LO NORMAL
Si compramos la mercancía gubernamental y sus previsiones caminamos hacia la normalidad. Y si la normalidad llega, por primera vez en más de diez años la Presidencia del Gobierno estará en conjunción planetaria con el país. Rajoy no es mediático ni fotogénico. No juega con la telegenia ni el marketing. No vende. No conecta. Tampoco es un narcisista que vea el mundo por encima del hombro de los demás. Se aísla más por timidez que por egocentrismo. Se enfrenta con los problemas desde el pragmatismo y con cierta indefinición. No juega con el paso del tiempo pero lo negocia. Carece de inclinación a procurarse una buena imagen. No le gusta jugar con la prensa ni comparecer. Su urticaria mediática es una rémora para su Gobierno. Viéndole frente a un periodista uno cree en la combustión espontánea y teme que el Presidente se haga cenizas como aquel paisano de Gila al que los amigos colgaron de los cables de la luz. No esconde secretos cuadernos azules de serpenteantes anillas. Es previsible y aburrido. Habla en gallego cuando usa el castellano y no hace brillantes discursos teóricos alejados del suelo sobre las olas y el mar. No es el mesías. No identifica a la nación con su persona, si acaso con su proyecto, pero no cree que él sea España ni que en la legión crítica haya locos antipatriotas. Pese a esa manía a veces de hablar de sí mismo en tercera persona como los futbolistas argentinos al final del partido, no se desprende ningún exceso de confianza en sus capacidades, no piensa arreglar la galaxia, bastante tiene con Burgos. Sabe que rendirá cuentas solo y exclusivamente ante los ciudadanos, en unas urnas, alejado de eso gobernantes que solo se confiesan ante Dios o ante la historia como si Dios estuviera dispuesto a embaularse los presupuestos generales del Estado y la Historia no tuviese mejor cosa que hacer que las notas de prensa del consejo de ministros. De su exasperante previsibilidad y de su prudencia surge la tranquilidad del personaje frente a los problemas. No hará experimentos políticos ni habrá resultados imprevisibles.
Rajoy es un tipo normal que aburre como los tipos normales. Ni siquiera se molesta en dar una noticia, algo con lo que ganar complicidad con la prensa. Hasta las chicas de la calle de la Montera saben que sin llamar la atención no hay atención a la que llamar. El tipo normal que nos gobierna (si se me admite lo de “normal” pese a que el Washington Post hace más de cuatro décadas que recomendó no abusar del adjetivo porque no hay muchos parámetros que nos definan qué es normal), no tiene síndromes acuciantes de aislamiento o pérdida de contacto con la realidad. Aún no hay síndrome de La Moncloa. Sigue a lo suyo, en el día a día, en la distancia corta, en las cuentas.
Ese carácter, extenuante para sus partidarios, agotador para sus colaboradores y caricaturizado por sus enemigos es el carácter del Presidente del Gobierno, un carácter que le va a venir bien al país ante el desafío de los separatistas catalanes que pretenden consumar un golpe al Estado sin salpicarse la camisa negra. A Rajoy, sin hacer mucho ruido, no le temblará el pulso a la hora de imponer la legalidad vigente en Cataluña. No es un hombre seguro de sí mismo ni impone el ejercicio del poder por encima de cualquier lógica. Por eso, llega virgen en cuanto a excentricidades al gran problema secesionista en Cataluña, y cuando ejerza la autoridad e imponga el poder coercitivo del Estado los ciudadanos percibirán que el uso de los mecanismos legales y constitucionales contra la sedición y el caos, tienen lógica y son normales. El hombre al que le llega la obligación no buscada de tener que ejercer el poder desde la base, o sea desde el principio de autoridad, cuenta en su haber con la ventaja de que no ha cometido más actos ilógicos que el de seguir manteniendo la subida de impuestos. Su autoridad, además, se verá reforzada por el consenso alcanzado con el Partido Socialista tras su regreso a la cordura y a la normalidad en Cataluña después de un agotador y eficaz trabajo de Pérez Rubalcaba. También Rubalcaba es un tipo normal. Normalidad, bendita normalidad en un país en el que nos estábamos acostumbrando a que lo normal es lo anormal.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
viernes, 31 de enero de 2014
Independencia de baraja
LA BARAJA INDEPENDENTISTA
La independencia de Cataluña ya tiene baraja. Un acierto.Por ahí deberían haber empezado, en lugar de garabatear enlos libros de Historia. Todo juego de engaño necesita por lo menos baraja, tres cubiletes y una bolita. El naipe es muy español y por eso chirría un poco que el merchandisingindependentista catalán ya tenga baraja. Pero la cosa queda explicada cuando uno descubre en las cartas que Anciles,Benasque y Llanos del Hospital son Cataluña. Veremos castañuelas independentistas, es cuestión de tiempo. Nunca es tarde en esa habitación acolchada de delirios de grandeza en la que los independentistas han decidido darse cabezazos de frustración. Las cartas pancatalanistas son el mapa del tiempo de la Tv3 pero con las esquinas dobladas y mostosas como en una partida barojiana. Por ahí, ninguna novedad, si acaso el formato cañí. Incluyen, además del Valle de Benasque(pintado de color naranja como el Valle de Arán), una extensaparte de la Región de Murcia. Viva Cartagena. Con un par. Es cierto que el diseño gráfico de las cartas es feo y rebuscado.Tiene un aire a tarot, a futuro incierto, a porvenir frustrado. Es como si en cualquier momento las pillara la bruja Lola y de propina le pusiera tres velas negras a Albert Rivera. Mientras Heraclio Fournier se remueve en su tumba vitoriana, los nacionalistas continúan la recreación virtual de un escenario horizontal cada vez menos azul europa y más verde asfixia. Verde como el tapete verde en la mesa de mármol de un casino mercantil del XIX.
La "Gran Nación Catalana”, con sus linderos expandiéndose como escalera de color, cantando alegres en popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul, se pinta en dos colores: rojo para los que consideran que hablan catalán, y naranja para los que consideran que hablan otra lengua. Siempre que hay partida hay revuelo en elSaloon y surge la inquietud de tener que advertir que no se dispare ni a la vajilla ni al pianista. Artur Mas ha metido al país en una timba de póker y solo quiere jugar con sus reglas sin normas y sus cartas marcadas en humo. La deriva catalanista es una partida en Las Vegas sin el cálculo previo de probabilidades del libro de Los Pelayos. La ruleta de naipes gira sin saber si la inercia hará que salgan disparados el rey de oros o la sota de bastos.
Al igual que aquel banderillero de “El Guerra”, que degenerando degenerando llegó a gobernador civil, las cartas del independentismo catalán degenerando degenerando han pasado de carta internacional con aspiraciones fundacionales a naipe de cantina fundicional. De Moscú a Irkutsk, de Lérida aBruselas, el independentismo catalán quiere el poder de todos los Zares pero no encuentra en Mas un Miguel Strogoff.Ninguna cancillería da respuesta a sus cartas y se les ha quedado cara de novio de antes, con dos entradas de cine en el bolsillo y sin plan. Puede que tengan que ir conformándosecon echar un guiñote en el Ansils de Benasque con notarios de Zaragoza y ganaderos de Cerler, si es que pasan por aquí, por nuestra zona naranja. Más allá de que nos refugiemos en el humor para disimular nuestro hartazgo, como Ramón Gómez de la Serna y otros se refugiaban en el café de Pombo o Miura se desembarazaba de su hipocondría, lo cierto es que resulta muy molesto que el vecino de arriba esté siempre insinuando que los calzoncillos que tendiste en el tendedor de tu terraza se le cayeron a él y son suyos.
La suerte y el éxito de esta partida no está en los naipes sino en el seguimiento de las reglas del juego concumplimiento de las normas. Rajoy y Rubalcaba ya se han puesto de acuerdo para neutralizar la partida de Mas y vengar el desafío como Redford y Newman se vengaron en “El golpe” de Robert Shaw: siendo más pacientes que él. Aunque esto se asemeja más a una partida de mus que a una apuesta hípica porque el caballo desbocado corre en sentido opuesto a la meta.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
jueves, 16 de enero de 2014
FRUTAS CONFITADAS
FRUTAS CONFITADAS
A primeros de diciembre de 1948 una
radio de Washington DC telefoneó a varios embajadores para preguntarles qué
querían pedir por Navidad. El embajador de Francia en Estados Unidos abogó por
la paz en el mundo. Alexander Panyushkin, su homólogo soviético, pidió la libertad
del proletariado más allá del imperialismo. Sir Oliver Franks, Embajador del
Reino Unido, contestó: “Son ustedes muy amables. Desearía una caja de frutas
confitadas”. El mismo día que el Presidente Rajoy era recibido y alabado por el
Presidente Obama, Rosa Díez bromeó en los pasillos del Congreso de los
Diputados aludiendo a que la peregrinación mariana más que a Estados Unidos
debería haber sido a Lourdes. Lo cual demuestra que quien quiere ser madre
superiora de la regeneración política en España, tras treinta años de vivir en
la política no ha entendido nada de la política exterior. En la tabla periódica
de los elementos políticos patrios, Rosa actúa más como catalizador ácido que
como inhibidor. Se maneja mejor en la hiel que en la miel. Un desperdicio dada
su gran capacidad para la acción política.
Así las cosas, la oposición no ha
podido empañar el éxito del viaje de Rajoy a EE.UU pese a esa manía, tan arraigada
en los partidos cuando ejercen de oposición, de hacer una enmienda a la
totalidad de cualquier cosa y de no marcarse ninguna línea roja de rubor. Una precaución
que deberían tener en beneficio de su imagen y credibilidad cuando lo que sale
bien va en beneficio de todo el país. La política internacional es una amalgama
de certezas e imponderables. Un equilibrio de intangibles en el que a este lado
del ala oeste de la Casa Blanca hay una realidad incontestable: Estados Unidos,
25% del PIB de la economía mundial, es el principal aliado de Europa y sigue
marcando la política internacional y en gran medida la economía mundial. En ese
contexto, el Presidente del Gobierno ha cosechado a lo largo de esta semana un
éxito sin matices.
Para ganarse el favor norteamericano
todos los presidentes han tenido que ir haciendo lo suyo. Suárez tragaba
orgullo mientras arreglaba el nudo de su corbata y aguantaba la fiscalización que
la administración norteamericana le hacía de la democracia, una auditoría no
siempre fácil en una España aún convulsa. En 1977 visitó EE.UU como un Kennedy
español. Felipe González se envainó el OTAN NO y con la fe del converso acabó nombrando
Secretario General en la alianza. Si Reagan le deja, Felipe acaba poniéndole su
nombre a un misil de alcance medio a lo Pershing II. Aznar, nuestro presidente
más norteamericano, venció su rigidez corporal
y emocional para poner los pies en la mesa de Bush; calzado español en lo alto
del imperio en los años de mayor prestigio internacional de España. Luego llegó
Zapatero y nos bajó de todas las mesas sin saber donde poner los pies. Experimentar
e inventar cosas raras en política internacional contra una trayectoria
exterior de décadas resultó ser más dañino que Messi eligiendo smoking. Al
final Zapatero acabó venciendo su acné juvenil como los enfermos inmunodeprimidos
vencen a los virus, metido en una campana. En aquel Washington Hilton en el que
tuvo que rezar genuflexo en el national
prayer breakfast para hacerle la pelota a Obama. Nada hacía sospechar que un
puñado de meses después el Presidente Obama llamaría de noche a La Moncloa. Cuándo
se descolgó el teléfono y tras el rechinar de dientes, se oyó del americano lo mismo
que le dijo el elefante del chiste al explorador que acababa de cercenar su
trompa con un machete.
El viaje de Rajoy, ideado y
ejecutado brillantemente por el jefe de gabinete, Jorge Moragas, vuelve a poner
a España en la senda de los países solventes. La responsabilidad de poder
transitar por esa senda es ya española y dependerá de que las cosas se hagan
bien. Pero al menos, nos van diciendo los que mandan en el mundo que vamos en
la dirección correcta. Cabe darse cuenta de lo positivo del viaje USA en
términos de imagen para España simplemente formulando la hipótesis contraria:
¿Qué hubiera ocurrido si Obama hubiese dicho que Rajoy no ha sabido afrontar
los retos planteados por la crisis y que sigue habiendo dudas sobre la
solvencia de España?. El reconocimiento internacional de que la recuperación
económica española es una realidad es de esos intangibles que antes o después se
convertirá en la caja de frutas confitadas de Sir Oliver: no conseguiremos la
paz mundial ni la libertad del proletariado pero por algo se empieza, así que ¿a
quién le amarga un dulce?.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
viernes, 10 de enero de 2014
UNA INFANTA IMPUTADA
MIRAR PARA OTRO LADO
El juez instructor José Castro ha
imputado a la Infanta Cristina por un delito de blanqueo de capitales y un
delito fiscal. Dice el juez en su Auto que Cristina miraba para otro lado y la pone
a mirar de frente todo lo de la fundación sinónimo de lucro de su marido. Eso
podría desembocar en un futuro en que Cristina cuente su vida sentada en un
banco, como Forrest Gump nos contó la suya. Gómez de la Serna decía que los
sordos ven doble. Como ocurre en España siempre que un asunto judicial adquiere
gran relevancia pública, los ciudadanos asisten al colorido carrusel
incriminatorio de los magazines de las televisiones y acaban empapándose de una
serie de opiniones, no siempre bien intencionadas, que tienen dos denominadores
en común: desconocimiento de lo que se habla y falta de respeto por los
intervinientes en un proceso judicial y su papel, desde el del juez hasta los
abogados sin olvidarnos del fiscal. Sentada la premisa anterior, se produce el
efecto perverso de que la discusión, que debería ser jurídica, se convierte en
militancia en bandos y los ciudadanos toman partido por la figura del juez que
imputa, del abogado o del fiscal en función de si les cae bien o mal el
personaje de turno. Una vez desplazado el debate de lo jurídico a lo coronario,
vulgarizado y empobrecido hasta una extenuación a veces nauseabunda, pasa a
carecer de interés televisivo que los ciudadanos se puedan informar sobre
conceptos y principios jurídicos básicos que son explicables por cualquier profesional
del Derecho y entendibles por toda la opinión pública y que a raíz de ello pudieran
conformar una opinión sólida.
O sea, que los republicanos,
antimonárquicos, detractores del balonmano y muchas madres de hijos únicos y
morenos están muy satisfechos con el trabajo del juez instructor e indignados
con el abogado del Estado y el fiscal que la defienden por ser hija del Rey. Y
los monárquicos, los balonmanistas y algunos padres de niños muy rubios están
convencidos de que el juez Castro le tiene manía a Cristina, demonizada por ser
hija del Rey. Ninguno se ha leído el Auto de imputación del juez, ni tiene por
qué, pero lo peor es que nadie les ha explicado qué es un Auto, la diferencia
entre un imputado, un procesado y un condenado, cual es la labor de la Abogacía
del Estado en este caso, qué hace un fiscal, qué es una acusación particular o
a qué se dedica. La culpa no es solo de las televisiones y sus “debates” de
cuñada de tonadillera, sino de que no hay una verdadera formación jurídica
básica en la escuela. El Derecho nos acompaña desde que nacemos hasta que
morimos cada día de nuestra vida pero no le procuramos a nuestros hijos un
marco educativo que les permita entender lo más fundamental.
Alguien debería decir que el juez
Castro ha trabajado duramente y con rigor en el Auto de imputación y que eso no
significa que le tenga manía a la Corona ni que quiera salir en los
telediarios. Ni que tenga razón. Alguien debería decir que el abogado del
Estado y el Ministerio Fiscal mantienen criterios jurídicos distintos basados
en que, a su entender, el delito de blanqueo de capitales y el delito fiscal
requieren una participación más activa de la que tuvo la Infanta, sin que eso
signifique que su trabajo no sea riguroso, que no sean independientes y que actúen
en contra de la Ley y en beneficio exclusivo de la Corona. Ni que tengan razón.
Para el juez, Cristina de Borbón ha mirado para otro lado y para la fiscalía y la
defensa como lo que parece claro es que mirar, lo que se dice mirar, no miraba
no hay delito.
La esencia de todo proceso judicial
es la discrepancia sustentada en interpretaciones contrapuestas de unos hechos
y sus consecuencias jurídicas y por eso precisamente tiene que acabar
resolviendo un Tribunal. Negar la legitimación del sistema en función de que
resulte o no condenada la famosa que adoramos o el personaje que nos irrita es
propio de países sin tradición ni cultura jurídica, y desde luego ninguna de
las dos cosas es propia de España. El Derecho no son matemáticas y dos más dos
no siempre son cuatro. El debate jurídico es siempre complejo pero no por eso
hay que sustraer a los ciudadanos de una educación jurídica básica y práctica
que les permita formarse una opinión seria y ejercer en plenitud su
participación en la sociedad civil.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
CARICATURA DE RAJOY
RAJOY Y SU CARICATURA
Por tradición histórica y cierto
desahogo, la prensa y los ciudadanos hemos metido a todos los Presidentes del
Gobierno en el laberinto de los espejos cóncavos y convexos. Los espejos, como
los del parque de atracciones de Zaragoza, nos trasladan imágenes a veces
grotescas y a veces divertidas de una realidad que deja de serlo cuando se
deforma. Cada Presidente ha tenido su caricatura. La de Suárez fue la de un
hombre que podía prometer y prometía, cuando lo cierto es que cumplió con la
mayoría de sus promesas y pilotó un tránsito a la democracia ejemplar y
estudiado en todas las facultades de ciencias políticas del mundo. La
caricatura de González nos traía a un charlatán cantinflanesco de pragmatismo
egoísta y personal pero había más patriotismo en muchos discursos y acciones de
González del que hoy abunda, que abunda muy poco. Aznar siempre será la viñeta
de un señor de ceño complejo con los pies en la mesa de los Estados Unidos, la
caricatura de un prepotente que enmascara que bajo sus gobiernos hubo grandes
consensos y que España alcanzó el máximo peso internacional como nación
respetada. La caricatura de Zapatero es la de un hombre hecho de ocurrencias y
buenismo, de cejas en punta y gobernando la tierra a través del viento, pero en
su acción política, equivocada o no, había mucho más voluntarismo que
improvisación y desde luego no era el personaje vacío de contenido que se nos
presentaba. A Rajoy le ha tocado la viñeta del hombre permanentemente tumbado
en el sofá que se fuma un puro mientras ve pasar los problemas de España por
las ventanas del Palacio de La Moncloa a la par que el Tour de Francia por la
televisión. No tenemos aún la perspectiva del tiempo para saber si esa
realidad, seguro que deformada, acabará siendo injusta o solo sarcástica, veraz
o solo irónica.
Dos años de legislatura después sí
que podemos afirmar que Rajoy ha gobernado con mayor decisión de la que le
reconocen sus caricaturistas. Tal vez por ser un Presidente de escasa aparición
pública no se presta a nuevas interpretaciones y enfoques en el laberinto de
los espejos convexos. El hombre que se aisló detrás de una televisión de plasma
ha emprendido una serie de reformas que, a través del sacrificio de todo el
país, ha hecho posible que los ciudadanos hoy ya empiecen a percibir que se ha
detenido la hemorragia mortal de la crisis. El hombre que presuntamente dormita
en el sofá ha llevado a cabo la mayor reforma de las estructuras económicas del
país en estos años de democracia, ha bailado con la más fea sin importarle
tener que pisar más de un callo para poder acabar el evento sin que nos
expulsaran del baile, y ha tenido que tomar medidas duras que iban en contra
incluso de sus más exhibidos fetiches ideológicos, desde subidas de impuestos
hasta bolinagas de vinos por San Sebastián. Lo cierto es que, si matizamos un
poco la caricatura de Rajoy, tal vez la abulia del hombre en el sofá no sea
sino la reserva y el temor de todo introvertido frente a una opinión pública
mayoritariamente en contra. O tal vez, prudencia en un gobernante que se va a
enfrentar en cuatro años extenuantes a retos que otros nunca tuvieron. Si lo de
Rajoy es abulia e inacción, la tarea de gobierno que le queda por delante puede
ser un desastre, sobretodo ante el jaque al Estado planteado por el
independentismo catalán al que en cuestión de meses se sumará el vasco en
función de los resultados. Si por el contrario el silencio ante determinados
problemas es fruto de la necesaria prudencia en todo gobernante, no se me
ocurre mejor virtud que afrontar el órdago independentista, el mayor problema
hoy de España, desde la escolástica virtud de actuar de forma justa y
cautelosa.
En Aragón a los que la matan a la
chita callando los llamamos megos, y coflones a los comodones y desustanciados.
La caricatura de Rajoy como coflón empieza a chirriar. Un sector de la opinión
pública empieza a percibir que es incompatible acampar en un sofá con haber
evitado que se despeñe un país que estaba ya solo agarrado al peñasco con tres
dedos. Si se consolida la recuperación económica y se empieza a crear algo de
empleo, o cambiamos de espejos o de caricaturistas. El que no cambiará a estas
alturas es Rajoy porque además tal vez a él no le haga falta.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
ZARACADABRA
ZARACADABRA
Ayer empezó en Zaragoza el festival
de magia callejera Zaracadabra. Nada por aquí, nada por allá y de repente…
aparece un zaragozano que no está en Jaca. Más vanguardista en sus normas que
en sus costumbres, Zaragoza es una ciudad que no deja de sorprendernos. Con la
ordenanza municipal en la mano, los perros ya pueden entrar a los bares. Pronto
los veremos jugar al póker como en un cuadro de Coolidge. Llegarán al casino en
tranvía por Independencia mientras un ciclista pedalea en paralelo por un carril
imaginario. No se si tranquiliza saber que la única condición que se impone por
la municipalidad a los perros de razas extremadamente peligrosas es la de ir
atados antes de recostarse en la barra del bar y pedirse una caña con limón y
una gamba con gabardina. Uno desconoce si los perros de razas extremadamente
peligrosas, por muy atados que vayan, distinguen las piernas con gabardina de
las gambas, con el hueco que dejan las entrehoras en el estómago vacío; un
estómago con dientes que también se intuye extremadamente peligroso.
Mientras la extra de los
funcionarios ilumina el comercio en una Navidad mucho más alegre que la del año
pasado, se cumple con la tradición navideña de raptar figuras del nacimiento
municipal. Liberado Melchor tras su secuestro exprés del Belén del Pilar, allá
donde de noche descansan los pastores y los agentes duermen como un Niño Jesús,
falta saber qué habrán exigido sus captores a Gaspar y Baltasar. Tal vez el,
tan necesario en Zaragoza, cambio climático. En estos primeros días del
invierno, con la ciudad sumergida en la navidad y en la intermitencia de las
nieblas, el puente de Piedra es un puente aéreo que sobrevuela el cauce del
río. Pasear por él es darse un paseo entre las nubes. Las casas emergen altivas
entre las burbujas líquidogaseosas del enorme caldero en el que se zambulle la
ciudad. Un caldero de pociones mágicas que transforman al Ebro en una corriente
subterránea. Cuando el invierno llega a Zaragoza tenemos la sensación de que
nunca se fue. Solo el cierzo y la lluvia son capaces de disipar el vapor frío
de la ciudad emergente y cuando llega, los deseos de la gente se dividen entre
los que añoran la incómoda niebla y los que abrazan al cierzo. A veces sale el
sol para recordarnos que existe.
El recuento de los últimos días del
año nos enumera una ciudad que sigue en dificultades, en el que muchas familias
han seguido empobreciendo mientras otras muchas están mejor que hace un año, lo
que acrecienta una brecha injusta. Tras los años más duros, especialmente este
que ya dejamos aliviados sin la nostalgia del tiempo, la ciudad ha
redescubierto su mundo interior pagando el peaje de volverse más introvertida,
menos luminosa, pero más solidaria. El año nos deja un banco astillado en el
Pilar, cines que se apagan, un equipo que desciende, trenes parisinos que por
defecto no se detienen en Delicias y tranvías que por exceso se detienen en el
puente de Santiago, una plataforma logística que se reurbanizará en los nuevos juzgados de la
Expo, mientras la ciudad sigue su rumbo discreto como cogiendo carrerilla para
afrontar con confianza unos días por venir que es ya seguro que van a ser
mejores. Zaragoza es la ciudad que siempre despierta.
Víctor
M. Serrano Entío. Abogado.
ESPERANDO A GODOT
ESPERANDO A GODOT
Elena Valenciano, esa estratega, ha
anunciado que su partido va a presentar en el Congreso de los Diputados una
proposición no de ley para que el Gobierno denuncie "inmediatamente"
los acuerdos de España con la Santa Sede. La actual dirección del PSOE está
algo pasada, y cuando no se encuentra a sí misma, o sea, día sí día también,
recurre al trasnochado fetiche ideológico de sacudirle al clero. Están en
capilla y hasta que les llegue el bautismo siguen con la penitencia. Ni la
eucaristía con la confirmación de Susana Díaz pone un mínimo de orden
sacerdotal. Como no consta aún matrimonio, cada vez que los socialistas hacen
un acto de partido, más que boda parece unción de enfermos. El PSOE es el
partido socialista con más votantes y afiliados católicos de Europa, pese a las
obsesiones laicistas de los años de Zapatero, ese escritor; obsesiones que al
parecer perduran más que el propio Zapatero. Elena Valenciano, que abandonó Derecho
para no acabar Ciencias políticas, olvidó matricularse en Sociología para
percibir que no hay en la calle mucho clamor popular por el grave problema de "la
libertad religiosa ". Es más, sabíamos de esos problemas en Arabia Saudí e
Irán, pero en Villanueva y Almansa no constaban.
Cuando Rubalcaba se sentaba en el Consejo
de Ministros olvidó decirle al Presidente que denunciara el Concordato con la
Santa Sede y que los funerales de Estado mejor sin curas. El laicismo que
pregonaba el Presidente Rodríguez Zapatero era difuso y nos alineó en su
Alianza de Civilizaciones con Yemen, Afganistán, Arabia Saudí, Irán, Pakistán y
otros estados que no son precisamente iconos del laicismo y de la libertad
religiosa. Pérez Rubalcaba ha recuperado felizmente la memoria en la oposición,
como aquella prima de Gila que en el paritorio, durante el quinto parto, cayó
en la cuenta de no haberse casado todavía. En los 34 años de concordato con el
Vaticano el mayor acto de exaltación político-religiosa lo ha protagonizado el
PSOE subiendo a los altares a Susana Díaz. Su evangelización es tan forzada que
no queda más remedio que concluir que tiene algo de artificio. La exageración
de las virtudes pueden llevar al esperpento. El PSOE peregrina hacia el “susanismo”
como recitando aquella copla navarra de exaltación a San Fermín: “San Fermín de
Pamplona/nuestro Santo Patrón/confesor, obispo y mártir/virgen y madre de Dios”.
La necesaria regeneración y
fortaleza de los socialistas no llegará mientras ellos mismos perciban que la
memoria colectiva les obliga aún a tener que dar explicaciones por los últimos
años de Zapatero. El ex presidente, ese dilema humano, hasta ha escrito un libro
en el que nos cuanta que no vio la crisis porque Solbes no se la puso en un
PowerPoint ni le hizo un croquis. Libro que adjunta carta oficial recibida en su
condición de Presidente, remitida por Trichet, presidente del Banco Central
Europeo, y que a tenor de su contenido ‘sensible’ para la seguridad económica
del país se emitió clasificada como estrictamente ‘confidencial’. Debería haber
algún artículo de algún texto legal para impedir que Sonsoles la tuviera en el
cajón de la mesilla junto a las gafas de ver de cerca.
El PSOE nacional es la casa de los
líos. Lastra a las Federaciones en las que las cosas se hacen razonablemente
bien, como en Aragón con Javier Lambán, político cercano a sus bases y hombre
elegante y prudente. No habrá orden en Ferraz hasta que no surja un nuevo
líder. Un líder sin ataduras con el pasado, con pocos años en la
responsabilidad pública y con una nueva manera de hacer las cosas. Y sobretodo
un líder que sepa rodearse de políticos valiosos y de peso, con y sin
experiencia, pero con currículo. Hasta que llegue, el partido naufraga entre la
tinta de Zapatero y la de Solbes, tinta con el único pigmento de la
autojustificación. Buscan la redención de su alma y el perdón de los pecados. Y
mientras el pasado pretende expiar su culpa sin contar los verdaderos pecados
al confesor, el presente sufre la penitencia. Con el lío no hay quien se entere
de que Susana Díaz es una mujer de inteligencia natural, que sabe mandar y
achicar espacios políticos, pero la Presidenta de Andalucía encarna a esos
políticos sin currículo académico ni profesional, como muchos de aquellos que
alcanzaron la cima de la gobernación en los años de Zapatero y colapsaron al
país. Se quedará en Andalucía. La buena noticia para los socialistas es que
2.014 les traerá un líder. Si aciertan, se habrá cumplido la penitencia y asistirán
en primera fila a los funerales de Estado. En el PSOE hay gente muy valiosa,
con currículun público y privado, joven y con una formación política sólida,
como Eva Sáenz, Secretaria de Organización del PSOE en Aragón. Acierten.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
RENOVARSE Y VOLVER A MORIR
RENOVARSE Y VOLVER A
MORIR
Cada equis tiempo toca renovar el
Consejo General del Poder Judicial. Los grandes partidos se desinhiben y se
encierran en las salas del Congreso, persiguiéndose por entre los muebles de la
casa como jugando al pilla-pilla; cambian sus cromos y elijen a los nuevos
vocales. Con la puntualidad institucional de un verdugo, y siguiendo la ya
arraigada tradición, PSOE y PP apalizan en la plaza pública al deshilachado
monigote de la independencia judicial. Que sea en la plaza pública es
importante, no es puro azar, porque la renovación de los vocales del Consejo no
es un mero mercadeo de puestos bajo la premisa de colocar a los afines o
favorecer a la familia: debe quedar patente, a ojos de todos, la impunidad con
la que la clase política gobierna a los jueces. Que quede claro quien manda. Los
amigos callan y los enemigos chillan ahora, hasta que toque cambio de guardia y
sean nombrados; entonces callarán también. Y el ritual de humillación no cambia
ni cambiará porque los jueces no se plantan. Entre togas y puñetas, el Ministro
de turno desciende orgulloso por las escalinatas del Palacio de Justicia. Hoy
el Ministro que pisa fuerte es Ruiz-Gallardón, antes fueron otros, mañana
también. Es lo de menos, las personas pasan, el desprecio permanece.
Ya que ahora pueden casar los notarios
como paso previo a que casen los boticarios y la guardia civil -para completar
con el cura una boda de partida de dominó en el casino del pueblo- sería bueno
que el legislativo y el judicial protocolizasen su unión en escritura pública.
Que el ejecutivo grite “que se besen, que se besen”. Cansa oír que en España no
hay separación de poderes, una obviedad tan vieja y objetiva que su mera mención
recuerda que también hay olas en el mar. Que los jueces de España actúen con
plena independencia y autonomía, algo de lo que yo no dudo después de más de
quince años de ejercicio de la abogacía, es fruto de su amor vocacional por una
profesión que tiene algo de función divina y mucho de romanticismo. Y es un
milagro. Pero un Estado de Derecho no puede dejar las bondades de todo un poder,
como el poder Judicial, al arbitrio de las cualidades personales de cada juez y
al mantenimiento sostenido de un milagro. Más que nada porque hay quien no cree
en los milagros y menos en que sean eternos.
Cada
vez que se renueva el Consejo oímos eso de que “estamos ante el CGPJ más
político de todos los tiempos”. Y es cierto, es seguro que el próximo será
peor. De momento en este la mitad de los vocales elegidos han desempeñado
anteriormente cargos políticos. Por supuesto, a nivel personal los elegidos
merecen el máximo de los respetos. Hay miembros de gran trayectoria, a alguno
de los cuales conozco y admiro, como el presidente del TSJ de Navarra, Don Juan
Manuel Fernández, un gran jurista. Pero el sistema de elección es
perverso, y además de quebrar la confianza que los ciudadanos deben tener en la
Justicia y su independencia, acrecienta la gran sima ya existente entre quienes
desempeñan su labor jurisdiccional en órganos superiores y quienes lo hacen en
juzgados de instancia. La perversión del sistema hace que justiciables y jueces
perciban que hoy en día es imposible llegar a determinados órganos sin
docilidad política, lo cual no es del todo cierto pero es cierto en parte.
La clase política está hoy en
entredicho ante toda la opinión pública por sus numerosos y llamativos casos de
corrupción. La corrupción afecta a una minoría pero escandaliza a la mayoría.
No se entiende que compañeros de partido del reo elijan a los jueces que le juzgan.
Ángel Dolado, Juez Decano de Zaragoza y portavoz del Foro Judicial
Independiente, enérgico y combativo, sin pelos en la lengua, nos deja en el
aire una pregunta demoledora al destacar la “casualidad” del acuerdo entre el
PP y el PSOE para controlar a la judicatura cuando no ha habido acuerdos en
Sanidad o Educación: “¿No será que ambas formaciones políticas quieren
controlar sus respectivos casos de corrupción?”. Yo solo me atrevo a indicarle
a Ángel Dolado que leyendo a Norman Mailer uno puede llegar fácilmente a la
conclusión de que en el crimen no cabe la casualidad. Los tipos duros no
bailan. Disfrutemos de este CGPJ hasta que llegue el próximo. Será peor.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
EL SACRIFICIO DEL NACIONALISMO CATALÁN
ESPÍRITU DE SACRIFICIO
Oriol
Junqueras transitaba por la política catalana de puntillas,
hablando bajito, como bailando la danza del velo. Se había granjeado una inmerecida fama de moderado como si entre
el fanatismo de la tribu independentista de ERC abundasen rasgos de moderación. La semana pasada se fue a Bruselas y cayeron al asfalto
de la Grand Place los siete velos que encorsetaban su bien nutrida cintura.
Cayeron con la contundencia con la que caen los calcots a la teja de un asador de Valls. Su ocurrencia
fue amenazar con destruir la economía española paralizando durante una semana la economía catalana. No ha tenido gran éxito de crítica y público.
El líder de la Esquerra no hizo amigos en Europa pero nos
clarificó mucho la situación, a tenor de cómo han reaccionado el resto de
los independentista catalanes. Le han sacudido en el DNI legal y en el otro, en
ese de la nación catalana que se hacen a sí mismos como cuando los niños hacíamos tarjetas acreditativas de ser miembros del Comando G
con cartulina y plastidecor. Oriol Junqueras aún no se ha enterado de que el
nacionalismo catalán no está dispuesto a hacer ningún tipo de sacrificio para
obtener la independencia, sino que bien al contrario quiere una independencia
subvencionada, consentida y malcriada. La identidad está en la diferencia, la diferencia está en el privilegio y no en el sacrificio; en el agravio
comparativo con el resto de autonomías españolas y no en la lealtad a una causa cueste lo que cueste.
Junqueras tiene razón aunque le pueda el ansia
viva: ninguna revolución empieza retirando la
herencia de papá de Suiza. El independentismo
catalán tiene el culo muy gordo, no
se mueve más allá de una cadeneta por aquí y un mosaico a lo Corea del
Norte en el Nou Camp por allá. Sigan uds. a su líder carismático y arriesguen algo.
Dispongan de sus haciendas, sacrifiquen sus bien acomodados traseros. Construir
una nación nueva no es montar la casa
de Barbie. Decenas de países autodeterminados en el
mundo se reirían de Junqueras en sus barbas
como alguien les cuente que el derecho de autodeterminación de Cataluña se lucha bajo la premisa de
no bajar una semana ni las persianas de las mercerías. Sabíamos que Mas no es Garibaldi,
pero hasta su viaje a Bruselas no sabíamos que Junqueras, que tiene
el perfil zootécnico de un bon vivant de
catorce pagas al año más comisiones, era el único entre los suyos dispuesto
a cerrar una semana el Corte Inglés de la Plaza de Cataluña. Junqueras tampoco es Juana de Arco porque ahora calla
tras el revolcón.
Debió sospecharlo, se venía venir: lo cómodo en Cataluña es precisamente apuntarse al
negocio de la independencia: rotular en catalán para que no te multen, poner
pa amb tomaquet en la carta de los restaurantes y no pedir en voz alta la
escolarización de tu hijo en castellano
porque -además de que no te la dan- el niño queda marcado. Oriol Junqueras creyó que todos los que le votaban o se ponían la etiqueta
independentista lo hacían por un amor pasional y, por
lo tanto, irracional por su país pero ha descubierto en sus
propias carnes que como mucho es sólo sexo. El hombre que susurra
a los periodistas de los medios públicos catalanes llamó al caos, pero la quimera de la independencia catalana está sentada en un cómodo sofá de piel de potro.
No hay síntomas de sacrificio, renuncia, vuelta a un origen en el
que la vida no es fácil. Y eso que nadie cuenta en
cataluña que le tocaría pagar toda la deuda pública y privada catalana.
Renunciar a la Unión Europea por seis o siete
generaciones, competir en el mercado en desigualdad por los aranceles,
renunciar a las ayudas europeas, estar fuera de los organismos internacionales
por décadas. Que les tocaría crear una moneda no competitiva, sustentar en solitario
el sistema sanitario. Renunciar a todas las cotizaciones sociales de las
generaciones hoy en activo en Cataluña. Renunciar tres o cuatro
generaciones a sus pensiones de jubilación. Sufrir desbandada
poblacional y empresarial. Y una vez que Cataluña estuviera de nuevo en la
casilla de salida ¿cuántos años tardaría en tener los mismos niveles de bienestar que tiene
ahora?. El empobrecimiento de España y Cataluña sería evidente. Pero la casilla de
salida sería muy distinta. Los
independentistas hablan y no callan sobre el paraíso que sería la Cataluña del futuro pero ni ellos
mismos están dispuestos a tragarse el
entreacto. Quieren hacer la tortilla sin romper los huevos. Una cosa es cerrar
la plaza de toros, hacer cadenetas y tocar las pelotas y otra bien distinta es
el sacrificio.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
UN PARTIDO EN EL PASILLO
UN
PARTIDO EN EL PASILLO
Desde la infancia el pasillo es la
cueva donde nacen nuestros miedos. No podemos dormir sin que nos dejen
encendida la luz del pasillo porque sabemos que todo lo que pasa en una casa
pasa por ahí. Si te portas mal, los
profesores te destierran al pasillo. Crecemos y con nosotros crecen angustias
que siempre acaban por aparecerse en un pasillo. El corredor de la muerte es un
pasillo. Incluso el género de terror no sería
nada sin pasillos. En “El Resplandor”,
Danny va con su triciclo por los pasillos del hotel y ve a dos niñas
que le invitan a jugar: pronto aparecen asesinadas. ¿Dónde?
En el pasillo. A partir de esta tarde y hasta el domingo el PSOE ha montado una
cosa que con mucho menos dramatismo e interés va a discurrir entre pasillos. La
cosa, a la que llaman Conferencia Política no es ni un Congreso ni un mitin,
dicen; Rubalcaba quiere trazar líneas para un partido nuevo con todo lo
viejo, así que para mayor claridad no ha permitido que se
hable de nada. La noticia por lo tanto estará en
el pasillo.
Cuando se diseñó
la Conferencia alguien en esa casa debió prever que, cuando lo que hay bajo los
focos no interesa, las luces languidecen y cobran protagonismo las sombras en
los pasillos. Las sombras y los nombres. Ahora dice Valenciano, esa estratega,
que sí se puede hablar de las primarias, pero poco y sin
hablar de la sucesión de Rubalcaba, que es de lo que hablan
todos los socialistas que no son del Partido ni de Conferencias en la barra de
los bares. No hay que hablar de nombres, así que habrá que interpretar las caras de la gente en
los pasillos como si fueran las Caras de Bélmez.
Tal vez la cara de liderazgo de Patxi López
sea una humedad en el estucado; o no, tal vez su aparición
es real. Habrá quien vea en la cara de Carme Chacón
una imagen de futuro, y otros para quien la catalana de Miami sólo
sea un retrato fraudulento hecho en la pared con nitrato de plata. Todo
transcurrirá en el trajín de un pasillo que podría
ser el pasillo de un tren de madrugada. En el mismo pasillo caben incluso Garzón
y Llamazares, como constatación de lo envejecida que está
la nueva izquierda sin rumbo. Ganarse el futuro es el lema, cuando muchos lo
que ya tienen ganado del futuro es haber cotizado para la pensión
máxima
de jubilación.
No
se va a hablar del modelo de Estado, de la secesión
independentista que algunos pretenden en Cataluña, de la posición
en la que debe quedar el PSOE con respecto a su difícil
relación
con el PSC, ni sabremos si el PSOE propone un nuevo modelo institucional o una
reforma de la elefantística estructura de partidos, tampoco,
por ejemplo, qué se propone para crear empleo. La fiesta del ombligo
socialista va de Europa, la igualdad, el crecimiento, el conocimiento y el
bienestar, así, en bruto, que en estos tiempos de naufragio es
como hablarle al ahogado de las olas y el mar. Así visto,
el PSOE se podría haber ahorrado las marmóreas
salas del Palacio de Congresos de Madrid y haber alquilado solo los pasillos;
lo demás
es un gasto.
El
recuerdo en la conciencia colectiva de los años de Zapatero en el Gobierno y la
tenacidad casi obsesiva de Rubalcaba por mantenerse al mando de los restos del
naufragio han dejado al PSOE en su peor momento. Dicen sus colaboradores más
allegados que finalmente Rubalcaba no se presentará a
las primarias. Nunca sabremos si abandona por cansancio o porque se siente como
Cary Grant en "Con la muerte en los talones" con Carme Chacón,
Patxi López, Madina, Susana Díaz
y otros disparando desde la avioneta fumigadora. Igual que Hitchcock convirtió aquel
campo infinito en un pasillo de terror abusando de nuestra ansiedad, el PSOE ha
pasado de ser media España a un pasillo de Palacio de Congresos.
Por el bien del país, el PSOE debe reencontrase pronto
consigo mismo, pero de momento su alternativa solo suena a murmullo de pasillo
y a ir pasando lista. Tal vez Rubalcaba, íntimamente, ya solo aspire a permanecer
hasta poder echar la culpa a otro. Como
cuando cien mil chinos jugaron contra cien mil chinos al fútbol
en un pasillo y, tras un grito de gol, se escuchó el lamento del portero: “¡Si
es que me habéis dejado solo!”.
Víctor
M. Serrano Entío. Abogado.
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