REGRESO AL FUTURO
Las
debilidades del PSOE son coyunturales y serán pasajeras si pone remedio, y estoy
lejos de creer en agoreros y anunciadores de desgracias que piensan que el PSOE
va a terminar como el PASOC griego. Las conocidas como siete plagas de Egipto,
que en realidad fueron diez, fueron a la Historia de la agricultura lo que Rodríguez
Zapatero ha sido a la Historia de la gobernación. Si el ex presidente dejó
España como la dejó, no menos iba a deshacer en su partido, un PSOE que si es
capaz de sobrevivir a diez años de zapaterismo lo será precisamente por la
fortaleza de su estructura y sus bases.
La
enfermedad del PSOE es la enfermedad de España, su causa y sus síntomas son
idénticos. La España democrática, sus virtudes y defectos, no puede entenderse
sin el PSOE. España es un país débil hoy por una evidente falta de identidad y
compromiso nacional. El PSOE no tiene a fecha de hoy identidad y su compromiso
con la Nación está desenfocado en un caleidoscopio. Mantiene discursos distintos
en cada Comunidad en cualquier tema. Entre un socialista catalán y un
socialista andaluz hay más diferencias ideológicas y orgánicas que entre el PP
e Izquierda Unida en Extremadura. Y no me refiero sólo a las identitarias. Zapatero
hizo del posibilismo fácil su única forma de gobernar. No sabía de ninguna otra
porque su repentino patrocinio le puso a navegar en aguas tranquilas y fue
dejándose llevar. Pero las aguas se volvieron procelosas y llegó la deriva, y
en la tormenta se vieron las deficiencias ideológicas e intelectuales del
personaje. El PSOE ha sido dirigido,
como lo fue España, desde la ociosa comodidad de tomar decisiones simpáticas
para todo aquel que las pidiese, llegando incluso a anteponer intereses
particulares al bien común del partido. Así, atendiendo a poderes locales y
territoriales tal vez legítimos pero incompatibles también para un partido de
estructura federal, el PSOE se ha convertido en un Partido irreconocible en su
discurso para con España.
La
única posibilidad que tiene el PSOE hoy es volver a ser un partido nacional que crea de verdad en
España como proyecto común y necesario. Recuperar en Galicia, País Vasco o
Cataluña su mensaje nacional. Actualizar su visión de España como una nación
plural e incluso variopinta, pero común e indivisible, y retomar la senda de la
sensatez territorial. De lo contrario, la izquierda más radical y antisistema se
la comerá por babor incendiada por una crisis que la ha puesto en el candelero
en toda Europa, y el espacio de centro o dejará de ir a las urnas o acabará en
brazos del PP precisamente en la idea de que al menos tiene una idea de España.
Se habla de renovar con caras nuevas pero no es menos cierto que el PSOE tiene
que tirar de líderes nacionales cuasi históricos como referencia sólida desde la
que emprender un nuevo rumbo. Recuperar ideas y formas de líderes que no
gobernaron en su día a ritmo de ocurrencias y electoralismo barato, que no
vieron a la nación española como un concepto discutido y discutible y que
supieron compaginar el interés nacional con el de partido. La fortaleza de la
democracia es la fortaleza de sus partidos.
Víctor
Manuel Serrano Entío.
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