UN GRAN PAÍS
En blanco
o negro, España nunca utiliza la escala de
grises. Estado de bienestar o malestar con el estado. Sin matices ni pausas ni claroscuros.
Nos refugiamos en el todo o nada, blanco o negro, porque encorsetar ideas
permite argumentos poco sofisticados y radicalizarse menor esfuerzo
intelectual. Dar pinceladas a los matices es más difícil que pegar brochazos a diestro y siniestro pero tenemos
a Velázquez a Goya a Dalí a López y a otros. Se nos ha
olvidado que España es un gran país porque ahora lo que vende es que somos una unidad de
desatino en lo universal. Como la izquierda no gobierna (por ahora) maquilla así su fracaso y como la derecha fracasa (por ahora) maquilla
así su gobierno.
A lo largo
de la semana, y en consonancia con los extremos cromáticos del país, Gobierno y oposición se han lanzado a hablar de pactos sin rotular contenidos.
Lo inconcreto del planteamiento del PSOE se contesta con un rotundo no por el
Gobierno. En Aragón, de histórica y jurídica tradición pactista, sabemos que pactar se basa en ceder para
avanzar en un objetivo común, y por eso tal vez en esta
tierra más que en otras nos chirría que se propongan pactos sin decir cómo y para qué, sin concreción ni contenido. Si el PSOE hubiese trabajado de verdad el
contenido de grandes pactos indicando qué cedería para qué alcanzar, el rechazo del
Gobierno pondría a Rajoy en un compromiso. Así, dice que no y no pasa nada.
Todo pacto
se basa en intentar conseguir un fin que redunde en el bien común estando dispuesto a sacrificar algunas de tus posiciones.
Del trazo grueso del PSOE se traduce un pacto para el empleo y contra la
pobreza, que así, planteado en abstracto, es
como plantear un pacto por las olas y el mar, y que no ha calado porque nos
acordamos del Plan E como desatino del pasado y de la destrucción de billetes de quinientos como ocurrencia del presente.
Los votantes siguen percibiendo que El PSOE tiene además un problema de liderazgo y sus propuestas de pacto nadan
en la incertidumbre por no saberse si los líderes y/o lideresas de mañana avalarían el pacto de Rubalcaba. No
sabemos ni si a Beatriz Talegón le parece chupigüay para su fiesta botellón de la democracia.
España necesita pactos. De manera evidente y con urgencia necesita
un pacto fiscal interno y armonizado con la Unión Europea, un pacto en educación y una reforma de la formación profesional que pasa por que
copiemos a los alemanes. Pero de entre todos los acuerdos el más necesario es el pacto transversal entre Administraciones
e instituciones. Un pacto de lealtad y sometimiento a la legalidad. ¿Qué otro pacto cabe en un país en el que en una Comunidad
(donde los enfermos se cambian la cama en hospitales) se envía un argumentario a sus "embajadas" para culpar
de su colapso al sur de España y justificarse ante el
mundo?.
En la
situación de emergencia que vivimos es
imprescindible que no se hable de pactos si no es con la verdadera intención de alcanzarlos. No se entiende que el Gobierno y la
oposición en su conjunto no se
planteen pactos extensos que tendrían el efecto de otorgar
confianza al país y confianza a la política, máxime con el bipartidismo en
crisis. Y es un hecho que en España percibimos con normalidad cosas que en Europa no son
normales, como que con la formación de cada nuevo Gobierno se
cambie el modelo educativo, la financiación autonómica en función de débitos parlamentarios o la estructura del poder judicial,
por poner ejemplos. Pero pactar es dibujar matices, pintar claroscuros,
combinar los grises y renunciar a utilizar solo el blanco o el negro. Pactar es
tener un objetivo necesario al alcance, y desgraciadamente por muy buena
voluntad que se le ponga no se puede pactar en abstracto contra la pobreza ni
la enfermedad o la eliminación de equipos españoles en la liga de campeones. El PSOE hoy es solo un boceto
y el Gobierno, según Esperanza Aguirre, un
trampantojo.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
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