CABEMOS TODOS
En el beso al aire de una Reina madre hacia su hijo recién proclamado Rey queda condensada la estética de la monarquía parlamentaria del siglo XXI. Luego, en el primer discurso, oímos al Rey hablar de honor y responsabilidad, de esperanza e Historia, de unidad frente a uniformidad, pero ese beso al aire, que es el que lanzan las madres cuando ven a sus hijos lejos desde muy cerca, cuando se dan cuenta de que el hijo ya no les pertenece, institucionaliza que los rancios corsés ya no existen. Asistimos a una monarquía renovada para un tiempo nuevo, nos dijo después el Rey. En su discurso, nada encorsetado pese al rigor del entorno, se adivina ímpetu en pos de la renovación más urgente, que es la generacional. Desde su fe en la unidad de España, el nuevo Rey nos dice que aquí cabemos todos y que la democracia parlamentaria no se agota en esta Constitución. El Rey teatraliza su estreno actualizado y sincronizado con su tiempo, y sabe que nada tiene ganado si no es ejemplar en el desempeño de la Jefatura del Estado. Si consigue que los españoles lo perciban como un hombre de hoy sin los privilegios de ayer, que trabaja por España, no habrá nada más anacrónico que Urkullu y Mas negándole el aplauso, dos que no entienden su papel institucional y a los que la comparación con el nuevo Rey ya les convierte hoy en políticos viejos prematuros. Ha bastado la nueva imagen de un nuevo Rey para que determinada casta política sea hoy muchísimo más vieja que ayer. Felipe VI recuerda que ya nos dejó dicho Cervantes por boca de Don Quijote que no es un hombre más que otro si no hace más que otro, que es la versión literaria y castellana de la aragonesa fórmula de los Fueros de Sobrarbe: “¡Señor! Nos que somos tanto como vos, pero juntos más que vos…”. El Rey liderará a una nueva generación cuyo principal reto es el de que quepamos todos. Sabe que sólo juntos podemos seguir siendo una gran nación.
En las crónicas y en las peluquerías se señala que este Rey es el primer Rey constitucional, lo que significa que es una de esas pocas veces que la Historia de España no nace de una boda o de un funeral, de la asonada de un cuartel o de la revolución de una mina, y a eso venimos a llamarlo normalidad. Pero no es normal que sea el Rey el que trate de poner al país en hora con su tiempo, el que evidencie la urgencia de un cambio de rumbo hacia un país más amable con sus ciudadanos y el que ponga en pie en la alfombra del Congreso y para exposición pública las estatuas de los riesgos de la nación. El Rey no olvida la tradición histórica (“la humanidad no se entiende sin la Historia de España”) pero la entiende no como mero relato y exposición de acontecimientos, como Herodoto, sino como anclaje para un motor de cambio y futuro.
En este extraño país nuestro, la revolución pendiente es fundamentalmente generacional y en lugar de nacer en las calles, en los bares y en la cola del paro la ha parido el Rey saliente. Ahora se impondrá la ley de la gravedad y la renovación caerá de arriba a abajo o el país saldrá en globo. Andy Warhol hizo de la manipulación fotográfica toda una categoría estética, y décadas después Obama y otros se hicieron un “selfie” en el funeral de Mandela para dejar constancia de que el emperador no tiene modales y de que la Historia de hoy no se escribe, se fotografía, y por lo tanto no nace de los Tratados sino de los gestos. Ya sabemos que el Rey reina pero no gobierna, como nos recordó ayer Rudi probablemente por aquello de que ella reina y gobierna y no quiere competidores, pero la forma de gobernar que hoy se impone en el poder político es la del no gobierno, así que no dudo de que con prudencia, lealtad, esfuerzo y discreción el Rey puede realizar una labor esencial en los próximos e inmediatos años de vida de España. La tarea es difícil, la moderación de los radicales todo un reto, y por si alguien tenía duda de que se han echado al monte Artur Mas, que es el que la paga en la gallinita ciega, no sólo no aplaudió sino que no se enteró de nada, porque tiene el fatalismo del que niega el pasado y niega el futuro. Si alguien puede cumplir hoy la función moderadora de una monarquía constitucional ese es el Rey Felipe VI. Antes, y en corto espacio de tiempo, debe ganarse la confianza del día a día. Necesita felipistas. Lo tiene más difícil que su padre y la clave del éxito de la gran nación española está en que la clase política y dirigente no le deje solo ante la reforma y la reconstrucción. El gran éxito del discurso del Rey es que sabemos que no se olvida de nadie y que sabe cuales son los retos.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado
sábado, 21 de junio de 2014
SUSANA SOLO HAY UNA
SUSANA SÓLO HAY UNA
El PSOE está encaramado al árbol de la incertidumbre. Todos desde ahí querían divisar la llegada de Susana Díaz y había ya codazos para coger buena rama. Cuando un político saca los codos es que alguien de los suyos se va a sacar un “selfie” con el poder y hay que abrirse hueco para ocupar los ángulos. El coche oficial de Susana ha pasado de largo con las ventanillas cerradas y ha dejado una estela de gasoil y suficiencia. La cosa tiene algo de Bienvenido Mr. Marshall con la diferencia de que en lugar de queso amarillo para repartir en las parroquias de postguerra Susana Díaz traía la naturalidad y el frescor a Ferraz; ahora queda todo aplazado y pospuesto por la incertidumbre. Susana Díaz se ha dejado querer mucho, recreándose con la perplejidad de quien no esperaba tanto afecto incondicional. Tras consultar con “los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía” ha tomado la decisión de posponerse a sí misma, y con ella, queda pospuesta la verbena y el apoteosis. Rubalcaba, que como maestro de ceremonias tampoco resulta, siempre podrá alegar que la proclamación de Susana por aplausómetro era una cosa más de los barones que suya, así que no hace falta que salga al balcón de Pepe Isbert a decir eso de "como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a dar.". Alfredo estaba escribiéndose el discurso magnífico del miércoles en las Cortes.
La figura pública de Susana Díaz crece como la espuma. Seguirá ascendiendo porque Susana tiene muy alto el nivel de exigencia para con los demás y fe en sí misma. Sus detractores y otros odiadores oficiales dicen que no tiene curriculum, como si abundasen los curriculum en la iberia política o, por ejemplo, en su oponente popular en Andalucía, Juanma Moreno, el chico que presume en las entrevistas de haber trabajado dos meses de motero en telepizza. A los personajes de una representación teatral hay que contextualizarlos siempre con el tiempo y el espacio, y sería injusto empezar por exigirle a Susana una licenciatura y diez años de ejercicio profesional en algo. El caso es que Susana Díaz tiene un affaire con los focos. Si se postula desde el silencio, tiene el foco. Si se descarta, el foco es suyo. Tiene la fuerza comunicativa que solo puede tener una andaluza. Tiene algo de talento en bruto y mucho de oportunismo u oportunidad, según. Hay quienes le acusan de tactismo por abdicar la Secretaría General del partido en este momento en el que ya han abdicado Rubalcaba, López, Navarro y la mitad de los votantes del PSOE. Acusar a un político de tactismo o de ambición es como acusar a Rostropóvich de tocar muy bien el violonchelo porque usaba un violonchelo. Susana Díaz ha demostrado que sabe manejar los tiempos en política, que tiene paciencia y edad para esperar y que si para 2016 fracasan los madinismos u otros experimentos por venir –lo cual es muy probable- vendrán desde Ferraz hasta la calle de San Vicente en Sevilla para saltar la valla y conducirla hasta un Congreso. Para eso faltan dos años y a saber cuantas más abdicaciones.
El mensaje de Díaz cala en la gente porque es un mensaje sencillo. A veces demasiado previsible y algo demagógico y peronista, pero ella tiene la virtud política de hacerlo creíble. Oyes a Susana decir que el PSOE es el partido de la gente normal que ha hecho casi todas las cosas en España y no solo te lo crees sino que además no reparas en que a veces también ha desecho algunas otras. En estos días de reescrituras y relecturas interesadas, se agradecen las obviedades previsibles de la Presidenta de Andalucía, sobretodo cuando dice que trabaja para que Andalucía siga contribuyendo a la estabilidad del Estado. Urge la Revolución de la vuelta a la normalidad y la Presidenta dice las cosas previsibles que debe decir una socialista. Si llega Madina u otro para romper la tradición de un PSOE socialdemócrata de clase media, cómodo con el Rey, el IBEX, el sindicato y la casa del pueblo, es cuestión de tiempo que el PSOE se lance de nuevo a los brazos de Susana Díaz, la mujer del discurso sencillo que conecta con la calle y con los valores de un PSOE esencial en estos años de democracia en España. En política siempre hay trenes que vuelven a pasar. Salvo que algún Alberto Sotillos u otro milagro lo remedie, pero no hay síntomas. El país está cambiando, aún no se sabe hacia qué ni hacia dónde, y las subdirectoras y los directores de los periódicos nos piden el esfuerzo del análisis pero sólo podemos ofrecerles el voluntarismo de la adivinación, con sus riesgos evidentes.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
El PSOE está encaramado al árbol de la incertidumbre. Todos desde ahí querían divisar la llegada de Susana Díaz y había ya codazos para coger buena rama. Cuando un político saca los codos es que alguien de los suyos se va a sacar un “selfie” con el poder y hay que abrirse hueco para ocupar los ángulos. El coche oficial de Susana ha pasado de largo con las ventanillas cerradas y ha dejado una estela de gasoil y suficiencia. La cosa tiene algo de Bienvenido Mr. Marshall con la diferencia de que en lugar de queso amarillo para repartir en las parroquias de postguerra Susana Díaz traía la naturalidad y el frescor a Ferraz; ahora queda todo aplazado y pospuesto por la incertidumbre. Susana Díaz se ha dejado querer mucho, recreándose con la perplejidad de quien no esperaba tanto afecto incondicional. Tras consultar con “los ciudadanos y ciudadanas de Andalucía” ha tomado la decisión de posponerse a sí misma, y con ella, queda pospuesta la verbena y el apoteosis. Rubalcaba, que como maestro de ceremonias tampoco resulta, siempre podrá alegar que la proclamación de Susana por aplausómetro era una cosa más de los barones que suya, así que no hace falta que salga al balcón de Pepe Isbert a decir eso de "como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a dar.". Alfredo estaba escribiéndose el discurso magnífico del miércoles en las Cortes.
La figura pública de Susana Díaz crece como la espuma. Seguirá ascendiendo porque Susana tiene muy alto el nivel de exigencia para con los demás y fe en sí misma. Sus detractores y otros odiadores oficiales dicen que no tiene curriculum, como si abundasen los curriculum en la iberia política o, por ejemplo, en su oponente popular en Andalucía, Juanma Moreno, el chico que presume en las entrevistas de haber trabajado dos meses de motero en telepizza. A los personajes de una representación teatral hay que contextualizarlos siempre con el tiempo y el espacio, y sería injusto empezar por exigirle a Susana una licenciatura y diez años de ejercicio profesional en algo. El caso es que Susana Díaz tiene un affaire con los focos. Si se postula desde el silencio, tiene el foco. Si se descarta, el foco es suyo. Tiene la fuerza comunicativa que solo puede tener una andaluza. Tiene algo de talento en bruto y mucho de oportunismo u oportunidad, según. Hay quienes le acusan de tactismo por abdicar la Secretaría General del partido en este momento en el que ya han abdicado Rubalcaba, López, Navarro y la mitad de los votantes del PSOE. Acusar a un político de tactismo o de ambición es como acusar a Rostropóvich de tocar muy bien el violonchelo porque usaba un violonchelo. Susana Díaz ha demostrado que sabe manejar los tiempos en política, que tiene paciencia y edad para esperar y que si para 2016 fracasan los madinismos u otros experimentos por venir –lo cual es muy probable- vendrán desde Ferraz hasta la calle de San Vicente en Sevilla para saltar la valla y conducirla hasta un Congreso. Para eso faltan dos años y a saber cuantas más abdicaciones.
El mensaje de Díaz cala en la gente porque es un mensaje sencillo. A veces demasiado previsible y algo demagógico y peronista, pero ella tiene la virtud política de hacerlo creíble. Oyes a Susana decir que el PSOE es el partido de la gente normal que ha hecho casi todas las cosas en España y no solo te lo crees sino que además no reparas en que a veces también ha desecho algunas otras. En estos días de reescrituras y relecturas interesadas, se agradecen las obviedades previsibles de la Presidenta de Andalucía, sobretodo cuando dice que trabaja para que Andalucía siga contribuyendo a la estabilidad del Estado. Urge la Revolución de la vuelta a la normalidad y la Presidenta dice las cosas previsibles que debe decir una socialista. Si llega Madina u otro para romper la tradición de un PSOE socialdemócrata de clase media, cómodo con el Rey, el IBEX, el sindicato y la casa del pueblo, es cuestión de tiempo que el PSOE se lance de nuevo a los brazos de Susana Díaz, la mujer del discurso sencillo que conecta con la calle y con los valores de un PSOE esencial en estos años de democracia en España. En política siempre hay trenes que vuelven a pasar. Salvo que algún Alberto Sotillos u otro milagro lo remedie, pero no hay síntomas. El país está cambiando, aún no se sabe hacia qué ni hacia dónde, y las subdirectoras y los directores de los periódicos nos piden el esfuerzo del análisis pero sólo podemos ofrecerles el voluntarismo de la adivinación, con sus riesgos evidentes.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
viernes, 6 de junio de 2014
COSAS DE CASA
Un padre es siempre un padre, incluso cuando es padre político, o sea suegro, y aunque la política siempre matice el cariño. El amor y la amistad, los únicos sentimientos profundos del ser humano junto al odio, se llevan mal con la táctica y peor con la estrategia. Esta noche en vela -en la que Cayetana y Manuel me han estado pidiendo agua para cumplimentar el ceremonial de una infancia que necesita rehidratarse a las cuatro de la mañana como si acabara de salir de cenar anchoas de Santoña con Miguel Ángel Revilla- he comprendido que las cosas que pueden parecer más complejas, desde la Jefatura del Estado hasta el sistema de partidos no son sino la proyección de nuestras necesidades más íntimas. Desde la nación hasta la ferretería todo tiene una razón de ser familiar. De los tembleques del viejo Rembrandt nace el impresionismo. De un padre maldormido (Julio César) y de un hijo con sed (Bruto) surgió una guerra civil.
Los republicanos tercera edición critican que la toma de decisiones de un Rey pueda hacerse en función de circunstancias personales pero uno luego ve las fotos de los chicos que agitan la tricolor con su novedosa estrella roja de cinco puntas (en Camboya menos novedosa) y el republicanismo que vivimos en España es hoy más sentimental que intelectual, más mágico que racional, más pictórico que histórico. También más joven y adolescente que el de principios del XX. Hay un nuevo republicanismo joven de cabeza para abajo pero que envejece en cuanto subes la vista y le ves la coronilla a los lemas y a las banderas. Entonces te das cuenta de que son los nietos de alguien. El anhelo de la III República es el retrato de Dorian Grey, con una alegre y agradable muchachada repleta de colágeno exhibiendo banderas que envejecen por ellos.
El problema de ser republicano en España sin ser de izquierdas es que no te dejan ni aunque lo intentes con ganas, como bien sabe Jorge Azcón. Los republicanos teóricos, los que deberían sentar cátedra sobre la República, no existen. Los prácticos, los que salen con la tricolor, la hoz y el martillo y la estelada catalana, son una vacuna histórica para tres cuartas partes, al menos, del país. O mejor dicho, el recordatorio de la vacuna. La I República, el intento más serio por traer una República a España, duró dos años y tuvo cinco Presidentes. De la Segunda mejor no hablamos, porque de Azaña pasamos al ¡Viva Rusia! y la cosa acabó como acabó. Hay mucho de rebeldía familiar en las concentraciones republicanas de esa parte de la izquierda. Ya se vio en Zapatero, que después de su freudiano matar al padre socialdemócrata para resucitar al abuelo comunista y republicano ha acabado de cortesano de Juan Carlos y confesor. Donde la cosa llegó al paroxismo fue en Barcelona el lunes, y junto a dos docenas de banderas republicanas (de la República Española) había centenares de esteladas independentistas (de la Independencia de Cataluña), así que uno ya no sabía si lo que querían era que primero viniera la República Española para su destrucción posterior vía secesión catalana, o que llegase todo a la vez para darse un abrazo fraternal y emotivo solo interrumpido cuando el funcionario de aduanas terminase de poner la barrera rojiblanca en la frontera. De locos.
Felipe VI debería bajar a Sol con sus recién estrenados validos y nuevos cortesanos a regalarle a los chicos de la tricolor 3.0 los cuadernos de Azaña que van del 30 al 33. Azaña, además de hacer de sus invocaciones políticas el retrato psicológico de España, dibuja como nadie por qué la República intelectual y burguesa se le fue llenando de un atajo de torpes que confunden forma de estado con ejercicio descarnado de la política. Azaña tuvo una pasión por la República más mental que afectiva y encarnaba la racionalidad republicana, que se ha perdido o anda muy escondida y sin ganas de hacer un ejercicio intelectual trabajoso y serio. Sorprende que estos jóvenes idealistas -sin duda bien intencionados- que van a Sol o a la Plaza del Pilar a pedir otra República, odien a los partidos políticos y quieran meter de lleno a la clase política con su lucha de partidos nada menos que en la Jefatura del Estado. Quieren elegir plebiscitariamente al Jefe del Estado, lo cual es noble y democrático, pero olvidan que la República no garantiza eso: de los dos presidentes que tuvo la II República ni Alcalá Zamora ni Azaña fueron elegidos por el voto popular directo, sino por los diputados en Cortes, aunque para elegir a Azaña hubo que reunir a los diputados en el Palacio de Cristal del Retiro porque eran novecientos once. La izquierda está con sus cosas de casa y eso también pudo intuirse en la Puerta del Sol aunque la inmensa mayoría de la izquierda moderada, o sea, socialdemócrata no está, al menos de momento, por coger la tricolor. Los socialdemócratas y los conservadores siempre han sido perezosos para con la experimentación de las cosas del comer.
Víctor Manuel Serrano Entío. Abogado.
Un padre es siempre un padre, incluso cuando es padre político, o sea suegro, y aunque la política siempre matice el cariño. El amor y la amistad, los únicos sentimientos profundos del ser humano junto al odio, se llevan mal con la táctica y peor con la estrategia. Esta noche en vela -en la que Cayetana y Manuel me han estado pidiendo agua para cumplimentar el ceremonial de una infancia que necesita rehidratarse a las cuatro de la mañana como si acabara de salir de cenar anchoas de Santoña con Miguel Ángel Revilla- he comprendido que las cosas que pueden parecer más complejas, desde la Jefatura del Estado hasta el sistema de partidos no son sino la proyección de nuestras necesidades más íntimas. Desde la nación hasta la ferretería todo tiene una razón de ser familiar. De los tembleques del viejo Rembrandt nace el impresionismo. De un padre maldormido (Julio César) y de un hijo con sed (Bruto) surgió una guerra civil.
Los republicanos tercera edición critican que la toma de decisiones de un Rey pueda hacerse en función de circunstancias personales pero uno luego ve las fotos de los chicos que agitan la tricolor con su novedosa estrella roja de cinco puntas (en Camboya menos novedosa) y el republicanismo que vivimos en España es hoy más sentimental que intelectual, más mágico que racional, más pictórico que histórico. También más joven y adolescente que el de principios del XX. Hay un nuevo republicanismo joven de cabeza para abajo pero que envejece en cuanto subes la vista y le ves la coronilla a los lemas y a las banderas. Entonces te das cuenta de que son los nietos de alguien. El anhelo de la III República es el retrato de Dorian Grey, con una alegre y agradable muchachada repleta de colágeno exhibiendo banderas que envejecen por ellos.
El problema de ser republicano en España sin ser de izquierdas es que no te dejan ni aunque lo intentes con ganas, como bien sabe Jorge Azcón. Los republicanos teóricos, los que deberían sentar cátedra sobre la República, no existen. Los prácticos, los que salen con la tricolor, la hoz y el martillo y la estelada catalana, son una vacuna histórica para tres cuartas partes, al menos, del país. O mejor dicho, el recordatorio de la vacuna. La I República, el intento más serio por traer una República a España, duró dos años y tuvo cinco Presidentes. De la Segunda mejor no hablamos, porque de Azaña pasamos al ¡Viva Rusia! y la cosa acabó como acabó. Hay mucho de rebeldía familiar en las concentraciones republicanas de esa parte de la izquierda. Ya se vio en Zapatero, que después de su freudiano matar al padre socialdemócrata para resucitar al abuelo comunista y republicano ha acabado de cortesano de Juan Carlos y confesor. Donde la cosa llegó al paroxismo fue en Barcelona el lunes, y junto a dos docenas de banderas republicanas (de la República Española) había centenares de esteladas independentistas (de la Independencia de Cataluña), así que uno ya no sabía si lo que querían era que primero viniera la República Española para su destrucción posterior vía secesión catalana, o que llegase todo a la vez para darse un abrazo fraternal y emotivo solo interrumpido cuando el funcionario de aduanas terminase de poner la barrera rojiblanca en la frontera. De locos.
Felipe VI debería bajar a Sol con sus recién estrenados validos y nuevos cortesanos a regalarle a los chicos de la tricolor 3.0 los cuadernos de Azaña que van del 30 al 33. Azaña, además de hacer de sus invocaciones políticas el retrato psicológico de España, dibuja como nadie por qué la República intelectual y burguesa se le fue llenando de un atajo de torpes que confunden forma de estado con ejercicio descarnado de la política. Azaña tuvo una pasión por la República más mental que afectiva y encarnaba la racionalidad republicana, que se ha perdido o anda muy escondida y sin ganas de hacer un ejercicio intelectual trabajoso y serio. Sorprende que estos jóvenes idealistas -sin duda bien intencionados- que van a Sol o a la Plaza del Pilar a pedir otra República, odien a los partidos políticos y quieran meter de lleno a la clase política con su lucha de partidos nada menos que en la Jefatura del Estado. Quieren elegir plebiscitariamente al Jefe del Estado, lo cual es noble y democrático, pero olvidan que la República no garantiza eso: de los dos presidentes que tuvo la II República ni Alcalá Zamora ni Azaña fueron elegidos por el voto popular directo, sino por los diputados en Cortes, aunque para elegir a Azaña hubo que reunir a los diputados en el Palacio de Cristal del Retiro porque eran novecientos once. La izquierda está con sus cosas de casa y eso también pudo intuirse en la Puerta del Sol aunque la inmensa mayoría de la izquierda moderada, o sea, socialdemócrata no está, al menos de momento, por coger la tricolor. Los socialdemócratas y los conservadores siempre han sido perezosos para con la experimentación de las cosas del comer.
Víctor Manuel Serrano Entío. Abogado.
EL ÚLTIMO ACIERTO DEL REY
La abdicación del Rey inicia un nuevo periodo histórico. Aunque algunos quieran ver el principio del fin de la monarquía, la renuncia real no es sino un paso, el primero, para la consolidación definitiva de una monarquía moderna y duradera más allá del juancarlismo. Ya no porque Felipe VI sea el salto generacional que matice el amarillo del papel del BOE con un más moderno azul twitter, sino porque por fin tenemos dos rasgos distintivos de toda monarquía consolidada: Reina madre –permítaseme la broma- y un futuro Rey preparado, formado y solamente influido por un fructífero periodo de democracia, estabilidad y convivencia.
El Rey Juan Carlos ha actuado casi siempre con habilidad, ha sabido gestionar los tiempos y mantener la institución. Detrás de alguna metedura de pata, insignificante en términos de daño a España pero elefantísitica en cuanto a repercusión mediática, siempre había una disculpa sincera. Las revoluciones siempre surgen del suicidio de alguien, inducido o no. Sospecho que lo que quiere el Rey es la revolución de un tiempo nuevo en el que la Corona de ejemplo. Algo así como que Felipe VI sea un nuevo Rey en busca de un nuevo adolfosuarez bajo el que se abran las instituciones a la sociedad surgida de la revolución tecnológica. El noveno Borbón que abdica ha elegido un momento delicado pero oportuno, arriesgado pero estratégico, con la Corona vacilante y camino de su hora de la verdad. Cuando un anacronismo histórico e institucional se convierte en un anacronismo en bruto y sin adjetivos, saltan las alarmas. Nuestro Rey abdicante, en el que perviven valores desterrados en otros ámbitos del poder, como el sacrificio por España aprendido desde su triste niñez romana, tiene claro que su generación, que bien o mal han hecho esta España en la que vivimos (yo me inclino por el regular tirando a bien) ha acabado su ciclo de influencia. Hay que cambiar. Si ayer pedíamos la regeneración de los partidos políticos vía asalto de la generación de la EGB a los Palacios de Invierno, hoy la Revolución en la Jefatura del Estado que quieren la mayoría de los españoles es mantener la monarquía con Felipe VI al frente. No hay Pablo Iglesias ni red social que puedan con eso, le guste o no a los jóvenes republicanos de ahora, que no saben quienes eran Galán y García Hernández y ven vanguardia ideológica en cuatro tópicos leninistas fracasados hace ochenta años. Hay bastante más anacronismo histórico en la Puerta del Sol de Pablo Iglesias que en la monarquía parlamentaria.
La España de hoy empezaba a ser el cuadro goyesco de la gallina ciega y gracias a su abdicación, el Rey ha puesto a Felipe VI frente al espejo de la sociedad española en el momento oportuno, sabedor de que el Príncipe puede ser un buen Rey con la ayuda de todos. Hay una nueva generación que pide paso, que quiere tomar las riendas de su futuro, que está preparada y que no se esconde ante los nuevos retos, que sabe interpretar las claves del presente y es sensible con los problemas del país. Históricamente, a España la han gobernado siempre los mutilados supervivientes de alguna guerra, así que no hay costumbre arraigada de relevos generacionales profundos y pacíficos, que es lo que ahora nos toca. Felipe VI tiene capacidad para liderar a esa generación que con él también busca coronarse. En el sendero de los tonos ocres y azules de los Borbones, tal vez más pictóricos que históricos, el Rey siempre ha tenido claro que para que la gente respete a la Monarquía hay que hacer respetar a la persona. Felipe VI, que necesitará felipistas como su padre necesitó juancarlistas, tolera y dialoga con republicanos porque ha aprendido de su padre que no hay fe más útil que la del converso, llámese San Pablo o Felipe González. Es en la ambigüedad calculada de las monarquías parlamentarias donde está su superviviencia. El Rey reina pero no gobierna, pero este Rey que nos ha dicho adiós, cuando llegó Tejero para cambiar brutalmente la agenda de España, eligió patriotismo, dignidad y democracia, algo de lo que teníamos pocos precedentes. La renuncia de Don Juan Carlos en el ocaso de su valoración ciudadana es la renuncia a su propio marketing, consciente de que su mejor imagen hoy es la que pueda haber reflejado en su hijo. Ahora sí que podemos decir La Transición ha muerto ¡Viva la transición!; otra transición nueva, menos dramática pero igual de peligrosa, menos evidente pero igual de necesaria, una transición que ya no exige quitarse el pijama para ponerse la guerrera una noche de febrero pero que llega repleta de desafíos periféricos y daños endogámicos en el sistema. Nunca hay dos situaciones históricas iguales pero justo cuando España parecía en el final del siglo XIX ha abdicado el Rey para decirnos que contemos con Felipe VI para construir un largo trecho del XXI. En esta España de paradojas, la apertura a un cambio generacional la inicia el Rey.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
La abdicación del Rey inicia un nuevo periodo histórico. Aunque algunos quieran ver el principio del fin de la monarquía, la renuncia real no es sino un paso, el primero, para la consolidación definitiva de una monarquía moderna y duradera más allá del juancarlismo. Ya no porque Felipe VI sea el salto generacional que matice el amarillo del papel del BOE con un más moderno azul twitter, sino porque por fin tenemos dos rasgos distintivos de toda monarquía consolidada: Reina madre –permítaseme la broma- y un futuro Rey preparado, formado y solamente influido por un fructífero periodo de democracia, estabilidad y convivencia.
El Rey Juan Carlos ha actuado casi siempre con habilidad, ha sabido gestionar los tiempos y mantener la institución. Detrás de alguna metedura de pata, insignificante en términos de daño a España pero elefantísitica en cuanto a repercusión mediática, siempre había una disculpa sincera. Las revoluciones siempre surgen del suicidio de alguien, inducido o no. Sospecho que lo que quiere el Rey es la revolución de un tiempo nuevo en el que la Corona de ejemplo. Algo así como que Felipe VI sea un nuevo Rey en busca de un nuevo adolfosuarez bajo el que se abran las instituciones a la sociedad surgida de la revolución tecnológica. El noveno Borbón que abdica ha elegido un momento delicado pero oportuno, arriesgado pero estratégico, con la Corona vacilante y camino de su hora de la verdad. Cuando un anacronismo histórico e institucional se convierte en un anacronismo en bruto y sin adjetivos, saltan las alarmas. Nuestro Rey abdicante, en el que perviven valores desterrados en otros ámbitos del poder, como el sacrificio por España aprendido desde su triste niñez romana, tiene claro que su generación, que bien o mal han hecho esta España en la que vivimos (yo me inclino por el regular tirando a bien) ha acabado su ciclo de influencia. Hay que cambiar. Si ayer pedíamos la regeneración de los partidos políticos vía asalto de la generación de la EGB a los Palacios de Invierno, hoy la Revolución en la Jefatura del Estado que quieren la mayoría de los españoles es mantener la monarquía con Felipe VI al frente. No hay Pablo Iglesias ni red social que puedan con eso, le guste o no a los jóvenes republicanos de ahora, que no saben quienes eran Galán y García Hernández y ven vanguardia ideológica en cuatro tópicos leninistas fracasados hace ochenta años. Hay bastante más anacronismo histórico en la Puerta del Sol de Pablo Iglesias que en la monarquía parlamentaria.
La España de hoy empezaba a ser el cuadro goyesco de la gallina ciega y gracias a su abdicación, el Rey ha puesto a Felipe VI frente al espejo de la sociedad española en el momento oportuno, sabedor de que el Príncipe puede ser un buen Rey con la ayuda de todos. Hay una nueva generación que pide paso, que quiere tomar las riendas de su futuro, que está preparada y que no se esconde ante los nuevos retos, que sabe interpretar las claves del presente y es sensible con los problemas del país. Históricamente, a España la han gobernado siempre los mutilados supervivientes de alguna guerra, así que no hay costumbre arraigada de relevos generacionales profundos y pacíficos, que es lo que ahora nos toca. Felipe VI tiene capacidad para liderar a esa generación que con él también busca coronarse. En el sendero de los tonos ocres y azules de los Borbones, tal vez más pictóricos que históricos, el Rey siempre ha tenido claro que para que la gente respete a la Monarquía hay que hacer respetar a la persona. Felipe VI, que necesitará felipistas como su padre necesitó juancarlistas, tolera y dialoga con republicanos porque ha aprendido de su padre que no hay fe más útil que la del converso, llámese San Pablo o Felipe González. Es en la ambigüedad calculada de las monarquías parlamentarias donde está su superviviencia. El Rey reina pero no gobierna, pero este Rey que nos ha dicho adiós, cuando llegó Tejero para cambiar brutalmente la agenda de España, eligió patriotismo, dignidad y democracia, algo de lo que teníamos pocos precedentes. La renuncia de Don Juan Carlos en el ocaso de su valoración ciudadana es la renuncia a su propio marketing, consciente de que su mejor imagen hoy es la que pueda haber reflejado en su hijo. Ahora sí que podemos decir La Transición ha muerto ¡Viva la transición!; otra transición nueva, menos dramática pero igual de peligrosa, menos evidente pero igual de necesaria, una transición que ya no exige quitarse el pijama para ponerse la guerrera una noche de febrero pero que llega repleta de desafíos periféricos y daños endogámicos en el sistema. Nunca hay dos situaciones históricas iguales pero justo cuando España parecía en el final del siglo XIX ha abdicado el Rey para decirnos que contemos con Felipe VI para construir un largo trecho del XXI. En esta España de paradojas, la apertura a un cambio generacional la inicia el Rey.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
EL PIANISTA DESCONCERTADO
Rajoy no sabe cómo gestionar el éxito de su fracaso electoral. Solo Roberto Bermúdez de Castro y su olfato ya sabían lo que se les venía encima, según viene pregonando el Consejero con la contundencia de un muletazo de El Cid a toro pasado. Roberto es de esos políticos jóvenes y brillantes a los que se encorseta en los aparatos de los partidos para que no aspiren a más. El Partido Popular es desde el domingo un espectador de la política. Entre aturdido y aliviado, pero siempre inmóvil. No sabe si el futuro pasa por Pablo Iglesias II o por Ángela Merkel. Solo el hecho de gobernar va a salvar a Rajoy en el inicio de esta quema del sistema tradicional de partidos, como solo el hecho de naufragar salvó al Titanic del deshonor de un desguace. Con el cambio de partitura, Mariano Rajoy es un pianista sin banqueta. Ya dejó dicho Miguel Mihura que pianista es el que llega con el piano a cuestas y después de tocar se lleva el piano a hombros; eso sí que tiene mérito y es dominar un piano. Rajoy a hombros lleva las hombreras de sus trajes de los ochenta y un halo de silencio misterioso.
El hundimiento inmisericorde del PSOE y el éxito de Podemos no ocultan que el Partido Popular va camino del precipicio si Rajoy y el miedo a la radicalización de la izquierda no se lo remedia. Si hubiera democracia interna en los partidos, alguien se atrevería a decirlo, pero como no la hay, solo Esperanza Aguirre que es ya un ser de lejanías, que diría Umbral, se atreve a decirlo. Así, el Partido Popular, o sea Rajoy, aún no se ha enterado de que la izquierda ha arrasado en las elecciones europeas de España, ni de que su electorado no se ha quedado en casa por comodidad sino por desafección con su Gobierno. El Presidente no ve que el sistema de partidos está en jaque ni que el hartazgo ciudadano con la política va mucho más allá de la mera coyuntura económica. Ligar recuperación económica con recuperación política es ya un artificio imposible.
Lo peor de los partidos tras sus fracasos es que siempre nos vienen con la cantinela de que la ciudadanía no ha entendido el mensaje. Los fracasados son ellos pero disimulan haciéndonos creer que los lerdos somos nosotros. Rajoy va a tratar de hacer llegar mejor el mensaje con los mismos mensajeros. Pero el problema no es de mensaje; el mensaje está muy claro y los votantes del PP son listos. El problema son los hechos. El mantra de la izquierda de que los votantes del PP son elites privilegiadas sólo se lo ha creído el aparato del PP. Por eso en los sesudos análisis de la derecha española no cabe que la gente de centro derecha no haya ido a votar al PP porque los votantes del PP también ha emigrado a Alemania, no llegan a fin de mes, están fritos a impuestos y llevan nueve meses esperando un escáner en la Seguridad Social. A Rajoy le votaron los obreros y las clases medias. Por eso, yo que Rajoy no estaría tan seguro de que el centro derecha volverá a su redil si nada cambia. En España ni las súper élites ni el lumpen han hecho nunca la cultura, la economía, las costumbres, la industria o la política. A España siempre la han llevado a hombros las clases medias. El aparato y los sociólogos del PP se han creído esa falacia de que solo los ricos son de derechas cuando los ricos únicamente son de sí mismos y no hay constancia de que haya más de diez millones en España. Las élites del PP ya no creen en su ideología, no dominan la historia del país que gobiernan y tienen mal concepto de sí mismos. Si de verdad Rajoy quiere que su electorado vuelva, que abra el Partido a la democracia interna.
El único mensaje que los votantes del PP o el PSOE quieren oír es el que llegue de la regeneración abierta y democrática de sus estructuras. Y la regeneración en política la marca la fecha de nacimiento del DNI. Solo llevando la democracia a las bases de los partidos tradicionales puede de verdad regenerarse la clase política. Por poner ejemplos cercanos, no hay simpatizante del PP que no te diga con nombre y apellidos a quién querría como candidato del PP a su alcaldía, por ejemplo. Pero en los partidos siempre hay un tapón para un refresco efervescente. No habrá regeneración de la política hasta que los partidos no sean estructuras democráticas abiertas donde los mejores puedan debatir, confrontar, someterse al voto de la militancia y matar al padre. Si nada cambia a nivel interno el PP llegará al fiasco del PSOE con cuatro años de diferencia y Rajoy dejará el PP como Zapatero y Rubalcaba han dejado al PSOE.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
Rajoy no sabe cómo gestionar el éxito de su fracaso electoral. Solo Roberto Bermúdez de Castro y su olfato ya sabían lo que se les venía encima, según viene pregonando el Consejero con la contundencia de un muletazo de El Cid a toro pasado. Roberto es de esos políticos jóvenes y brillantes a los que se encorseta en los aparatos de los partidos para que no aspiren a más. El Partido Popular es desde el domingo un espectador de la política. Entre aturdido y aliviado, pero siempre inmóvil. No sabe si el futuro pasa por Pablo Iglesias II o por Ángela Merkel. Solo el hecho de gobernar va a salvar a Rajoy en el inicio de esta quema del sistema tradicional de partidos, como solo el hecho de naufragar salvó al Titanic del deshonor de un desguace. Con el cambio de partitura, Mariano Rajoy es un pianista sin banqueta. Ya dejó dicho Miguel Mihura que pianista es el que llega con el piano a cuestas y después de tocar se lleva el piano a hombros; eso sí que tiene mérito y es dominar un piano. Rajoy a hombros lleva las hombreras de sus trajes de los ochenta y un halo de silencio misterioso.
El hundimiento inmisericorde del PSOE y el éxito de Podemos no ocultan que el Partido Popular va camino del precipicio si Rajoy y el miedo a la radicalización de la izquierda no se lo remedia. Si hubiera democracia interna en los partidos, alguien se atrevería a decirlo, pero como no la hay, solo Esperanza Aguirre que es ya un ser de lejanías, que diría Umbral, se atreve a decirlo. Así, el Partido Popular, o sea Rajoy, aún no se ha enterado de que la izquierda ha arrasado en las elecciones europeas de España, ni de que su electorado no se ha quedado en casa por comodidad sino por desafección con su Gobierno. El Presidente no ve que el sistema de partidos está en jaque ni que el hartazgo ciudadano con la política va mucho más allá de la mera coyuntura económica. Ligar recuperación económica con recuperación política es ya un artificio imposible.
Lo peor de los partidos tras sus fracasos es que siempre nos vienen con la cantinela de que la ciudadanía no ha entendido el mensaje. Los fracasados son ellos pero disimulan haciéndonos creer que los lerdos somos nosotros. Rajoy va a tratar de hacer llegar mejor el mensaje con los mismos mensajeros. Pero el problema no es de mensaje; el mensaje está muy claro y los votantes del PP son listos. El problema son los hechos. El mantra de la izquierda de que los votantes del PP son elites privilegiadas sólo se lo ha creído el aparato del PP. Por eso en los sesudos análisis de la derecha española no cabe que la gente de centro derecha no haya ido a votar al PP porque los votantes del PP también ha emigrado a Alemania, no llegan a fin de mes, están fritos a impuestos y llevan nueve meses esperando un escáner en la Seguridad Social. A Rajoy le votaron los obreros y las clases medias. Por eso, yo que Rajoy no estaría tan seguro de que el centro derecha volverá a su redil si nada cambia. En España ni las súper élites ni el lumpen han hecho nunca la cultura, la economía, las costumbres, la industria o la política. A España siempre la han llevado a hombros las clases medias. El aparato y los sociólogos del PP se han creído esa falacia de que solo los ricos son de derechas cuando los ricos únicamente son de sí mismos y no hay constancia de que haya más de diez millones en España. Las élites del PP ya no creen en su ideología, no dominan la historia del país que gobiernan y tienen mal concepto de sí mismos. Si de verdad Rajoy quiere que su electorado vuelva, que abra el Partido a la democracia interna.
El único mensaje que los votantes del PP o el PSOE quieren oír es el que llegue de la regeneración abierta y democrática de sus estructuras. Y la regeneración en política la marca la fecha de nacimiento del DNI. Solo llevando la democracia a las bases de los partidos tradicionales puede de verdad regenerarse la clase política. Por poner ejemplos cercanos, no hay simpatizante del PP que no te diga con nombre y apellidos a quién querría como candidato del PP a su alcaldía, por ejemplo. Pero en los partidos siempre hay un tapón para un refresco efervescente. No habrá regeneración de la política hasta que los partidos no sean estructuras democráticas abiertas donde los mejores puedan debatir, confrontar, someterse al voto de la militancia y matar al padre. Si nada cambia a nivel interno el PP llegará al fiasco del PSOE con cuatro años de diferencia y Rajoy dejará el PP como Zapatero y Rubalcaba han dejado al PSOE.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
NADA EN EL DOMINGO
Todos los domingos de nuestra vida son un único domingo, el día en el que el vacío impregna las calles y viste nuestras obligaciones con la túnica transparente de la nada. Nuestras costumbres de domingo se repiten con la ortodoxia y la puntualidad que solo lo previsible es capaz de otorgar a nuestra vida. El único hecho diferencial de un domingo son las cuatro estaciones y la liga de fútbol profesional. Este domingo viene con elecciones europeas y resaca de Champions, que es como no venir con nada porque los goles se cantarán el sábado y los votos del domingo importan a menos de la mitad de la gente.
Hoy viernes termina la campaña electoral más artrítica, insípida, vacía y plana. Las elecciones europeas no interesaban a casi nadie y tras los debates, los mítines y los besos de los candidatos los votantes estamos más convencidos que nunca de que la nadería y la falta de ideas impregnan el sistema de partidos vigente. El desprestigio de la política entre los ciudadanos crece exponencial, como el desinterés. Creíamos que el problema era la corrupción y ahora resulta que el problema es que no hay ideas ni ganas. El problema de la política es la ausencia total de política. Un verdadero problema.
Conscientes de que nuestra obligación ciudadana pasa por ir a votar, hagamos un manual para nadar en las aguas del domingo. No conviene acudir a las urnas como San Lamberto, o sea, deambulantes y con la cabeza bajo el brazo, autovía de Huesca para arriba y para abajo. A estas elecciones europeas concurre el PP con un candidato llamado Cañete que ha demostrado sobradamente que uno puede hablar cuatro idiomas y explicarse muy mal en su lengua materna. Por el PSOE concurre la Sra. Valenciano, cuyo único argumento firme de campaña ha sido que su oponente, el políglota, es un machista. Ambos acudieron a una especie de debate en el que mientras uno leía fichas la otra hablaba sobre Aznar, tema muy europeo y de actualidad. A tenor de cómo se desenvolvieron en el debate, se intuye que la moqueta -ya sea azul Estrasburgo o rojo Ferraz- desprende algún tipo de ácaro perjudicial para la exposición y confrontación de ideas. Incluso al más alto nivel, la clase dirigente de hoy parece tener la misma clarividencia y orden expositivo que Falete con el manual de instrucciones del acelerador de partículas.
Frente a los macro partidos – y a lo que inopinadamente en España, y por ser dos, llamamos bipartidismo aunque el bipartidismo es y debe ser otra cosa- se presentan por izquierda y por derecha partidos emergentes. Emergente es UPyD, una marca al alza bajo el signo de la regeneración, y trata de emerger Vox, una marca bajo el signo de la regeneración de las esencias de la derecha de toda la vida. UPyD es Rosa Díez, que quiere regenerar la vida política tras treinta años en política viviendo de la actividad política, y Vox es Vidal Quadras que reivindica, frente a la “traición” socialdemócrata de Rajoy, las esencias del PP de Aznar. Aznar es ese señor que echó a Vidal Quadras del PP de Cataluña porque se lo pidió Jordi Pujol. Izquierda Unida se presenta a estas elecciones como un híbrido, y ha conseguido llegar al final de la campaña con predicamento entre sus votantes comunistas y con cierto aire de regeneración y modernidad. El comunismo es a la regeneración y a la modernidad lo que el molinillo de café a las nuevas tecnologías, y de ahí la habilidad de una formación que tendrá mejores resultados de los que le cacarean los encuestadores. La mayoría de las formaciones nacionalistas concurren juntas por bloques, y quieren de Estrasburgo lo mismo que de Madrid, la independencia. La ventaja del nacionalismo es que con una bandera y tres agravios tiene el trabajo hecho, y el artificio lo mismo le da para hacer apostolado por Europa que por la comunidad de propietarios. Así, todos juntos, los bloques nacionalistas evidencian a su pesar que son lo más español de la campaña.
Todos lo van a tener difícil para vencer a la abstención, porque es imposible hacer un sobre y una papeleta electoral con las cenizas de nuestra confianza. Los gurús de la sociología dicen que en España votamos a la contra. Por eso, y tras esta nefasta campaña de la nada, es muy posible que muchos más ciudadanos de los que prevén las encuestas castiguen lo que no les gusta, que hoy por hoy es más el sistema de partidos que una posición ideológica concreta. Ojo al revolcón que pueden llevarse los dos grandes y que sólo la victoria del uno sobre el otro maquillará, si es que el domingo queda maquillaje para el desaguisado. Menos mal que nos queda Portugal (Lisboa).
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
Todos los domingos de nuestra vida son un único domingo, el día en el que el vacío impregna las calles y viste nuestras obligaciones con la túnica transparente de la nada. Nuestras costumbres de domingo se repiten con la ortodoxia y la puntualidad que solo lo previsible es capaz de otorgar a nuestra vida. El único hecho diferencial de un domingo son las cuatro estaciones y la liga de fútbol profesional. Este domingo viene con elecciones europeas y resaca de Champions, que es como no venir con nada porque los goles se cantarán el sábado y los votos del domingo importan a menos de la mitad de la gente.
Hoy viernes termina la campaña electoral más artrítica, insípida, vacía y plana. Las elecciones europeas no interesaban a casi nadie y tras los debates, los mítines y los besos de los candidatos los votantes estamos más convencidos que nunca de que la nadería y la falta de ideas impregnan el sistema de partidos vigente. El desprestigio de la política entre los ciudadanos crece exponencial, como el desinterés. Creíamos que el problema era la corrupción y ahora resulta que el problema es que no hay ideas ni ganas. El problema de la política es la ausencia total de política. Un verdadero problema.
Conscientes de que nuestra obligación ciudadana pasa por ir a votar, hagamos un manual para nadar en las aguas del domingo. No conviene acudir a las urnas como San Lamberto, o sea, deambulantes y con la cabeza bajo el brazo, autovía de Huesca para arriba y para abajo. A estas elecciones europeas concurre el PP con un candidato llamado Cañete que ha demostrado sobradamente que uno puede hablar cuatro idiomas y explicarse muy mal en su lengua materna. Por el PSOE concurre la Sra. Valenciano, cuyo único argumento firme de campaña ha sido que su oponente, el políglota, es un machista. Ambos acudieron a una especie de debate en el que mientras uno leía fichas la otra hablaba sobre Aznar, tema muy europeo y de actualidad. A tenor de cómo se desenvolvieron en el debate, se intuye que la moqueta -ya sea azul Estrasburgo o rojo Ferraz- desprende algún tipo de ácaro perjudicial para la exposición y confrontación de ideas. Incluso al más alto nivel, la clase dirigente de hoy parece tener la misma clarividencia y orden expositivo que Falete con el manual de instrucciones del acelerador de partículas.
Frente a los macro partidos – y a lo que inopinadamente en España, y por ser dos, llamamos bipartidismo aunque el bipartidismo es y debe ser otra cosa- se presentan por izquierda y por derecha partidos emergentes. Emergente es UPyD, una marca al alza bajo el signo de la regeneración, y trata de emerger Vox, una marca bajo el signo de la regeneración de las esencias de la derecha de toda la vida. UPyD es Rosa Díez, que quiere regenerar la vida política tras treinta años en política viviendo de la actividad política, y Vox es Vidal Quadras que reivindica, frente a la “traición” socialdemócrata de Rajoy, las esencias del PP de Aznar. Aznar es ese señor que echó a Vidal Quadras del PP de Cataluña porque se lo pidió Jordi Pujol. Izquierda Unida se presenta a estas elecciones como un híbrido, y ha conseguido llegar al final de la campaña con predicamento entre sus votantes comunistas y con cierto aire de regeneración y modernidad. El comunismo es a la regeneración y a la modernidad lo que el molinillo de café a las nuevas tecnologías, y de ahí la habilidad de una formación que tendrá mejores resultados de los que le cacarean los encuestadores. La mayoría de las formaciones nacionalistas concurren juntas por bloques, y quieren de Estrasburgo lo mismo que de Madrid, la independencia. La ventaja del nacionalismo es que con una bandera y tres agravios tiene el trabajo hecho, y el artificio lo mismo le da para hacer apostolado por Europa que por la comunidad de propietarios. Así, todos juntos, los bloques nacionalistas evidencian a su pesar que son lo más español de la campaña.
Todos lo van a tener difícil para vencer a la abstención, porque es imposible hacer un sobre y una papeleta electoral con las cenizas de nuestra confianza. Los gurús de la sociología dicen que en España votamos a la contra. Por eso, y tras esta nefasta campaña de la nada, es muy posible que muchos más ciudadanos de los que prevén las encuestas castiguen lo que no les gusta, que hoy por hoy es más el sistema de partidos que una posición ideológica concreta. Ojo al revolcón que pueden llevarse los dos grandes y que sólo la victoria del uno sobre el otro maquillará, si es que el domingo queda maquillaje para el desaguisado. Menos mal que nos queda Portugal (Lisboa).
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
EL INDULTO
El indulto es la salida de emergencia que la sociedad deja abierta para transitar de la justicia normativa a la dignidad cuando excepcionalmente justicia, indulgencia y bien social no convergen con la aplicación estricta de la Ley. Mari Carmen tiene los huesos frágiles y una estructura corporal al borde del derrumbe. Su mirada tímida y casi estática, está perdida detrás del cristal de unas gafas tan redondas como su tristeza. La amargura se ha apoderado de su alma desde que violaron a su hija Verónica cuando tenía trece años. El peor crimen contra una adolescente. La mayor barbarie que puede cometer un hombre. Salvajes que destrozan a mujeres y niñas y a sus familias. Al violador de Verónica lo juzgaron. En un permiso penitenciario -la Ley penitenciaria es más benigna con los violadores de niñas que con los traficantes de saldo y esquina- regresó a Benejúzar y se encontró a Mari Carmen, a la que con una media sonrisa le preguntó por su hija. Mari Carmen, fuera de sí, le prendió fuego. En 2009 un tribunal condenó a Mari Carmen a 9 años de prisión. El Tribunal Supremo casó la sentencia y redujo en cuatro años una condena de la que ya ha cumplido un año. Hoy Mari Carmen está en la cárcel de Foncalent. Siempre le acompañan dos presas, probablemente madres. Hay un clamor popular nacido de un íntimo sentido de la piedad, la comprensión y la justicia casi divina que pide el indulto para esta mujer rota.
El indulto es una medida de gracia, de carácter excepcional, consistente en la remisión total o parcial de las penas de los condenados por sentencia firme. Formalmente lo otorga el Rey pero siempre a propuesta del Ministro de Justicia, previa deliberación del Consejo de Ministros. El indulto de Mari Carmen no causaría perjuicio a nadie. Es más, la sociedad, que no percibe ningún peligro en Mari Carmen, quedaría aliviada al saberse indulgente cuando ha de serlo. Han sido indultados banqueros, conductores suicidas, dos oficiales del caso Yak-42, políticos y también ciudadanos anónimos con delitos igualmente anónimos.
Alberto Ruiz Gallardón tiene hijos. Él habrá cogido a sus hijos en brazos por primera vez. Habrá tenido esa sensación de tener que hacer un cursillo acelerado sobre la vida por si el pequeño nos pregunta sobre la existencia del sol y la luna antes de saber hablar, con el primer biberón. Cuando se ama a alguien más que a uno mismo sólo buscas ser mejor. Ser padre, ser madre, es exponerse al dolor cotidiano, al sufrimiento por cosas inverosímiles. Te preocupas cuando tu hijo se queda solo en un recreo. Se sufre con la enfermedad más mocosa y menos grave. Los padres no estamos diseñados para ver sufrir a nuestros hijos. No tenemos un mecanismo mental que nos permita asimilar su sufrimiento. Basta darse una vuelta por el Museo del Prado para darse cuenta de que la mirada de una madre es siempre un cuadro de Boticcelli, una mezcla de amor, ternura y preocupación.
Indultar a Mari Carmen va más allá de cualquier consideración jurídica. Sería un acto de humanidad y de respeto por el sufrimiento humano. Sería un alivio para la víctima, que es Verónica. Mari Carmen ha sido juzgada y condenada. Nadie puede tomarse la justicia por su mano. Pero hay casos, como el de Mari Carmen, que hacen de la figura del indulto una necesidad social. No hay reinserción posible para Mari Carmen porque ella no es una asesina, simplemente tuvo la mala suerte de cruzarse con el criminal que le causó un dolor que no pudo encauzar. Si Mari Carmen viviera cien vidas en ninguna hubiese matado a nadie. Excepto al violador de su hija. Toda Mari Carmen debería tener su Fuenteovejuna. Toda Fuenteovejuna necesita indultarse.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
El indulto es la salida de emergencia que la sociedad deja abierta para transitar de la justicia normativa a la dignidad cuando excepcionalmente justicia, indulgencia y bien social no convergen con la aplicación estricta de la Ley. Mari Carmen tiene los huesos frágiles y una estructura corporal al borde del derrumbe. Su mirada tímida y casi estática, está perdida detrás del cristal de unas gafas tan redondas como su tristeza. La amargura se ha apoderado de su alma desde que violaron a su hija Verónica cuando tenía trece años. El peor crimen contra una adolescente. La mayor barbarie que puede cometer un hombre. Salvajes que destrozan a mujeres y niñas y a sus familias. Al violador de Verónica lo juzgaron. En un permiso penitenciario -la Ley penitenciaria es más benigna con los violadores de niñas que con los traficantes de saldo y esquina- regresó a Benejúzar y se encontró a Mari Carmen, a la que con una media sonrisa le preguntó por su hija. Mari Carmen, fuera de sí, le prendió fuego. En 2009 un tribunal condenó a Mari Carmen a 9 años de prisión. El Tribunal Supremo casó la sentencia y redujo en cuatro años una condena de la que ya ha cumplido un año. Hoy Mari Carmen está en la cárcel de Foncalent. Siempre le acompañan dos presas, probablemente madres. Hay un clamor popular nacido de un íntimo sentido de la piedad, la comprensión y la justicia casi divina que pide el indulto para esta mujer rota.
El indulto es una medida de gracia, de carácter excepcional, consistente en la remisión total o parcial de las penas de los condenados por sentencia firme. Formalmente lo otorga el Rey pero siempre a propuesta del Ministro de Justicia, previa deliberación del Consejo de Ministros. El indulto de Mari Carmen no causaría perjuicio a nadie. Es más, la sociedad, que no percibe ningún peligro en Mari Carmen, quedaría aliviada al saberse indulgente cuando ha de serlo. Han sido indultados banqueros, conductores suicidas, dos oficiales del caso Yak-42, políticos y también ciudadanos anónimos con delitos igualmente anónimos.
Alberto Ruiz Gallardón tiene hijos. Él habrá cogido a sus hijos en brazos por primera vez. Habrá tenido esa sensación de tener que hacer un cursillo acelerado sobre la vida por si el pequeño nos pregunta sobre la existencia del sol y la luna antes de saber hablar, con el primer biberón. Cuando se ama a alguien más que a uno mismo sólo buscas ser mejor. Ser padre, ser madre, es exponerse al dolor cotidiano, al sufrimiento por cosas inverosímiles. Te preocupas cuando tu hijo se queda solo en un recreo. Se sufre con la enfermedad más mocosa y menos grave. Los padres no estamos diseñados para ver sufrir a nuestros hijos. No tenemos un mecanismo mental que nos permita asimilar su sufrimiento. Basta darse una vuelta por el Museo del Prado para darse cuenta de que la mirada de una madre es siempre un cuadro de Boticcelli, una mezcla de amor, ternura y preocupación.
Indultar a Mari Carmen va más allá de cualquier consideración jurídica. Sería un acto de humanidad y de respeto por el sufrimiento humano. Sería un alivio para la víctima, que es Verónica. Mari Carmen ha sido juzgada y condenada. Nadie puede tomarse la justicia por su mano. Pero hay casos, como el de Mari Carmen, que hacen de la figura del indulto una necesidad social. No hay reinserción posible para Mari Carmen porque ella no es una asesina, simplemente tuvo la mala suerte de cruzarse con el criminal que le causó un dolor que no pudo encauzar. Si Mari Carmen viviera cien vidas en ninguna hubiese matado a nadie. Excepto al violador de su hija. Toda Mari Carmen debería tener su Fuenteovejuna. Toda Fuenteovejuna necesita indultarse.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
QUE VENGA GRISSOM
No conviene correr antes de empezar a andar pero son tantas las ganas que tenemos de volver a cierta recuperación económica que todo nos parece poco. Vemos indicios pero queremos pruebas. Y cuando llegan las primeras pruebas en forma de números, queremos que desaparezca la política y los políticos, de quienes no nos acabamos de fiar por su tendencia a que la realidad no les estropee un argumentario electoral. Lo que queremos es un cuerpo de forenses o que venga alguien del CSI, nos vale Grissom, con su maletín metálico, sus polvitos para las huellas dactilares y su brocha, mientras suena el "Who Are You" de The Who, y nos diga si todo concuerda al meter las muestras en la base de datos sobre el fin del abismo. Esta semana si Rajoy monta un circo a los elefantes les toca la primitiva. Sorprende que frente a un mensaje cauto y prudente pero optimista, cuando salen las mejores cifras de empleo de la serie histórica, los mejores datos sobre cotización de deuda en siete años, a dos centésimas de los de Estados Unidos, se recupera algo el consumo, la prima de riesgo ya no es un riego y vuelven a aflorar los atascos en los puentes festivos, la oposición mantenga el mismo tono pesimista de hace un año sin moverse un ápice. Niegan cierta recuperación como en Memphis se sigue negando la muerte de Elvis. Ser optimista sin pedir perdón se ha convertido en un ejercicio imprudente y nadie es capaz de gritar con júbilo que hay en un mes 133.000 parados menos sin añadir la coletilla de que las cifras de desempleo siguen siendo inasumibles; por supuesto que lo son, pero menos inasumibles cada mes. Hubo un tiempo en el que se destruyeron tres millones de empleos en tres años y ser pesimista con el futuro del país era propio de antipatriotas, cenizos, trogloditas y fascistas.
Es irónico que los mismos que no vieron la crisis no vean ahora la recuperación. Negaron la ruina y les echaron del Gobierno, así que aunque sólo sea por prudencia el Partido Socialista debería cambiar su discurso sobre el fin de la recesión. Más que nada porque si efectivamente estamos saliendo del colapso, los ciudadanos pueden percibir que lo malo del PSOE ya no es que gestione mejor o peor la economía, es que no la huele ni recién salida del horno y gratinada. Sería deseable que Elena Valenciano, una apuesta de Rubalcaba tan arriesgada como parece, hiciera un alto en el camino, una pausa valorativa, un algo que le sirviese para tomar aire e instalar prudencia en sus declaraciones. Más que nada porque negar cualquier recuperación económica puede ser peligroso por la cara de tonto que se le puede quedar a uno si, como parece, la recuperación empieza a llegar. El mensaje que pueden percibir los propios votantes socialistas es que se niega la recuperación por negarle el pan y la sal al adversario político y porque Ferraz es una dirección agotada y sin ideas. La izquierda moderada, plural y patriótica que representa el Partido Socialista, un partido de quien Zapatero dejó dicho eso de que "es el partido que más se parece a España", no puede quedarse de nuevo colgada de la brocha y sin resultar de utilidad al país por volver a caer en errores estratégicos de bulto. Sus ideas -y lo que representa un partido socialdemócrata en un sistema democrático como el español- son necesarias para empujar al país hacia delante desde el sitio que los ciudadanos elijan, bien en el Gobierno o en la oposición. El PSOE ha abandonado, incomprensiblemente, la estrategia de un partido que debe ser alternativa de Gobierno, y así no hay quien se entere de qué es lo que va a aportar a los ciudadanos si llega el crecimiento económico sin la plena recuperación del empleo, tal y como empiezan a alertar y barruntar muchos economistas. Esa situación, crecimiento sin empleo, que puede ahondar en la desigualdad social y en la situación aún muy precaria de muchas familias, es un escenario ideal para que calen las ideas y recetas de la izquierda moderada que representa el PSOE. Pero si no se reconoce la realidad del país y se actúa de espaldas a la inteligencia de los ciudadanos es imposible aportar ideas y soluciones y que alguien te las compre.
Del mismo modo que el Partido Popular quedaría en coma irreversible si mintiera sobre la recuperación, el Partido Socialista no será una alternativa de Gobierno sólida si insiste en que las cosas no han cambiado. Ha empezado a calar en los ciudadanos que la recuperación es un hecho y lo que toca es trabajar por consolidarla amparando a los más débiles y combatiendo la desigualdad. El PP debe moverse ahora bajando impuestos y el PSOE debe moverse ahora, así, en general.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
No conviene correr antes de empezar a andar pero son tantas las ganas que tenemos de volver a cierta recuperación económica que todo nos parece poco. Vemos indicios pero queremos pruebas. Y cuando llegan las primeras pruebas en forma de números, queremos que desaparezca la política y los políticos, de quienes no nos acabamos de fiar por su tendencia a que la realidad no les estropee un argumentario electoral. Lo que queremos es un cuerpo de forenses o que venga alguien del CSI, nos vale Grissom, con su maletín metálico, sus polvitos para las huellas dactilares y su brocha, mientras suena el "Who Are You" de The Who, y nos diga si todo concuerda al meter las muestras en la base de datos sobre el fin del abismo. Esta semana si Rajoy monta un circo a los elefantes les toca la primitiva. Sorprende que frente a un mensaje cauto y prudente pero optimista, cuando salen las mejores cifras de empleo de la serie histórica, los mejores datos sobre cotización de deuda en siete años, a dos centésimas de los de Estados Unidos, se recupera algo el consumo, la prima de riesgo ya no es un riego y vuelven a aflorar los atascos en los puentes festivos, la oposición mantenga el mismo tono pesimista de hace un año sin moverse un ápice. Niegan cierta recuperación como en Memphis se sigue negando la muerte de Elvis. Ser optimista sin pedir perdón se ha convertido en un ejercicio imprudente y nadie es capaz de gritar con júbilo que hay en un mes 133.000 parados menos sin añadir la coletilla de que las cifras de desempleo siguen siendo inasumibles; por supuesto que lo son, pero menos inasumibles cada mes. Hubo un tiempo en el que se destruyeron tres millones de empleos en tres años y ser pesimista con el futuro del país era propio de antipatriotas, cenizos, trogloditas y fascistas.
Es irónico que los mismos que no vieron la crisis no vean ahora la recuperación. Negaron la ruina y les echaron del Gobierno, así que aunque sólo sea por prudencia el Partido Socialista debería cambiar su discurso sobre el fin de la recesión. Más que nada porque si efectivamente estamos saliendo del colapso, los ciudadanos pueden percibir que lo malo del PSOE ya no es que gestione mejor o peor la economía, es que no la huele ni recién salida del horno y gratinada. Sería deseable que Elena Valenciano, una apuesta de Rubalcaba tan arriesgada como parece, hiciera un alto en el camino, una pausa valorativa, un algo que le sirviese para tomar aire e instalar prudencia en sus declaraciones. Más que nada porque negar cualquier recuperación económica puede ser peligroso por la cara de tonto que se le puede quedar a uno si, como parece, la recuperación empieza a llegar. El mensaje que pueden percibir los propios votantes socialistas es que se niega la recuperación por negarle el pan y la sal al adversario político y porque Ferraz es una dirección agotada y sin ideas. La izquierda moderada, plural y patriótica que representa el Partido Socialista, un partido de quien Zapatero dejó dicho eso de que "es el partido que más se parece a España", no puede quedarse de nuevo colgada de la brocha y sin resultar de utilidad al país por volver a caer en errores estratégicos de bulto. Sus ideas -y lo que representa un partido socialdemócrata en un sistema democrático como el español- son necesarias para empujar al país hacia delante desde el sitio que los ciudadanos elijan, bien en el Gobierno o en la oposición. El PSOE ha abandonado, incomprensiblemente, la estrategia de un partido que debe ser alternativa de Gobierno, y así no hay quien se entere de qué es lo que va a aportar a los ciudadanos si llega el crecimiento económico sin la plena recuperación del empleo, tal y como empiezan a alertar y barruntar muchos economistas. Esa situación, crecimiento sin empleo, que puede ahondar en la desigualdad social y en la situación aún muy precaria de muchas familias, es un escenario ideal para que calen las ideas y recetas de la izquierda moderada que representa el PSOE. Pero si no se reconoce la realidad del país y se actúa de espaldas a la inteligencia de los ciudadanos es imposible aportar ideas y soluciones y que alguien te las compre.
Del mismo modo que el Partido Popular quedaría en coma irreversible si mintiera sobre la recuperación, el Partido Socialista no será una alternativa de Gobierno sólida si insiste en que las cosas no han cambiado. Ha empezado a calar en los ciudadanos que la recuperación es un hecho y lo que toca es trabajar por consolidarla amparando a los más débiles y combatiendo la desigualdad. El PP debe moverse ahora bajando impuestos y el PSOE debe moverse ahora, así, en general.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
NÚMEROS, ROSARIOS.
El primer gran pacto de Estado que necesita España es el pacto de las matemáticas. En Aragón llevamos una racha que cada vez que nace un número muere una ilusión. Los políticos deben trabajar arduamente para tratar de alcanzar cierto grado de consenso acerca de si dos más dos son cuatro. Cuando de la ruina nace la urgencia y de la premura surge la necesidad, la política se confunde con las matemáticas en el más metafísico sentido del verbo confundir. Una vez que la matemática es política surge la inevitable lucha partidista e institucional sobre la aritmética. Montoro le afea el déficit a Rudi y la presidenta afea al Ministerio de Hacienda sus criterios matemáticos. La autonómica Cámara de Cuentas y rosarios le afea trescientos cincuenta y cinco millones de euros a Belloch y el vicealcalde Gimeno le afea a la Cámara sus verdaderas intenciones. “Una joven institución que no ha empezado bien”, dice el vicealcalde como si desde que el futbolista Raúl debutó en La Romareda algún joven más hubiera tenido la oportunidad de empezar algo bien en España. Entre tanto, los ciudadanos no tenemos manera humana de saber qué cifras son las buenas porque ni siquiera tenemos claro el enunciado del problema. Con los números ha pasado lo mismo que con las normas. Pensábamos que de toda norma nacía la Justicia, con mayúsculas, y ahora tenemos un país con dieciocho legisladores que hacen de la profesión de abogado en España la más difícil del mundo después de la de contable en Zaragoza.
Aragón es un problema matemático en la pizarra de un colegio. Conforme se van subiendo a la tarima, la administración que coge la tiza borra y cambia el resultado de la anterior. Lo mismo con el déficit que con las cifras de empleo, con manzanas o gatos, con churras o merinas, cada vez que alguien da un dato surge una hoguera. Nos hemos acostumbrado a la monstruosidad de que la dialéctica de la política es el enfrentamiento. Hasta el punto de que si uno quiere pasar por loco para eludir formar parte de un jurado o ser Presidente de mesa en las elecciones europeas le basta con proponer un pacto de Gobierno PP-PSOE. Padecemos algún tipo de patología extraña cuando no somos capaces de compartir una verdad objetiva ni a través del método científico.
El inmenso sudoku en el que nos sumergimos los ciudadanos, con cada cuadrícula de nueve por nueve en entredicho, solo genera desconfianza. Cuando las Administraciones y, lo que es aún más grave, sus mecanismos de medición y control, entran en una guerra de cifras, lo que se resiente es la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Esa desconfianza no es solo dañina en el ámbito de la economía sino que causa un grave daño en la confianza del país. Mientras los aragoneses no tengan unos referentes objetivos, claros y precisos sustentados en datos fiables e indiscutibles de hacia donde vamos y hacia donde va el conjunto de España, es imposible que recuperemos una confianza ciega en nuestras posibilidades. Una confianza que en su momento, cuando llegue que llegará, se transformará en optimismo por el futuro. En la base de esa generación de confianza está que las cifras, mejores o peores, estén bien hechas y sobretodo tengan un rigor indiscutible, tan indiscutible que cuestionarlas resulte tan patético como cuestionar el resultado de dos por dos.
Las Administraciones en Aragón necesitan una chimenea frente a la que sentarse un invierno como aquel invierno en el que Descartes empezó a discurrir frente a las brasas El Discurso del método. “Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias” era el título completo de la cosa. En Aragón los números y los interrogantes nacen de una madre en el mismo parto como si fueran hermanos mellizos. Han tenido que ser los emprendedores los que, nombrando a Ricardo Mur Presidente de la Confederación de Empresarios de Zaragoza, lancen un mensaje de renovación y frescura, rigor en el esfuerzo e inteligencia como para querer gritar que los viejos esquemas ya no sirven. Debería haber un método científico que avalara que los cuarenta es una edad perfecta para llegar a cualquier sitio. Pero el contorno del cadáver de Descartes está dibujado a tiza en la acera de los impares de una calle cualquiera.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
El primer gran pacto de Estado que necesita España es el pacto de las matemáticas. En Aragón llevamos una racha que cada vez que nace un número muere una ilusión. Los políticos deben trabajar arduamente para tratar de alcanzar cierto grado de consenso acerca de si dos más dos son cuatro. Cuando de la ruina nace la urgencia y de la premura surge la necesidad, la política se confunde con las matemáticas en el más metafísico sentido del verbo confundir. Una vez que la matemática es política surge la inevitable lucha partidista e institucional sobre la aritmética. Montoro le afea el déficit a Rudi y la presidenta afea al Ministerio de Hacienda sus criterios matemáticos. La autonómica Cámara de Cuentas y rosarios le afea trescientos cincuenta y cinco millones de euros a Belloch y el vicealcalde Gimeno le afea a la Cámara sus verdaderas intenciones. “Una joven institución que no ha empezado bien”, dice el vicealcalde como si desde que el futbolista Raúl debutó en La Romareda algún joven más hubiera tenido la oportunidad de empezar algo bien en España. Entre tanto, los ciudadanos no tenemos manera humana de saber qué cifras son las buenas porque ni siquiera tenemos claro el enunciado del problema. Con los números ha pasado lo mismo que con las normas. Pensábamos que de toda norma nacía la Justicia, con mayúsculas, y ahora tenemos un país con dieciocho legisladores que hacen de la profesión de abogado en España la más difícil del mundo después de la de contable en Zaragoza.
Aragón es un problema matemático en la pizarra de un colegio. Conforme se van subiendo a la tarima, la administración que coge la tiza borra y cambia el resultado de la anterior. Lo mismo con el déficit que con las cifras de empleo, con manzanas o gatos, con churras o merinas, cada vez que alguien da un dato surge una hoguera. Nos hemos acostumbrado a la monstruosidad de que la dialéctica de la política es el enfrentamiento. Hasta el punto de que si uno quiere pasar por loco para eludir formar parte de un jurado o ser Presidente de mesa en las elecciones europeas le basta con proponer un pacto de Gobierno PP-PSOE. Padecemos algún tipo de patología extraña cuando no somos capaces de compartir una verdad objetiva ni a través del método científico.
El inmenso sudoku en el que nos sumergimos los ciudadanos, con cada cuadrícula de nueve por nueve en entredicho, solo genera desconfianza. Cuando las Administraciones y, lo que es aún más grave, sus mecanismos de medición y control, entran en una guerra de cifras, lo que se resiente es la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Esa desconfianza no es solo dañina en el ámbito de la economía sino que causa un grave daño en la confianza del país. Mientras los aragoneses no tengan unos referentes objetivos, claros y precisos sustentados en datos fiables e indiscutibles de hacia donde vamos y hacia donde va el conjunto de España, es imposible que recuperemos una confianza ciega en nuestras posibilidades. Una confianza que en su momento, cuando llegue que llegará, se transformará en optimismo por el futuro. En la base de esa generación de confianza está que las cifras, mejores o peores, estén bien hechas y sobretodo tengan un rigor indiscutible, tan indiscutible que cuestionarlas resulte tan patético como cuestionar el resultado de dos por dos.
Las Administraciones en Aragón necesitan una chimenea frente a la que sentarse un invierno como aquel invierno en el que Descartes empezó a discurrir frente a las brasas El Discurso del método. “Discurso del método para conducir bien la propia razón y buscar la verdad en las ciencias” era el título completo de la cosa. En Aragón los números y los interrogantes nacen de una madre en el mismo parto como si fueran hermanos mellizos. Han tenido que ser los emprendedores los que, nombrando a Ricardo Mur Presidente de la Confederación de Empresarios de Zaragoza, lancen un mensaje de renovación y frescura, rigor en el esfuerzo e inteligencia como para querer gritar que los viejos esquemas ya no sirven. Debería haber un método científico que avalara que los cuarenta es una edad perfecta para llegar a cualquier sitio. Pero el contorno del cadáver de Descartes está dibujado a tiza en la acera de los impares de una calle cualquiera.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
LA MAQUETA MUDEJAR
Las encuestas son una maqueta a escala del poder político que vendrá. En Aragón queda por determinar si nos vendrá el poder que ya tenemos o el que hemos tenido. En Aragón los pactos no solo suman, también multiplican, dividen, restan y te sacan la raíz cuadrada de sesenta y siete. Antes todo estaba claro, porque lo mismo daba que daba lo mismo una suma que una división, una resta que una multiplicación; el orden de los factores no alteraba el producto y al final el resultado siempre daba José Ángel Biel, que es a la fiabilidad para estar en el ajo lo mismo que el dos es al uno más uno. Ahora que el tiempo y las circunstancias han puesto al presidente del PAR a convocar un congreso de sí mismo, las cosas ya no están tan claras. Aliaga, al que los empresarios aragoneses acuden con la fe con la que los drogadictos de los ochenta acudían a la metadona, no controla el aparato del partido ni las bases. Eso, que es un déficit para cualquier político que pretenda dirigir un partido, es aún más preocupante en el caso de un partido como el PAR, que como los camarones es todo cabeza con un cuerpo diminuto aunque dinámico. Sin Biel no les va bien ni en Teruel.
Así las cosas, la Presidenta del Gobierno y del PP -conocida y bien valorada pero quemada por tener que gestionar ruinas político económicas propias y ajenas- tendrá que buscar amigos. También el Secretario General del PSOE Javier Lambán -menos conocido y valorado pero con la frescura que da estar en la oposición frente a gobernar estos tiempos antipáticos- deberá ponerse a partir piñones con alguien. Si hiciéramos un espacio de televisión con el año que le queda a la legislatura en Aragón, la cosa podría parecerse más a “Granjero busca esposa” que a “Parlamento”. Llevamos con orgullo histórico eso de que Aragón es tierra de pactos y ahora resulta que a la fuerza ahorcan.
A Luisa Fernanda Rudi se le desgasta el partido más por la coyuntura política nacional que por otra cosa, y se le desdibuja el socio de gobierno sobre todo en las capitales. Del desgaste del PP solo podría salir airosa abriendo las puertas a una renovación generacional en su partido que, no obstante, por sí misma, resultaría insuficiente. Si la maqueta del poder que nos regaló HERALDO el día de San Jorge no cambia de arbolitos y farolas de aquí a un año, sus únicas posibilidades pasarían por reeditar el pacto con un PAR que se diluye o pactar con una formación como UPyD, que a fecha de hoy es imprevisible, a veces incluso imprevisible de sí misma. Parecido pero al revés le pasa a Javier Lambán en el PSOE. Pese a que ha impuesto una dinámica en el partido que pasa por romper con el marcelinato por lo que pueda pasar, los escándalos del pasado, aún por dirimir en el futuro, lastran sus expectativas tanto como alguna de sus carencias. Así que también aparece UPyD en el horizonte, aunque en el caso de los socialistas aragoneses todo pasa por sumar más con una IU que no crecerá tanto como se suponía y por el "laisser fait, laisser passé" de CHA, que crece pero poco.
UPyD se va a convertir en la mamá de Tarzán y en el perejil de todas las salsas sin que nadie conozca ni el talante de sus líderes ni su programa de gobierno. Ni falta que le hace, al parecer. Mucha gente le votará al partido de Rosa Díez porque está harta de la política y los políticos, y tal vez sin darse cuenta de que Díez lleva toda la vida en la política. UPyD es una marca que ha sabido vender frescura y que ha calado ya incluso en Aragón, donde somos poco amigos de experimentos. A base de votar contra la partitocracia los votantes no hacemos nada más que meter a nuevos partidos, que es como luchar contra la salmonelosis probando todas las ensaladillas en los bares. En las Cortes de Aragón, al paso que vamos, se va a poder hacer una estrella mudejar con las esquinas de las mesas de los grupos parlamentarios. Será más fácil ordenar la fila de los baños del Monegros Desert Festival que conformar una mayoría sólida.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado
Las encuestas son una maqueta a escala del poder político que vendrá. En Aragón queda por determinar si nos vendrá el poder que ya tenemos o el que hemos tenido. En Aragón los pactos no solo suman, también multiplican, dividen, restan y te sacan la raíz cuadrada de sesenta y siete. Antes todo estaba claro, porque lo mismo daba que daba lo mismo una suma que una división, una resta que una multiplicación; el orden de los factores no alteraba el producto y al final el resultado siempre daba José Ángel Biel, que es a la fiabilidad para estar en el ajo lo mismo que el dos es al uno más uno. Ahora que el tiempo y las circunstancias han puesto al presidente del PAR a convocar un congreso de sí mismo, las cosas ya no están tan claras. Aliaga, al que los empresarios aragoneses acuden con la fe con la que los drogadictos de los ochenta acudían a la metadona, no controla el aparato del partido ni las bases. Eso, que es un déficit para cualquier político que pretenda dirigir un partido, es aún más preocupante en el caso de un partido como el PAR, que como los camarones es todo cabeza con un cuerpo diminuto aunque dinámico. Sin Biel no les va bien ni en Teruel.
Así las cosas, la Presidenta del Gobierno y del PP -conocida y bien valorada pero quemada por tener que gestionar ruinas político económicas propias y ajenas- tendrá que buscar amigos. También el Secretario General del PSOE Javier Lambán -menos conocido y valorado pero con la frescura que da estar en la oposición frente a gobernar estos tiempos antipáticos- deberá ponerse a partir piñones con alguien. Si hiciéramos un espacio de televisión con el año que le queda a la legislatura en Aragón, la cosa podría parecerse más a “Granjero busca esposa” que a “Parlamento”. Llevamos con orgullo histórico eso de que Aragón es tierra de pactos y ahora resulta que a la fuerza ahorcan.
A Luisa Fernanda Rudi se le desgasta el partido más por la coyuntura política nacional que por otra cosa, y se le desdibuja el socio de gobierno sobre todo en las capitales. Del desgaste del PP solo podría salir airosa abriendo las puertas a una renovación generacional en su partido que, no obstante, por sí misma, resultaría insuficiente. Si la maqueta del poder que nos regaló HERALDO el día de San Jorge no cambia de arbolitos y farolas de aquí a un año, sus únicas posibilidades pasarían por reeditar el pacto con un PAR que se diluye o pactar con una formación como UPyD, que a fecha de hoy es imprevisible, a veces incluso imprevisible de sí misma. Parecido pero al revés le pasa a Javier Lambán en el PSOE. Pese a que ha impuesto una dinámica en el partido que pasa por romper con el marcelinato por lo que pueda pasar, los escándalos del pasado, aún por dirimir en el futuro, lastran sus expectativas tanto como alguna de sus carencias. Así que también aparece UPyD en el horizonte, aunque en el caso de los socialistas aragoneses todo pasa por sumar más con una IU que no crecerá tanto como se suponía y por el "laisser fait, laisser passé" de CHA, que crece pero poco.
UPyD se va a convertir en la mamá de Tarzán y en el perejil de todas las salsas sin que nadie conozca ni el talante de sus líderes ni su programa de gobierno. Ni falta que le hace, al parecer. Mucha gente le votará al partido de Rosa Díez porque está harta de la política y los políticos, y tal vez sin darse cuenta de que Díez lleva toda la vida en la política. UPyD es una marca que ha sabido vender frescura y que ha calado ya incluso en Aragón, donde somos poco amigos de experimentos. A base de votar contra la partitocracia los votantes no hacemos nada más que meter a nuevos partidos, que es como luchar contra la salmonelosis probando todas las ensaladillas en los bares. En las Cortes de Aragón, al paso que vamos, se va a poder hacer una estrella mudejar con las esquinas de las mesas de los grupos parlamentarios. Será más fácil ordenar la fila de los baños del Monegros Desert Festival que conformar una mayoría sólida.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado
EL DESEMPATE
La peor conclusión que podríamos sacar del paso de los tres subalternos del nacionalismo catalán pidiendo un referéndum en el Parlamento es que la cosa quedara en empate. Cierto es que las posiciones del Gobierno y de la oposición eran conocidas y chocaron contra el órdago definitivo que el nacionalismo catalán le ha lanzado al Estado de Derecho. Pero que el resultado fuera el desencuentro esperado no supone que quienes pretenden marcar goles con la mano, violando el reglamento y desobedeciendo al árbitro estén en plano de igualdad legal y dialéctica. Algunos analistas y gurús de la equidistancia -más preocupados en quedar bien con todo el mundo que en que todo el mundo quede bien- hablan de “empate histórico” entre dos posiciones antagónicas, una expresión mentirosa en cuanto al empate y aberrante en lo histórico. Ni empate ni histórico. Derrota sin paliativos del independentismo en la sede de la soberanía nacional. Lo que va de noventa a diez y de Rovira a Díez.
Estuvimos pensando durante décadas que el nacionalismo catalán era otra cosa; una ensoñación ilustrada y burguesa, más exclusiva que excluyente y con un toque “snob” muy atractivo para la Cataluña que se iba a la finca los viernes por la noche. Un nacionalismo para exhibir en las cenas con amigos a la hora de los postres y del “vi de gel” mientras el abuelo sacaba la colección de relojes de bolsillo. Nacionalismo de casino mercantil y algo pijo que conquistó también a un socialismo de niños ricos y universidad norteamericana en los ochenta. Al fin y al cabo, de la fusión de las élites con el pueblo nace la revolución.
Oyendo el martes a los tres tenores de la estelada en el Congreso, con la diputada Rovira al frente, uno se da cuenta de que esto del nacionalismo catalán tiene la misma estética agropecuaria que el resto de nacionalismos. Mucha vanguardia y mucha presunta superioridad económica pero resulta que los argumentos que se escucharon en Madrid son los mismos que ya le hemos escuchado al nacionalismo vasco, al escocés e incluso al texano, que tiene hoy a Chuck Norris haciendo de Artur Mas. El discurso del origen y el glorioso pasado como nación libre ya se lo habíamos oído a otros. El del pésimo presente por estar abrazados a España también. El del futuro tenebroso si no se conquista la independencia es un ejercicio voluntarista de adivinación. Ni siquiera es creíble que la vuelta a un origen imaginario vaya a ser el remedio para desembarazarse de su presente gris. Un presente gris del que los nacionalistas catalanes no rendirán cuentas a su pueblo mientras agiten el odio a España como causante de sus males, que son muchos.
Josep Pla nos dejó dicho que había que desconfiar del pensamiento payés y de su incapacidad para evadirse de lo que piensa y hace. La Sra. Rovira de ERC, pese a sus graves problemas de expresión en castellano, nos contó como pudo que cuando va a la puerta del colegio de sus hijos de lo que hablan las madres es de la independencia de Cataluña. No se evade ni aún a las puertas del conocimiento. El diputado Herrera intentó convencernos de que el independentismo excluyente de los ricos es en el fondo una cosa muy social y comunista, y para demostrarlo no se puso corbata. Y para seguir causando prueba de lo exigente a nivel personal que es ser nacionalista catalán, algo que se nos antoja pesadísimo, el Sr. Turull empezó con un «Soy Jordi Turull y llevo 500 años sin tener un Estado propio» que haría las delicias de cualquier reunión de hermandad estadounidense dedicada a las desintoxicaciones.
El tópico de la ilustración y moderación del nacionalismo catalán frente a otros nacionalismos más zafios, como por ejemplo el vasco, ya no se sostiene. Las personas normales cuando llevan a sus hijos al colegio procuran que lleven la nariz limpia y los deberes hechos. Al margen de su ideología o sus creencias, las personas normales ponen compartimentos estanco en su vida, y separan su vida cotidiana, su trabajo, sus aficiones, su vida familiar, sus relaciones o sus viajes sin añadir ningún mejunje a medio camino entre lo ideológico y lo visceral que embadurne toda su vida. El independentismo de pensamiento único y obsesiones unidireccionales es siempre igual a sí mismo. Está en un bucle. Son unos obsesos ininterrumpidamente. Pero de empate nada. La ley, el Estado de Derecho y el orden constitucional no empatan con la Sra. Rovira y sus amigas a la puerta de un colegio.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
La peor conclusión que podríamos sacar del paso de los tres subalternos del nacionalismo catalán pidiendo un referéndum en el Parlamento es que la cosa quedara en empate. Cierto es que las posiciones del Gobierno y de la oposición eran conocidas y chocaron contra el órdago definitivo que el nacionalismo catalán le ha lanzado al Estado de Derecho. Pero que el resultado fuera el desencuentro esperado no supone que quienes pretenden marcar goles con la mano, violando el reglamento y desobedeciendo al árbitro estén en plano de igualdad legal y dialéctica. Algunos analistas y gurús de la equidistancia -más preocupados en quedar bien con todo el mundo que en que todo el mundo quede bien- hablan de “empate histórico” entre dos posiciones antagónicas, una expresión mentirosa en cuanto al empate y aberrante en lo histórico. Ni empate ni histórico. Derrota sin paliativos del independentismo en la sede de la soberanía nacional. Lo que va de noventa a diez y de Rovira a Díez.
Estuvimos pensando durante décadas que el nacionalismo catalán era otra cosa; una ensoñación ilustrada y burguesa, más exclusiva que excluyente y con un toque “snob” muy atractivo para la Cataluña que se iba a la finca los viernes por la noche. Un nacionalismo para exhibir en las cenas con amigos a la hora de los postres y del “vi de gel” mientras el abuelo sacaba la colección de relojes de bolsillo. Nacionalismo de casino mercantil y algo pijo que conquistó también a un socialismo de niños ricos y universidad norteamericana en los ochenta. Al fin y al cabo, de la fusión de las élites con el pueblo nace la revolución.
Oyendo el martes a los tres tenores de la estelada en el Congreso, con la diputada Rovira al frente, uno se da cuenta de que esto del nacionalismo catalán tiene la misma estética agropecuaria que el resto de nacionalismos. Mucha vanguardia y mucha presunta superioridad económica pero resulta que los argumentos que se escucharon en Madrid son los mismos que ya le hemos escuchado al nacionalismo vasco, al escocés e incluso al texano, que tiene hoy a Chuck Norris haciendo de Artur Mas. El discurso del origen y el glorioso pasado como nación libre ya se lo habíamos oído a otros. El del pésimo presente por estar abrazados a España también. El del futuro tenebroso si no se conquista la independencia es un ejercicio voluntarista de adivinación. Ni siquiera es creíble que la vuelta a un origen imaginario vaya a ser el remedio para desembarazarse de su presente gris. Un presente gris del que los nacionalistas catalanes no rendirán cuentas a su pueblo mientras agiten el odio a España como causante de sus males, que son muchos.
Josep Pla nos dejó dicho que había que desconfiar del pensamiento payés y de su incapacidad para evadirse de lo que piensa y hace. La Sra. Rovira de ERC, pese a sus graves problemas de expresión en castellano, nos contó como pudo que cuando va a la puerta del colegio de sus hijos de lo que hablan las madres es de la independencia de Cataluña. No se evade ni aún a las puertas del conocimiento. El diputado Herrera intentó convencernos de que el independentismo excluyente de los ricos es en el fondo una cosa muy social y comunista, y para demostrarlo no se puso corbata. Y para seguir causando prueba de lo exigente a nivel personal que es ser nacionalista catalán, algo que se nos antoja pesadísimo, el Sr. Turull empezó con un «Soy Jordi Turull y llevo 500 años sin tener un Estado propio» que haría las delicias de cualquier reunión de hermandad estadounidense dedicada a las desintoxicaciones.
El tópico de la ilustración y moderación del nacionalismo catalán frente a otros nacionalismos más zafios, como por ejemplo el vasco, ya no se sostiene. Las personas normales cuando llevan a sus hijos al colegio procuran que lleven la nariz limpia y los deberes hechos. Al margen de su ideología o sus creencias, las personas normales ponen compartimentos estanco en su vida, y separan su vida cotidiana, su trabajo, sus aficiones, su vida familiar, sus relaciones o sus viajes sin añadir ningún mejunje a medio camino entre lo ideológico y lo visceral que embadurne toda su vida. El independentismo de pensamiento único y obsesiones unidireccionales es siempre igual a sí mismo. Está en un bucle. Son unos obsesos ininterrumpidamente. Pero de empate nada. La ley, el Estado de Derecho y el orden constitucional no empatan con la Sra. Rovira y sus amigas a la puerta de un colegio.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
EL TC Y EL DERECHO A DECIDIR
Tras la Sentencia del Tribunal Constitucional que declara inconstitucional y nulo el principio de “Soberanía” de la Declaración aprobada por el Parlamento de Cataluña, los nacionalistas catalanes, tras su enfado inicial, han lanzado una cortina de humo –vía informe de 18 folios, el papel lo aguanta todo- para convencer a la opinión de que el TC avala el concepto de “derecho a decidir” en los términos planteados por el separatismo catalán; es decir, ligado con el de la propia soberanía de Cataluña. Dicen que, por tanto, cabe la consulta del 9 de noviembre. Es rotundamente falso.
En primer lugar, la Sentencia acoge que la mera declaración de un Parlamento tiene efectos jurídicos y, por lo tanto, puede ser objeto de revisión constitucional. Había quien, de espaldas al sabio dicho de que el infierno está cargado de buenas intenciones, defendía que el TC no podía pronunciarse sobre una mera declaración. Por tanto, primer varapalo para las tesis separatistas, que pretendían que la declaración no fuese ni siquiera enjuiciada.
Entremos al fondo del asunto: declaración del reconocimiento de Cataluña como pueblo soberano. El Tribunal Constitucional es claro y su Sentencia no admite sesgadas interpretaciones cuando declara que no cabe hablar de soberanía para las nacionalidades y regiones que integran el Estado, y es incompatible con la Constitución, que de manera inequívoca proclama “la indisoluble unidad de la Nación española”. De manera sencilla, clara e irrefutable el Tribunal Constitucional le dice a las fuerzas nacionalistas catalanas que el pueblo de Cataluña no es sujeto de soberanía. Derribada la base del castillo, todos los demás naipes de la baraja secesionista se desmoronan. Segundo revolcón y definitivo: los nacionalistas no pueden proclamar la independencia sin contar con el resto del Estado. El proceso en sí diseñado por Mas con ERC para la secesión de Cataluña es nulo e inconstitucional.
El lío, artificialmente alimentado por los nacionalistas, viene por determinar si el TC deja abierta la puerta, o no, a un posible “derecho a decidir”. El Gobierno de la Generalitat, en comparecencia oficial, dice que sí, pero dice una media verdad ocultando lo fundamental. Como ocurre en otras facetas de la vida, una media verdad puede ser la peor de las mentiras. En este caso lo es: mentira y gorda. Las cláusulas segunda a novena de la propia Declaración de soberanía, con continuas referencias al “derecho a decidir” (el entrecomillado consta en la Sentencia) destacan los principios de legitimidad democrática, diálogo, y legalidad. Es decir, el propio Parlament ligó su artificioso “derecho a decidir” con el principio de legalidad. La legalidad a la que se referían los nacionalistas era la suya, una legalidad inventada y artificial, de espaldas al ordenamiento jurídico, y con base en una inexistente soberanía nacional catalana. Y la Sentencia del TC lo que dice es: señores del Parlament, ya que Uds. mismos hablan de tan nobles principios y del principio de legalidad, legalidad a la que ligan la suerte que haya de correr el derecho a decidir, sepan que dentro de esa legalidad, que es la de la Constitución Española y no otra, Uds. pueden plantear el derecho a decidir o lo que les venga en gana. Como si plantean la modificación del orden constitucional siempre que no se defienda a través de una actividad que vulnere el resto de mandatos constitucionales, y siempre que esté en el marco de los procedimientos de reforma de la Constitución.
El debate que los nacionalistas han pretendido introducir es artificial. Se basa en la falacia de contemplar que el TC avala siquiera remotamente el “derecho a decidir” cuando ni siquiera la respuesta dada constituye una novedad: es idéntica a la que el Tribunal Constitucional ya le dio a Ibarretxe en relación a su plan de secesión del País Vasco.
El fallo de la Sentencia dice literalmente: “se declara que las referencias al “derecho a decidir de los ciudadanos de Cataluña” contenidas en la Declaración aprobada por el Parlamento de Cataluña no son inconstitucionales si se interpretan en el sentido que se expone en esta Sentencia”. Al parecer, a los nacionalistas o no les llegó bien la copia o no quieren leer ese “si se interpreta… ”, que es una condición que deja bien a las claras que no existe un derecho a decidir de Cataluña sin una reforma constitucional avalada por la mayoría de la nación española, único sujeto soberano. La opción legal que deja el Tribunal es que los secesionistas catalanes vayan al Congreso de los Diputados con una mayoría y fuercen una reforma constitucional. Mientras tanto no deberían seguir engañando a sus ciudadanos con dictámenes políticos, que no jurídicos. Al menos no más de lo que ya tienen por costumbre.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
Tras la Sentencia del Tribunal Constitucional que declara inconstitucional y nulo el principio de “Soberanía” de la Declaración aprobada por el Parlamento de Cataluña, los nacionalistas catalanes, tras su enfado inicial, han lanzado una cortina de humo –vía informe de 18 folios, el papel lo aguanta todo- para convencer a la opinión de que el TC avala el concepto de “derecho a decidir” en los términos planteados por el separatismo catalán; es decir, ligado con el de la propia soberanía de Cataluña. Dicen que, por tanto, cabe la consulta del 9 de noviembre. Es rotundamente falso.
En primer lugar, la Sentencia acoge que la mera declaración de un Parlamento tiene efectos jurídicos y, por lo tanto, puede ser objeto de revisión constitucional. Había quien, de espaldas al sabio dicho de que el infierno está cargado de buenas intenciones, defendía que el TC no podía pronunciarse sobre una mera declaración. Por tanto, primer varapalo para las tesis separatistas, que pretendían que la declaración no fuese ni siquiera enjuiciada.
Entremos al fondo del asunto: declaración del reconocimiento de Cataluña como pueblo soberano. El Tribunal Constitucional es claro y su Sentencia no admite sesgadas interpretaciones cuando declara que no cabe hablar de soberanía para las nacionalidades y regiones que integran el Estado, y es incompatible con la Constitución, que de manera inequívoca proclama “la indisoluble unidad de la Nación española”. De manera sencilla, clara e irrefutable el Tribunal Constitucional le dice a las fuerzas nacionalistas catalanas que el pueblo de Cataluña no es sujeto de soberanía. Derribada la base del castillo, todos los demás naipes de la baraja secesionista se desmoronan. Segundo revolcón y definitivo: los nacionalistas no pueden proclamar la independencia sin contar con el resto del Estado. El proceso en sí diseñado por Mas con ERC para la secesión de Cataluña es nulo e inconstitucional.
El lío, artificialmente alimentado por los nacionalistas, viene por determinar si el TC deja abierta la puerta, o no, a un posible “derecho a decidir”. El Gobierno de la Generalitat, en comparecencia oficial, dice que sí, pero dice una media verdad ocultando lo fundamental. Como ocurre en otras facetas de la vida, una media verdad puede ser la peor de las mentiras. En este caso lo es: mentira y gorda. Las cláusulas segunda a novena de la propia Declaración de soberanía, con continuas referencias al “derecho a decidir” (el entrecomillado consta en la Sentencia) destacan los principios de legitimidad democrática, diálogo, y legalidad. Es decir, el propio Parlament ligó su artificioso “derecho a decidir” con el principio de legalidad. La legalidad a la que se referían los nacionalistas era la suya, una legalidad inventada y artificial, de espaldas al ordenamiento jurídico, y con base en una inexistente soberanía nacional catalana. Y la Sentencia del TC lo que dice es: señores del Parlament, ya que Uds. mismos hablan de tan nobles principios y del principio de legalidad, legalidad a la que ligan la suerte que haya de correr el derecho a decidir, sepan que dentro de esa legalidad, que es la de la Constitución Española y no otra, Uds. pueden plantear el derecho a decidir o lo que les venga en gana. Como si plantean la modificación del orden constitucional siempre que no se defienda a través de una actividad que vulnere el resto de mandatos constitucionales, y siempre que esté en el marco de los procedimientos de reforma de la Constitución.
El debate que los nacionalistas han pretendido introducir es artificial. Se basa en la falacia de contemplar que el TC avala siquiera remotamente el “derecho a decidir” cuando ni siquiera la respuesta dada constituye una novedad: es idéntica a la que el Tribunal Constitucional ya le dio a Ibarretxe en relación a su plan de secesión del País Vasco.
El fallo de la Sentencia dice literalmente: “se declara que las referencias al “derecho a decidir de los ciudadanos de Cataluña” contenidas en la Declaración aprobada por el Parlamento de Cataluña no son inconstitucionales si se interpretan en el sentido que se expone en esta Sentencia”. Al parecer, a los nacionalistas o no les llegó bien la copia o no quieren leer ese “si se interpreta… ”, que es una condición que deja bien a las claras que no existe un derecho a decidir de Cataluña sin una reforma constitucional avalada por la mayoría de la nación española, único sujeto soberano. La opción legal que deja el Tribunal es que los secesionistas catalanes vayan al Congreso de los Diputados con una mayoría y fuercen una reforma constitucional. Mientras tanto no deberían seguir engañando a sus ciudadanos con dictámenes políticos, que no jurídicos. Al menos no más de lo que ya tienen por costumbre.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
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