DERECHO A DECIDIR
TODOS
Nació en la vaquería de su padre y
por eso cuando Felipe González asiste a un parto mete la mano hasta el hombro
hasta que le sale un ternero. Tomando un café en torno a Jordi Évole, fuerza
gravitatoria sin igual, le ha dicho a Artur Mas a la cara que en el caso de que
un día hubiera que decidir sobre la estructura territorial de España, tienen
que decidir todos los españoles. Y le ha lanzado a Artur Mas -y a su fingida y
autosuficiente sonrisa- una frase rebosante de sentido común que acaba con
todo: “si alguna vez hay que decidir, cosa que no deseo, yo creo que tengo
tanto derecho a decidir como el presidente Mas”. La cosa se entiende bastante
bien. Felipe González siempre ha hecho del lenguaje un arma de conocimiento o
desconocimiento, según convenga. Puede ser Demóstenes o Cantinflas y con tales
registros cuando quiere se le entiende todo.
En
contraposición a la llana claridad del ex presidente González para con el
pesadísimo asunto, a José Manuel García-Margallo le ha caído la del pulpo por
venir a decir en el Financial Times que Escocia puede celebrar una consulta
sobre su independencia si Gran Bretaña la consiente y es legal. El titular de
Exteriores aclara que España consideraría una hipotética solicitud de adhesión
escocesa a la Unión Europea si se atiene a la legalidad. Como autómatas, los
comparadores de realidades plurinacionales se han puesto a funcionar como esos
comparadores on line de seguros para el coche, y apretando el botón en lugar de
cien aseguradoras les han salido una docena de agravios basados en que se le
niega a Cataluña lo que se le consentiría a Escocia. Lo cierto es que
García-Margallo, cuya solvencia intelectual está fuera de toda duda, es más de
Deusto que de vaquería de un barrio de Sevilla, y eso no siempre es una ventaja
cuando de lo que se trata es de explicar cosas sencillas, tan fáciles como que
una parte no puede hacer lo que le de la gana en contra del todo y de la ley. Chirría
que sea el Ministro de Asuntos Exteriores el que tenga que opinar tan
abundantemente. Sería más adecuado que el Gobierno no opinase y se limite a
actuar cuando le toque. La pedagogía debería hacerla a través de su partido, si
es que existe un Partido Popular capaz de hacer pedagogía sobre algo. Puesto a
hablar el Gobierno, que lo haga el Ministro de Justicia, el de Administraciones
Públicas o el sursuncorda. Cualquiera menos el de Exteriores.
El sabiniano bulevar de los sueños rotos
está plagado de desconsolados devotos de San Agravio Independentista pero no
hay Garibaldi que cante como Chavela Vargas amarguras que no son amargas. El
independentismo escocés, el catalán, el vasco y el de Osetia del Sur sí tienen
denominadores en común. La raíz es la misma y la solución única idéntica:
dotarse de un Estado para lo que ellos llaman su nación. Las bases son
idénticas: hechos diferenciales, estuante fingimiento de agravios con engorde
artificial y, al fin, la deseada desafección para con “el invasor”. Cataluña y
Escocia se parecen como un huevo y una castaña. En Escocia para asfaltar una
carretera, sacar la basura o cerrar los bares media hora más tarde tienen que
pedir permiso a Londres. Nada hay más difícil que hacer comprender a un
nacionalista escocés todas las competencias políticas y administrativas que
tienen el País Vasco o Cataluña. David Cameron tiene cauce legal para autorizar
la consulta, lo que conjugado con el hecho de que a los británicos eso de la
construcción de una auténtica Unión Europea les da bastante igual, e incluso lo
ven con cierto grado de amenaza para sus intereses, convierten a Escocia en
algo tan distinto a Cataluña como parece y como cualquier marciano recién
aterrizado advertiría a la primera.
Dicho lo cual, haría bien
García-Margallo en abandonar los circunloquios y -ya que habla tanto- expresarse
con más claridad eliminando comparaciones: la legalidad no permite consultas en
una parte del Estado en contra de la unidad y la soberanía nacional. Felipe
González y Ud. tienen tanto derecho a decidir como el Presidente Mas. Lo dice
la madre de todas las leyes vigentes en Cataluña que se llama Constitución
Española. Todos somos iguales ante la Ley y no cuela que algunos quieran ser
más iguales que otros. Menos aún para cambiar las leyes de todos. Lo dice más
claro el hijo de un vaquero asturiano que se fue a un barrio de Sevilla: Felipe
tiene tanto derecho como Artur. Decidamos.
Víctor M. Serrano Entío. Abogado.
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