EL
GOBIERNO COMUNICA COMO LOS TELÉFONOS
Si bien es pronto para hacer
balance de lo que no son sino los primeros balbuceos del recién nacido
Gobierno, no es menos cierto que en estos primeros días ya podemos encontrar un
punto en común entre la gobernanza del país que lleva Rajoy y la que en su día
hizo Aznar. Por la enrevesada escalinata de la comunicación gubernamental
bajan, cogidos de la mano, de traspiés en traspiés, dos maneras de ineficacia
comunicativa que se basan en lo mismo: el líder no desciende a terrenos
farragosos y deja a valiosos miembros del Gobierno a los pies de los caballos.
Salvando las enormes distancias
entre la brillante Soraya y Miguel Ángel Rodríguez, que es comparar un huevo
con una castaña, la impresión es que este Gobierno tampoco comunica. Tras ocho
años de oposición, en los que durante los cuatro primeros Rajoy no veía luz al
final de un largo túnel pero en los que desde 2009 hasta hoy se veía clara la
posibilidad de que fuese Presidente del Gobierno, en Génova 13 el estudio de la
comunicación social sigue siendo la asignatura que siempre queda para un
septiembre por venir. Yo no sé si en el modelo básico de comunicación propuesto
por Laswell o desde la Psicología Social
de la Comunicación, la teoría de la construcción del temario, conocida como ‘Agenda
Setting’, o la Espiral del Silencio podrían tener remedio los sempiternos
desastres comunicativos de un centro derecha que cuando gobierna, hágalo mejor
o peor, lleva la agenda al tran-tran. Pero por muy científicos que nos pongamos
o por muchas agencias, medios, discursos de sesudos politólogos o brillantes
informes que acudan en socorro del Gobierno y de explicar sus medidas, todo
estará cojo hasta que no lleguemos al terreno de la más pura lógica: Que sea
Mariano Rajoy, vencedor de las elecciones por mayoría absoluta y Presidente de
un Gobierno obligado a tomar medidas impopulares, quien revestido de autoridad
y potestad dé un paso al frente y explique a los ciudadanos qué se hace y por
qué se hace.
Un Estado de Derecho es un Estado
de opinión. Decía Claudio Sánchez Albornoz que en España, como en todas partes,
la política la han hecho los hombres y no las teorías, que son limitadas y, en
general, de dudosa aplicación. La política del Gobierno de España en este
primer semestre del año, como nunca antes, debe estar capitaneada y fiscalizada
por el Presidente del Gobierno. Y es él quien debe dar las claves de sus
decisiones, y establecer a través de su Gabinete qué información se da a los ciudadanos
para que puedan entender mejor las mediadas propuestas. Establecer una retahíla
de medidas que todos sabemos que se basan en el sacrificio sin explicarlas antes, durante y después es simplemente
suicida.
Cuando en
su Discurso a la Cámara de los Comunes de 1940 Churchill pronunció el célebre y
tantas veces en estos tempos aludido discurso del sangre, sudor y lágrimas y
aquello de que “En este tiempo me siento autorizado para reclamar la ayuda de
todas las personas y decir: Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras
fuerzas unidas” el valor de sus palabras no estaba en un discurso que plagió a
Garibaldi, sino en que quien pronunció esas palabras era quien había sido
elegido por sus compatriotas para pilotar esos tiempos tan difíciles. Si el
discurso lo hubiera leído el subsecretario de prensa o el Ministro de la cosa,
hoy no recordaríamos ni la sangre, ni el sudor ni las lágrimas. Debe Mariano
Rajoy bajar a luchar en las playas.
Víctor M. Serrano Entío
Abogado
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