EL GIN TONIC QUE
SABÍA A MADALENA
Como casi
todas las cosas excelsas de la vida, como todo aquello que se sale de la norma
para mejorarla y que rompe con el arbitrio de la vulgaridad, la selección
española de fútbol es la madalena de Proust “En busca del tiempo perdido”.
La
selección, la roja, o sea, la España de balompié futbolera, artista,
bullanguera y colorista, discurre del Cabo de Gata hasta Finisterre por el
camino de Swann, y su inteligencia, su estilo y su plasticidad nos hacen comernos
en cada partido esa madalena de la infancia imperecedera e inmortal cuyo sabor,
textura y aroma es nuestra niñez misma; pero la espléndida niñez tamizada por
la dulzura de la memoria, pasados y olvidados los ratos amargos que vivimos en
torno al zigzagueante despropósito de Cardeñosa, las frágiles manos de “Arcomanta”, el no
siempre eficaz culo de Julio Salinas o la sangrante, agredida y mancillada
nariz de Luis Enrique.
La España
futbolística, la que alegra a todo un país al que hace sentirse nación, concepto
discutido y discutible según los estúpidos, no sólo nos hace olvidar los malos
momentos de la vida sino que tiene el inmenso don de trastocar la realidad,
transformarla y amoldar nuestros sueños a lo que nos de la gana.
Por eso
anoche, acabado el partido, sofocados los gritos, los cánticos e incluso los
alaridos, abrazados todos, España olía y
sabía a madalena de la infancia, sin los sinsabores del pasado y con un aroma repleto de
futuro. La Ginebra del Gin Tonic era de “La Bella Easo” y los chicos del equipo
hicieron que una nación se sintiera orgullosa de sus jóvenes, mucho mejores que
los no tan jóvenes, mientras el alma de las ciudades, ese concepto tan baudeleriano, sonreía en rojo y
amarillo, invadida de felicidad y de espaldas a esos cenizos que piensan que el
fútbol, o cualquier otra cosa que haga feliz a la gente desde la estética, no
sirven para nada, y cuyo esnobismo sólo compite con su pedantería.
Parafraseando
a Fran Echeve, soldado en la trinchera de lo inmediato, “cuando veo jugar a
Andrés Iniesta siento algo parecido a si Charlize Theron se empezara a poner
mimosa conmigo”. Y España entera huele a madalena proustiana y sensorial que dulcifica
nuestra memoria mientras Casillas sigue por siempre en los altares de la
Historia parando lo que nos amenaza y mientras el capote de Talavante dibuja verónicas en las manos de Sergio Ramos y le dice
al mundo desde Kiev que España, también en lo futbolístico, es ya eterna e inmortal.
Víctor
Manuel Serrano Entío.
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