LA FUNDACIÓN FELIPE GONZÁLEZ
Felipe
González ha creado una fundación para el estudio de Felipe González. La fundación de Felipe González se llama Fundación Felipe González. A Felipe González se le ha ocurrido que la
persona idónea para presidir la Fundación Felipe González -desde el análisis objetivo y la reflexión serena- es Felipe González. Podría parecer que a Felipe González el ego le computa en el índice de masa corporal.
Felipe González quiere una Fundación para contextualizarse con
este siglo, que él cree que ya no es suyo.
Dicen los psiquiatras que el cerebro se protege de sí mismo a través de la desmemoria, desechando
traumas. No creo que a la Fundación Felipe González presidida por Felipe González le convenga hacer
exhaustivos estudios que nos traigan a la memoria claroscuros que el tiempo ha
dulcificado.
Antes de
ser una Fundación en sí mismo, González llegó de Suresnes con el éxito de abandonar a tiempo el
marxismo de Karl para pasarse al marxismo de Groucho. Pasar del ideal a lo
real. Felipe siempre tuvo sus principios y si no le convenían los cambiaba por otros. Ahogó a los Gobiernos de Adolfo Suárez con una oposición astuta y no exenta de cierta crueldad que dinamitó a UCD alimentando la hoguera de las vanidades del centro
derecha, una hoguera siempre viva. Se encaramó al balcón del Palace con una rosa en la mano derecha y un
alfonsoguerra en la izquierda. Después, bajada la persiana de aquel
balcón, se perdió entre pasillos, vio arañas de cristal y pisó alfombras persas. No le gustó su reflejo de pana y quiso
ser Venus frente a un espejo del Palace. Se embarcó en el Azor con el descaro de quien tenía todo el poder y hablaba de socialismo mientras el sistema
encarcelaba antimilitaristas e insumisos.
Nadie como
él ha hecho de la “real politik” una auténtica ideología. González fue el pragmatismo
desbocado, el posibilismo en estado puro. El gato no era un gato sino un camaleón -a veces blanco, a veces negro- que cazaba ratones. Su
carisma, que llegó a ser ilimitado, no ha
terminado de desvanecerse nunca entre los de su generación. Generaciones posteriores conocieron ya al Felipe González que transitó por atajos oscuros de nuestra
democracia y dejó en su esencia varias cargas
de profundidad: asesinó a Montesquieu y a la separación de poderes –cadáver que luego todos han venido rematando de cuando en
cuando por si se levanta el zombi- e instauró la perniciosa premisa de que sin
condenas judiciales firmes no existe la responsabilidad política. Cosas por las que además de una Fundación, Felipe necesitaría aplicarnos el neutralizador
de memoria de los “men in black”.
Felipe
González era en sí mismo una idea de España: la suya, pero idea de una
España al fin y al cabo. Por eso se
le enconan las cejas y se le ponen redondos sus vivos ojos chinescos cuando le mentan
la bicha de la secesión que viene por el este. Le
cuesta analizar la desafección nacional de hoy sin
enfadarse. Ahí se le echa de menos. No sé en qué momento ni por qué el PSOE se perdió en su idea de España, tanto que ha tenido que heredar Susana Díaz (al alza, ojo Carme) para poner en su sitio al propio
Rubalcaba y no hacer el primo en el Parlamento con lo del derecho a decidir. Estaríamos dispuestos a apuntarnos a la Fundación de Felipe si se volviese a encaramar al balcón de un hotel, esta vez en Barcelona, con una rosa en la mano
derecha y Alfonso Guerra en la izquierda. Es una lástima que la vida adulta haya llevado a González por caminos paralelos pero alejados de los de la política, porque con todo, su carisma es el de un animal político y su autoridad permanecerá para siempre en el socialismo español. De Felipe González a la Fundación Felipe González va lo que va de una
chaqueta de pana a un cinturón de Hermès, de Suresnes a México DF, de Carlos Marx a
Carlos Slim, de la política de las cosas a las cosas
de la política. Suerte con la Fundación, Presidente: que le limpie la memoria, le fije en este tiempo
y le de esplendor. Un exorcismo, en estos días de difuntos, que conseguiría con menos esfuerzo hablando claro sobre la idea de España que Ud. ha tenido siempre y que debería volver a tener el Partido Socialista en toda España. Larga vida.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
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