viernes, 28 de marzo de 2014

NOSTALGIA. LO QUE TUVIMOS Y NO TENEMOS

LO QUE TUVIMOS Y NO TENEMOS


España está de luto de sí misma. Más allá del reconocimiento público al presidente Suárez, había nostalgia en cada lágrima derramada y en cada gesto ciudadano. Su velatorio, su funeral era el acto de entrega del certificado de defunción de buena parte de nuestras estructuras políticas e institucionales. Somos más conscientes de que hubo una manera noble de hacer política que no volverá. Estos días nos hemos despedido, tal vez para siempre, de la altura de miras en los asuntos públicos, de la grandeza de la política, que se nos ha ido muriendo entre los brazos sin dramatismo pero sin piedad.

Se da la paradoja de que cuando, en torno a un café, uno conversa con alguna de las élites intelectuales, culturales, económicas o empresariales -clases dirigentes de nuestra inerte sociedad civil-, el hartazgo que expresan es aún mayor que el que expresa el resto del país.  Hay verdadero hastío por la clase política y por unas instituciones que no funcionan porque son mero instrumento de intereses partidistas. Es la pescadilla que se muerde la cola y nos socarra las pestañas, como en aquel chiste de Eugenio en el que la cocinera acude al hospital con quemaduras de primer grado en la cara porque su suegra le había dicho que las pescadillas se fríen cogiéndoles la cola con la boca. El cansancio de la sociedad por la política es profundo y no es consecuencia exclusiva de la crisis económica. No habrá más confianza ciega. La desconfianza por la política es ya irreversible y nos lleva a la italianización definitiva de un país que ya está en fase de aprendizaje para aprender a vivir de espaldas a sus instituciones. Seremos italianos.

En lo que va de los leones del Congreso a la Catedral de Ávila, España es un país que se desangra entre la nostalgia y la inercia. Nostalgias hay varias. Una Jefatura del Estado que en su día supo afrontar los grandes retos que tenía la nación con decisión y valentía, trabajando de manera activa, sin interferir en la toma de decisiones derivadas de la gobernación del país y del papel ideológico e institucional de los partidos políticos, pero cogiendo al toro por los cuernos en lo ateniente a la defensa del Estado. Gobiernos que tomaban decisiones arriesgadas. El presidente del gobierno no es un zahorí de encuestas electorales, ni un mandado. Mucho menos un mudo. Debe hablar, opinar, involucrar al país, introducir debates políticos para que la ciudadanía los viva. Tomar partido. La obligación de un presidente es ponerse en pie con decisión y dignidad frente a los empujones de quienes de una manera u otra pretenden la desintegración del Estado. Para hacer frente al golpismo hay que ponerse de pie. El silencio está muy bien para ver un partido de tenis. Para jugarlo hay que correr tras cada pelota.

Nuestra nostalgia surge del dolor por un Poder Judicial en manos de los partidos políticos, a la judicatura sin márgenes de independencia, a la oposición aferrada al tactismo por si recibe la herencia sin ni siquiera tener una idea definida del Estado que quiere para 2015. Tenemos nostalgia por las ideologías; denostadas por muchos a finales del siglo XX, y que hoy se mostrarían eficaces en un marco intelectual que definiese los objetivos de la nación y de su sociedad, canal vertebrador para que los ciudadanos participaran e influyeran en los asuntos públicos.

Medio Congreso de los diputados no escribiría dos folios sobre el liberalismo, el conservadurismo, la socialdemocracia o el comunismo. Al otro medio le basta con aprenderse qué color de camiseta llevan los de la algarada semanal y violenta. El celebrado fin de las ideologías nos trajo esta política de brocha gorda, bronca macarra, vacío intelectual, tactismo y rentabilidad que ponen en primer orden de discusión pública cosas que los ciudadanos percibimos lejanas o menores.

La foto de esta semana de luto oficial no es la de El Rey y Suárez de paseo por los jardines sino la de la nostalgia por volver a un sitio que sabemos que está perdido para siempre. Descansen en paz la concordia, el pacto, el interés común, la prudencia. Pensábamos que el patriotismo y el respeto institucional estaban de parranda y estaban muertos. Nostalgia es querer volver cuando no hay a dónde.

Víctor M. Serrano Entío. Abogado

sábado, 22 de marzo de 2014

PUERTAS GIRATORIAS

LAS PUERTAS GIRATORIAS

En los antiguos juzgados de la plaza del Pilar unapuerta con dos hojas de hierro acristaladas y con rejas,recordaba a demandantes y demandados, denunciantes y denunciados, que el camino para acceder a la ley puede sertan rígido como transparente. Ante las puertas que dan acceso a la ley, y como en un relato de Kafka, hay un guardián tan duro como la forja y traslúcido como el cristal. En los nuevos Juzgados de instrucción de la avenida de Ranillas, en la Expo, las puertas giratoriascomplementan el mensaje y nos recuerdan que la ley puede hacernos entrar para acogernos o expulsarnos. Las puertas dan vueltas sobre el eje gravitatorio de la verdad y la mentira, la justicia y la injusticia. Un mismo eje de fuerzas contrapuestas que se anulan pero avanzanLas ruletas de cristal que hacen de puerta son más propias de un hotel a las afueras con toallas de rizo americano,tarritos de gel y canales de pago que de un juzgado. Juzgar y ser juzgado entre la vanguardia hotelera de materiales modernos, inconsistentes y fríos tiene sentido cuando para la política la modernización de la justicia pasa por convertir los pasillos en una terminal aeroportuaria (al uso ibérico, o sea, sin aviones) y no dotarla nunca de medios humanos. Un aeropuerto que solo activa los protocolos internacionales de seguridad aérea cuando declara Agapito Iglesias quien pasa el arco de seguridad tiene que dejarleal de la puerta el neceser y lcolonia, por si vuela el edificio con el cortaúñas y lo arrasa como La Romareda en día de partido.

Aragón es una tierra costumbrista que a veces se deshilacha a base de repetirse, un canfranero que choca contra los pirineos, gira y vuelve, como aquellos trenes infantiles por los que asoma su desproporcionada cabezaun maquinista de goma que se dan la vuelta al chocar contra el rodapié. Por eso los hechos de nueva noticia tienen tan buena acogida, y el caso PLAZA, ese del que algunos dicen que no hay que hablar mucho porque se desprestigia a la plataforma, como si el asesinato de Prim desprestigiara al empedrado de la calle del Turco, tiene mucho de novedoso en tanto en cuanto, hasta la fecha,Aragón había sido una tierra limpia sin corruptelas de envergadura. Así, lescandalosamente novedoso es además anormal, un cuerpo extraño en tejido sanoNos faltaba un andamio para una presunta trama de presuntos, y si bien es cierto que hubiera sido conveniente ahorrarsela novedad, los hechos enjuiciados nos sincronizan un poco con el territorio penitenciario nacional. Como aquella docena de bandoleros que asaltaban en el Monrepós y queno querían que nos descontextualizáramos con el sigloXVI.

Cuando las ansias de poder calzan plataformas y desmesuras al final se convierten en un andamio. Del andamio PLAZA llegó a colgarse un cuadro de Goya de diez millones de euros, vanidades, estrategias y prepotencia, mucha prepotencia. El poder era omnívoro y parecía indestructible, tanto que se intentó fusionar todo yde la fusión político social nació la confusión, tanta que el Real Zaragoza era una consejería del Gobierno de Aragón y el Gobierno de Aragón una maqueta a Gran Scala. Laotra maqueta, la de PLAZA, con sus farolas negras, suspodados árboles y sus frondosos sobrecostes era ya una premonición y una metáfora. No se puede poner el grito en el cielo porque las contratistas certificaran una videovigilancia que no pusieron y por la que presuntamente cobraron tres millones trescientos mil euroscuando parece evidente que sabían que el peligro no estaba ni en la nocturnidad de las calles sin bordillo ni en las farolas sin hilos de cobre.

Como esta semana el Gobierno de Aragón haanunciado una Ley de Transparencia (ya tenemos ordenanza municipal y Ley estatal), y ayer fue el día de la felicidad, entrada ya la primavera podemos decir quenuestra comunidad y sus instituciones no han creadoentramados corruptoni han protegido prácticas sucias,que las conductas son individualizablesque las propias Cortes de Aragón han creado una comisión de investigación con el apoyo decidido del PSOE de Lambán,a quien la cosa le puede venir bien para romper lazos con el pasado, y que llegados a este punto primaveral confiamos en que los tribunales de justicia dictarán unaverdad judicial, que es la que al final cuentaLos aragoneses podremos seguir confiando en nuestras instituciones y en que nuestra tierra es de gente honestaaunque está en la condición humana que sigan girando las puertas de los juzgados con o sin la energía del destello de los flashes.


Víctor M. Serrano Entío. Abogado.    

viernes, 14 de marzo de 2014

ANDALUCIA SOLO HAY UNA

ANDALUCÍA SOLO HAY UNA

Se asoma la campaña de las elecciones europeas y con ella los excesos de la retórica. Elena Valenciano se ha sumergido en la hipérbole como para paliar que el PP haya estado sin candidato. Rajoy no tenía prisa mientras el PSOE le trabajaba el centro. Las elecciones europeas, en las que la ideología nos da libertad de voto para hacer travesuras, se parecen a las juntas de la comunidad de propietarios: nunca vamos pero nos arrepentimos al leer el acta con la subida de gastos y la prohibición de que los niños jueguen con pelotas en el patio. Como Spain no “is different”, que es peor, las elecciones más abiertas y de trascendencia internacional las convertimos en una inocentada para veteranos con reparto de premios a la extravagancia. El caso es que Elena Valenciano en Málaga ha sido la primera en conseguir que nos llevemos la mano a la oreja como autoafirmación de que le estábamos entendiendo: su ideal político, su modelo social para exportar a Europa y al universo mundo es Andalucía.

La Andalucía oficial es el resultado de más de treinta años del PSOE en el Gobierno pero lo único que uno no se imaginaba es que la cosa era como para presumir tanto y como para querer trasplantar el modelo a París, Berlín o Viena.  Elena Valenciano dice que Andalucía es el ejemplo de “las políticas” que defenderá en Europa, y que “hay que hacer una Europa más andaluza”. Luego pone como ejemplo la alegría y la luz de Andalucía y con ello, además de ahondar en el tópico más que una botella de Tío Pepe, pone bajo sospecha el rigor y las cosas serias de Andalucía. Que Andalucía es alegría, amabilidad, luz y color, lo sabíamos. Pero es todo un síntoma que tras treinta años de “políticas” del partido de Valenciano en Andalucía haya que recurrir a la luz, las playas, la alegría, el flamenco y el “aje” de Andalucía como si Lauren Postigo estuviese entrevistando a Paca de Carmona en “Glorias de España”, versión martes y trece. Más que nada porque aunque a una persona en continuo aislamiento de contacto en la burbuja del aparato del partido le pueda parecer inverosímil, en Andalucía habría luz, alegría, playas y otras glorias aunque hubiesen gobernado treinta años otros que no sean los de su partido.  Las telas de lunares, los “pescaítos”, las gorras camperas, el aceite de oliva, el campo, las playas, las olas y el mar más que un argumentario serio de campaña parece una canción de “Los chunguitos”.

Andalucía lidera el ranking europeo de abandono escolar. También lidera el nacional de consumo televisivo. Junto con Canarias lidera el de universitarios en paro. Es sabido que lidera la tasa de paro. Tiene la mayor tasa de paro juvenil, entre los 16 y los 29 años. El Servicio Andaluz de Salud perdió a 3.224 trabajadores fijos el año pasado. Según los datos aportados por el sindicato de Enfermería, Andalucía nunca ha estado a la cabeza en gasto sanitario por habitante. Desde 2014 es la Comunidad autónoma con menor inversión sanitaria por habitante. El 54 por ciento de los hospitales de la región son privados. Cataluña, con un millón menos de habitantes, cuenta con 65 hospitales públicos, 19 más que Andalucía. Desde que España se incorporó en la Unión Europea en 1986 Andalucía ha recibido casi 40.000 millones de euros solo en fondos de cohesión. A falta de cerrar el presupuesto europeo, se estima que la región dispondrá de 8.700 millones más en los próximos seis años.

Prescindiendo del tópico que ve en Andalucía sol, alegría y luz -algo de lo que antes que Valenciano ya se percató Isabel la Católica- y desechando la hipérbole de querer ver a la región más subvencionada y con más paro de Europa como cabeza motora de la Unión,  hay una Andalucía que trabaja, lucha y se esfuerza día a día porque el tópico desparezca; con una clase empresarial y trabajadora que da el callo, con un potente sector agroalimentario que exporta más y mejor cada año, un sector turístico y de servicios extraordinario, y toda una sociedad civil que se dignifica aún más por vivir en el contexto de una clase dirigente que la pretende siempre subvencionada. En Andalucía lo único que no es homologable la Andalucía oficial que no ha sabido resolver en más de treinta años los problemas de los andaluces, la Andalucía de coche oficial y moqueta y la de los ERE. Que una política honesta como Valenciano quiera de ejemplo a la Andalucía de las cifras oficiales sobre educación, sanidad y empleo en Bruselas, sólo puede ser porque le falle su visión del mundo más allá de la calle Ferraz de Madrid. No deja que la realidad le estropee una hipérbole. Sospecho que si hubiera podido, Rajoy no nombra candidato o nombra a un mudo. Cuenta con Valenciano.


Víctor M. Serrano Entío. Abogado.

jueves, 6 de marzo de 2014

LAS ESQUINAS DEL GUGGENHEIM

LAS ESQUINAS DEL GUGGENHEIM


            Dormidas las tertulias de la noche, los ancianos sufrían terrores nocturnos y guardaban la tela bajo la lana, ignorantes de que ahora los colchones son de látex. La gente repartía su dinero entre los bancos como en un juego de baraja en el que solo pintaban bastos porque creían, en su inocente ilusión de ciudadanos nacidos, crecidos y reproducidos bajo el principio de seguridad jurídica, que el corralito financiero respetaría cien mil euros por banco, como las chicas que hacían la calle en los cuarenta respetaban las medallas de los mutilados en la división azul. Cruzábamos los ríos con la sensación de que nunca volveríamos a cruzarlos. La vetusta Europa que planeaba intervenirnos a la griega, afilaba el pico del buitre de marfil que corona la empuñadura su bastón, pero se gustó demasiado marcando los tiempos, y entre artrítica y burocrática -tanto monta- a lo que fue a agarrarnos del cuello se le complicó el ahogo porque Rajoy, a base de recibir, ya llevaba collarín. En los divanes de los psicólogos solo cabía ya una de las dos españas, por una vez sin discriminaciones ideológicas; españolito que vienes al mundo te ampare el sistema sanitario público de atención psiquiátrica.

El cerebro borra los malos recuerdos para sobrevivir. Tal vez por eso -y porque nos lo dice el CIS- percibimos que ha pasado la recesión y barruntamos la recuperación como los auríspices escrutaban las entrañas: con entusiasmo pero sin método científico. No conviene olvidar de donde veníamos porque el elemento comparativo es nuestra guía para vender, comprar y elegir, lo mismo quesos que casas, políticos que preservativos. Veníamos de Davos, de cuando Rodríguez Zapatero, ante un centenar de presidentes de multinacionales, economistas y dirigentes de todo el mundo, paralizó durante diez minutos el Foro Económico Mundial, en enero de 2.010, por ser el único que no hablaba inglés. Además de hacerle todo un homenaje al tardío cine mudo de los años treinta, dio el pistoletazo de salida para que los mercados y sus afiladas garras nos hiciesen jirones. Jirones en los ropajes que tapaban a duras penas nuestras vergüenzas porque para entonces la economía española era ya un walking dead acribillado por manejar imprudentemente un revolver cargado de gasto y déficit en plena recesión mundial; un muerto viviente que seguía respirando el humo de la hoguera de excentricidades y fetiches ideológicos del entonces presidente. Davos nunca fue una causa, tal vez ni siquiera un efecto; Zapatero en Davos fue la foto de toda una nación desprotegida, empobrecida y sin rumbo. (Flashback off).

            Rajoy renuncia a ir a Davos en enero pasado. Moragas, su jefe de gabinete, le dice que se le deja un hueco marginal y decide no ir. Pero esta semana, en un éxito propagandístico sin precedentes de este Gobierno del PP, que no le vende un barril de cerveza a Mario Vaquerizo, el Gobierno ha reunido a la crème de la crème de la economía nacional e internacional en el Guggenheim de Bilbao. Rajoy -lanzado el mensaje interno de la recuperación en el debate sobre el Estado de la Nación- se ha montado un mini-Davos para decirle al mundo en diez minutos que España vuelve al crecimiento. El FMI, la OCDE, el Eurogrupo, la Comisión Europea y el IBEX 35 se le rindieron al mensaje.
            Lagarde dice que gracias a las decisiones de los últimos años, Europa y España están doblando la esquina pero lo que Lagarde no sabe es que en España las esquinas no siempre son de fiar; las esquinas se doblan en Bruselas pero en España las esquinas comercian o trafican, se iluminan u oscurecen pero nunca han tenido memoria. De hecho, en una esquina al otro lado del cordón policial frente al Guggenheim, había gente este lunes que no sabe que ya se puede escribir de la recesión en pasado y hacer memoria. Llegó el martes, dobló la esquina del lunes, y reforzó los diez minutos de Rajoy con los mejores datos para el empleo desde el inicio de la crisis. En diez minutos bilbaínos Rajoy nos cambió los tiempos verbales con los que a partir de ahora escribir de recesión. La ruina nos pilló supervisando nubes sin sospechar que la solución estaba en las esquinas. Uno sospecha que Rajoy está arrepentido por haber hecho una campaña electoral en las nubes prometiendo milagros exprés, y que el presidente sabe que si llega a prometer lo que demandaban los divanes y las esquinas, o sea, sangre, sudor y lágrimas, ahora tendría más reconocimiento por su trabajo y diez puntos más en cada encuesta. Tal vez, antes de investirse y empezar a recibir collejas, creyó en la enseñanza ñoña de José Luis, esa tontería de que la tierra no es de nadie, solo del viento, cuando está claro que la tierra es de las esquinas, incluidas las esquinas del psiquiátrico de Leopoldo María Panero.



Víctor M. Serrano Entío. Abogado.