LOS BIENES EXPOLIADOS
Para el conseller de Cultura de la Generalitat, Ferran
Mascarell, es misión imposible que las obras de
arte sacro depositadas en el Museo Diocesano de Lérida vuelvan a Aragón. El "seny" catalán no era esto. Mascarell
quiere interpretar “Misión Imposible” y ya hay una legión pancatalanista que le sigue porque cuando aparece un
verdadero genio siempre hay una legión de necios dispuestos a la
alabanza. Mascarell, hombre del PSC rescatado por Mas por su útil servicio a la causa en tiempos del tripartito
independentista de izquierdas -causa que no es otra que la extirpación de cualquier atisbo de raíz cultural española en Cataluña- ha reabierto la guerra con
el entusiasmo con el que los conversos inician las guerras de religión; solo que ni tiene pinta de seguidor de San Pablo ni
acepta un Tratado de Westfalia ya escrito negro sobre blanco tanto en folios
canónicos como civiles. Hay que
ver lo que le gusta el arte religioso a quienes se afanan para que generaciones
venideras no sepan ni quién es Jesucristo.
Para perpetuar el expolio, el Conseller desgrana de mala
gana, sin molestarse mucho, un par de argumentos: la unidad e indivisibilidad
de la colección, y la catalogación de las piezas por la Ley de Patrimonio Cultural catalán. Con respecto a la unidad e indivisibilidad cabe decir
que es exactamente el argumento contrario al defendido por la Generalitat para
sacar los papeles del archivo de Salamanca. Se los llevaron de noche y en
furgoneta. Con respecto a la Ley de Patrimonio Catalán como título de propiedad habilitante
resulta grotesco invocar una ley autonómica como excusa para el
incumplimiento de sentencias judiciales firmes. Si mañana Aragón promulga una Ley de
Patrimonio que incluya y catalogue los bienes de la Corona de Aragón estamos empatados al menos con el Imperio Romano. Cuando
desmembrar un archivo y destrozar un museo lo fue en beneficio de las
pretensiones catalanistas, como en Salamanca, no vimos al Sr. Conseller ponerse
estupendo con la indivisibilidad de la colección, que por otra parte y en
este caso concreto de los bienes aragoneses, es una invisibilidad rotundamente
falsa, ya que la procedencia de los bienes es tan diversa como lo son los
conventos y parroquias de Aragón de donde fueron expoliadas.
El único nexo común es, precisamente, el de ser aragoneses.
Merece capítulo aparte que la Generalitat
defienda que la propiedad de los bienes no está en discusión; dicen que pertenecen a Cataluña porque ostenta legítimos títulos de propiedad (aunque nadie los ha visto) cuando
muchos de los bienes aragoneses fueron saqueados de los conventos en la guerra
civil mientras los anarquistas violaban a las monjas antes de despeñarlas. Otros, desaparecieron de las parroquias sin
conocerse las causas, y otros muchos fueron llevados por los propios curas
catalanes a Cataluña en una autopráctica aplicación del concepto de caridad. Tan
curiosa interpretación del concepto de propiedad
por parte del Sr. Conseller tal vez se debe a su sesgo ideológico. Al fin y al cabo, el pancatalanismo ya es de por sí una fuerza atrayente que lo mismo centrifuga la franja en
un informativo del tiempo en TV3 que absorbe Valencia y Baleares como meros satélites, fagocita señas de identidad o reivindica
la catalanidad de Cervantes.
Haría bien la Generalitat en ser más respetuosa con el Estado de Derecho, pero ya que no lo
es, haría bien el Estado de Derecho en
hacer cumplir las sentencias que nunca se ejecutan en Cataluña. Al Sr. Conseller le vendría bien saber que, más allá del deficitario y deficiente
teatro en catalán de butaca vacía que subvenciona, más allá de doblar La Guerra de las Galaxias para escuchar a Darth
Vader decirle a Luke Skywalker "Jo sóc el teu pare" y más allá de tener diez emisoras en FM
de música pop en catalán para así poder localizar mejor a Malú en los cuarenta principales, un Conseller de Cultura debe
ser respetuoso con el Derecho. No creo que Mascarell haya leído la Fenomenología del Espíritu de Hegel, pero le vendría bien saber que la cultura es una asimilación del mundo del derecho. El Gobierno de Aragón cuenta con el respaldo de todos para hacer valer la razón del derecho y debe hacerlo con decisión y entusiasmo en una causa justa que va a medir nuestro
amor propio y nuestra capacidad para defender lo nuestro desde la prudencia y
el respeto por todos. No como otros.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
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