada, consentida y malcriada. La identidad está en la diferencia, la diferencia está en el privilegio y no en el sacrificio; en el agravio comparativo con el resto de autonomías españolas y no en la lealtad a una causa cueste lo que cueste. Junqueras tiene razón aunque le pueda el ansia viva: ninguna revolución empieza retirando la herencia de papá de Suiza. El independentismo catalán tiene el culo muy gordo, no se mueve más allá de una cadeneta por aquí y un mosaico a lo Corea del Norte en el Nou Camp por allá.  Sigan uds. a su líder carismático y arriesguen algo. Dispongan de sus haciendas, sacrifiquen sus bien acomodados traseros. Construir una nación nueva no es montar la casa de Barbie. Decenas de países autodeterminados en el mundo se reirían de Junqueras en sus barbas como alguien les cuente que el derecho de autodeterminación de Cataluña se lucha bajo la premisa de no bajar una semana ni las persianas de las mercerías. Sabíamos que Mas no es Garibaldi, pero hasta su viaje a Bruselas no sabíamos que Junqueras, que tiene el perfil zootécnico de un bon vivant de catorce pagas al año más comisiones, era el único entre los suyos dispuesto a cerrar una semana el Corte Inglés de la Plaza de Cataluña. Junqueras tampoco es Juana de Arco porque ahora calla tras el revolcón.

            Debió sospecharlo, se venía venir: lo cómodo en Cataluña es precisamente apuntarse al negocio de la independencia: rotular en catalán para que no te multen, poner pa amb tomaquet en la carta de los restaurantes y no pedir en voz alta la escolarización de tu hijo en castellano porque -además de que no te la dan- el niño queda marcado. Oriol Junqueras creyó que todos los que le votaban o se ponían la etiqueta  independentista lo hacían por un amor pasional y, por lo tanto, irracional por su país pero ha descubierto en sus propias carnes que como mucho es sólo sexo. El hombre que susurra a los periodistas de los medios públicos catalanes llamó al caos, pero la quimera de la independencia catalana está sentada en un cómodo sofá de piel de potro.

            No hay síntomas de sacrificio, renuncia, vuelta a un origen en el que la vida no es fácil. Y eso que nadie cuenta en cataluña que le tocaría pagar toda la deuda pública y privada catalana. Renunciar a la Unión Europea por seis o siete generaciones, competir en el mercado en desigualdad por los aranceles, renunciar a las ayudas europeas, estar fuera de los organismos internacionales por décadas. Que les tocaría crear una moneda no competitiva, sustentar en solitario el sistema sanitario. Renunciar a todas las cotizaciones sociales de las generaciones hoy en activo en Cataluña. Renunciar tres o cuatro generaciones a sus pensiones de jubilación. Sufrir desbandada poblacional y empresarial. Y una vez que Cataluña estuviera de nuevo en la casilla de salida ¿cuántos años tardaría en tener los mismos niveles de bienestar que tiene ahora?. El empobrecimiento de España y Cataluña sería evidente. Pero la casilla de salida sería muy distinta. Los independentistas hablan y no callan sobre el paraíso que sería la Cataluña del futuro pero ni ellos mismos están dispuestos a tragarse el entreacto. Quieren hacer la tortilla sin romper los huevos. Una cosa es cerrar la plaza de toros, hacer cadenetas y tocar las pelotas y otra bien distinta es el sacrificio.


            Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

UN PARTIDO EN EL PASILLO


UN PARTIDO EN EL PASILLO



            Desde la infancia el pasillo es la cueva donde nacen nuestros miedos. No podemos dormir sin que nos dejen encendida la luz del pasillo porque sabemos que todo lo que pasa en una casa pasa por ahí. Si te portas mal, los profesores te destierran al pasillo. Crecemos y con nosotros crecen angustias que siempre acaban por aparecerse en un pasillo. El corredor de la muerte es un pasillo. Incluso el género de terror no sería nada sin pasillos. En El Resplandor, Danny va con su triciclo por los pasillos del hotel y ve a dos niñas que le invitan a jugar: pronto aparecen asesinadas. ¿Dónde? En el pasillo. A partir de esta tarde y hasta el domingo el PSOE ha montado una cosa que con mucho menos dramatismo e interés va a discurrir entre pasillos. La cosa, a la que llaman Conferencia Política no es ni un Congreso ni un mitin, dicen; Rubalcaba quiere trazar líneas para un partido nuevo con todo lo viejo, así que para mayor claridad no ha permitido que se hable de nada. La noticia por lo tanto estará en el pasillo.

            Cuando se diseñó la Conferencia alguien en esa casa debió prever que, cuando lo que hay bajo los focos no interesa, las luces languidecen y cobran protagonismo las sombras en los pasillos. Las sombras y los nombres. Ahora dice Valenciano, esa estratega, que sí se puede hablar de las primarias, pero poco y sin hablar de la sucesión de Rubalcaba, que es de lo que hablan todos los socialistas que no son del Partido ni de Conferencias en la barra de los bares. No hay que hablar de nombres, así que habrá que interpretar las caras de la gente en los pasillos como si fueran las Caras de Bélmez. Tal vez la cara de liderazgo de Patxi López sea una humedad en el estucado; o no, tal vez su aparición es real. Habrá quien vea en la cara de Carme Chacón una imagen de futuro, y otros para quien la catalana de Miami sólo sea un retrato fraudulento hecho en la pared con nitrato de plata. Todo transcurrirá en el trajín de un pasillo que podría ser el pasillo de un tren de madrugada. En el mismo pasillo caben incluso Garzón y Llamazares, como constatación de lo envejecida que está la nueva izquierda sin rumbo. Ganarse el futuro es el lema, cuando muchos lo que ya tienen ganado del futuro es haber cotizado para la pensión máxima de jubilación.

No se va a hablar del modelo de Estado, de la secesión independentista que algunos pretenden en Cataluña, de la posición en la que debe quedar el PSOE con respecto a su difícil relación con el PSC, ni sabremos si el PSOE propone un nuevo modelo institucional o una reforma de la elefantística estructura de partidos, tampoco, por ejemplo, qué se propone para crear empleo. La fiesta del ombligo socialista va de Europa, la igualdad, el crecimiento, el conocimiento y el bienestar, así, en bruto, que en estos tiempos de naufragio es como hablarle al ahogado de las olas y el mar. Así visto, el PSOE se podría haber ahorrado las marmóreas salas del Palacio de Congresos de Madrid y haber alquilado solo los pasillos; lo demás es un gasto.

El recuerdo en la conciencia colectiva de los años de Zapatero en el Gobierno y la tenacidad casi obsesiva de Rubalcaba por mantenerse al mando de los restos del naufragio han dejado al PSOE en su peor momento. Dicen sus colaboradores más allegados que finalmente Rubalcaba no se presentará a las primarias. Nunca sabremos si abandona por cansancio o porque se siente como Cary Grant en "Con la muerte en los talones" con Carme Chacón, Patxi López, Madina, Susana Díaz y otros disparando desde la avioneta fumigadora. Igual que Hitchcock convirtió aquel campo infinito en un pasillo de terror abusando de nuestra ansiedad, el PSOE ha pasado de ser media España a un pasillo de Palacio de Congresos. Por el bien del país, el PSOE debe reencontrase pronto consigo mismo, pero de momento su alternativa solo suena a murmullo de pasillo y a ir pasando lista. Tal vez Rubalcaba, íntimamente, ya solo aspire a permanecer hasta poder echar la culpa a otro. Como  cuando cien mil chinos jugaron contra cien mil chinos al fútbol en un pasillo y, tras un grito de gol, se escuchó el lamento del portero: “¡Si es que me habéis dejado solo!.


Víctor M. Serrano Entío. Abogado.