DERECHO A LA
AUTODESTRUCCIÓN
El ex ministro Corcuera dio una
patada en la puerta del PSC y después ha salido Belloch a decir que lo de los
socialistas catalanes es una traición al sentido común y a la historia reciente
del Partido Socialista. Una traición que no se entiende. La izquierda,
contrariamente a lo que publicita y al igual que la derecha, también palpita
con el sístole de la acción y el diástole de la reacción. Karl Marx, un
señorito de casa bien que descubrió la lucha de clases mientras se tiraba a las
chicas de servicio, sentó las bases para que los intelectuales ocupasen su
sitio después de que ardan las barricadas, no antes. Por eso después de un
incendiario como Corcuera siempre llega un ideólogo como Belloch que explica el
porqué del incendio. Encendido lo eléctrico (Corcuera) surge la luz (Belloch). La
deriva del socialismo catalán es digna de ser estudiada en los tratados de
psiquiatría. El ser humano atormentado tiende a la autodestrucción directa (las
vías del tren, un horno de gas) o indirecta (drogas duras o ingesta masiva de
alcohol). Los grupos humanos, atormentados con o sin causa, tienden al delirio
colectivo, y pueden acabar en cualquier extremo del bien o del mal, lo mismo
con Moisés abriendo las aguas que con Hitler abriendo el gas. Pero ¿qué es lo
que atormenta al PSC hasta el punto de que opte por la vía de la
autodestrucción?.
Cuando entre posturas claras se opta
por el filo de la navaja o se es un inteligente estratega o uno puede acabar
con más cortes que un jamón de Teruel. Las cartas están boca arriba encima de
la mesa. Todas menos las de Pere Navarro y su PSC. El nacionalismo catalán ha
optado por fin, después de cuarenta años de ambigüedades, por quitarse la careta,
y salvo Durán y su Uniò, que matizan el tono hasta la indefinición, se han
lanzado a la aventura de una Cataluña independiente. Más allá del intento independentista
de aspirar a ser una Andorra grande y libre, se agradece de los separatistas la
sinceridad y transparencia que durante tanto tiempo se les venía reclamando.
Sin embargo, el PSC ha optado por una ambigüedad mal calculada que amenaza con
llevarse por delante en Cataluña a un partido acostumbrado a ganar en Cataluña
cuando se presenta en el conjunto del Estado. A ganar cuando el PSC es el PSOE.
La ambigüedad absurda también se llama desatino. Lo que quiere Pere Navarro,
que es este señor educado que habla en voz muy bajita, que nunca explica nada y
cuya inconsistencia asusta, es que se reconozca el derecho a decidir para que
se decida no decidir nada y ya de paso que se reconozca un poco, pero no mucho,
el derecho de autodeterminación pero para no autodeterminarse. El caso es que no
escucha a quienes le han dicho que en el marco legal existente ni hay derecho a
decidir ni derecho a la autodeterminación, y que el Partido Socialista está con
la legalidad, fundamentalmente porque, desde el poder, ha conformado la
legalidad durante los veintidós años que desde 1977 hasta nuestros días ha
editado el BOE. Cuando la vieja guardia del partido Socialista, sector
industrial (Corcuera)/sector intelectual (Belloch), le recuerda que muchos
compañeros de partido han dejado su vida en defensa de la democracia y en
contra de la autodeterminación del País Vasco, el Sr. Navarro se indigna, se
pone estupendo y le sale un ramalazo intransigente para con los suyos que nunca
le hemos visto para con los independentistas catalanes.
La cosa es que si el PSOE quiere
salvarse en Cataluña debería ir pensando en escindirse. Toda amputación es
dolorosa pero su alternativa, la gangrena, es peor. El Sr. Navarro camina
directo al precipicio y su PSC hacia la marginalidad. Los socialistas necesitan
de su antigua y sólida implantación en Cataluña para ganar elecciones en el resto
de España. Sin Cataluña y Andalucía el PSOE no tiene futuro en La Moncloa. El
desastre que le viene al PSC lo vienen advirtiendo, entre otros, Felipe
González el pragmático, Corcuera el guerrero y Belloch el estratégico.
Rubalcaba está en la misma línea pero tiene que hacer equilibrios en cocina
para seguir de Master Chef sin quemarse en los fogones del Restaurante Ferraz,
así que tocar la carta y meterse con el pa amb tomaca no entra en sus planes.
Mientras la indefinición de Rubalcaba y el aletargamiento del PSOE no se lo
impidan, Navarro seguirá con la puntita nada más, proponiendo votar a ver si se
vota votar, haciendo propuestas de ley en papel de fumar y jugando a un ambiguo
derecho a decidir que no es sino el envoltorio del gran fuet de la independencia. Alguien más debería advertir a Pere Navarro
de que su derecho a decidir va a llevar al PSC al ejercicio del derecho a la
autodestrucción.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
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